Los primeros hallazgos del trabajo de cooperación con el Banco Africano de Desarrollo para el desarrollo de sistemas agrícolas sustentables en África.

Aapresid desembarcó en Guinea

Guinea es uno de los países que participa del programa el Banco Africano de Desarrollo (AfDB) en el que Aapresid colabora desde hace dos años aportando su “savoir-faire” (saber hacer) para la adaptación de sistemas basados en siembra directa orientados a transformar la agricultura de la sabana africana.

Así, desde de junio pasado Guinea recibe el acompañamiento de nuestros técnicos para la puesta en marcha de los cultivos en tres localidades de la región de Alta Guinea. El trabajo se enfocó en los cultivos de maíz y soja, elegidos no sólo por su relevancia agronómica sino también por las oportunidades para el agregado de valor que ambos ofrecen.

Una primera etapa consistió en la identificación de las principales limitantes de los sistemas de producción, que en Guinea, se vinculan a problemáticas agroecológicas, presupuestarias y de  infraestructura. Luego, el proyecto apunta a analizar experiencias realizadas en otras regiones e identificar soluciones disponibles para, finalmente, evaluar su posible adaptación al contexto local.

En lo agronómico, una de las limitantes más importantes se encuentra en los suelos, los cuales se caracterizan por una elevada acidez, baja fertilidad y susceptibilidad a la erosión hídrica.

En cuanto al clima, Guinea tiene las características de todo clima tropical, con una estación seca muy marcada que puede llegar a extenderse hasta 6 u 8 meses y durante la cual las precipitaciones son prácticamente nulas. A ésta le sigue una estación húmeda, con lluvias que pueden alcanzar los 1700 mm anuales. Las temperaturas son elevadas (26°C a 28°C de media anual), mientras que heliofania es constante y alcanza un promedio anual que ronda las 9,3 horas.

A lo anterior se suma la falta de infraestructura vial que dificulta el tránsito de camiones y maquinarias a los centros urbanos, la dependencia de insumos importados, el escaso mejoramiento y desarrollo genético de los cultivos y la deficiencia de los mercados (en especial para soja y maíz).

 

La propuesta agronómica

La elección de cultivares a sembrar fue todo un desafío, no sólo por el contexto climático sino también por la genética e información disponibles. Los híbridos y variedades resistentes a herbicidas o insectos no están accesibles y la oferta genética en la región se basa en introducciones de larga data, con poca información sobre su comportamiento local.

Una de las mayores apuestas del proyecto para hacer frente a esta problemática vino de mano de INTA, junto a quien se trabajó en la simulación de cultivos vía modelos para poder precisar los mejores ciclos de madurez y fechas de siembra, así como para estimar fechas de cosecha. Algunas de las hipótesis surgidas de las simulaciones han permitido traer a la mesa de discusión con los expertos locales temas claves a la hora de planificar próximas campañas, como por ejemplo la mejor fecha de siembra para soja.

Otro de los ejes de la propuesta busca hacer frente a las limitaciones en el sistema suelo. Las problemáticas de acides, fertilidad y erosión plantearon como primera necesidad la integración de diversas herramientas de nutrición y el diseño de estrategias de largo plazo, bajo la premisa de que ninguna nutrición equilibrada es posible con planes que sólo se enfocan en el presente. La aplicación de enmiendas y la inoculación de leguminosas fueron algunas de las opciones propuestas. De la misma manera, la siembra directa combinada con rotaciones y cultivos de servicios se presentan como alternativas para reducir la susceptibilidad de los suelos a la erosión y mejorar el balance del C.

La incorporación de la siembra directa es otro de los grandes desafíos, ya que si bien la mecanización de la agricultura es un proceso ya en marcha, el mismo se concentra en arroz, su principal cultivo, y en las operaciones de labranza (cuando éstas no se realizan con equipos de “tracción a sangre”). El rol de la siembra directa será también clave en la reducción de las horas de trabajo y en el crecimiento en escala.

De cara a lo que viene, la iniciativa no sólo requerirá del conocimiento técnico que Aapresid pueda aportar, sino también de la experiencia de la institución en la generación de vínculos y la construcción de redes.