Juan Carlos Cotella habla de su visión de la Agricultura Sustentable Certificada (ASC) como herramienta clave para evolucionar de productores a empresarios agropecuarios.

Certificaciones en el agro: el camino necesario

Juan Carlos Cotella cuenta con la certificación ASC tanto en sus campos propios como en los que alquila en Santiago del Estero y Chaco.

El camino comenzó el día en que tomó conciencia de los riesgos a los que estaba expuesto su personal: soldadoras despidiendo chispas sobre el rastrojo seco, operarios haciendo malabares sobre la toma fuerza del tractor en funcionamiento y manipulación de fitosanitarios sin guantes. Allí entendió sobre la importancia de formarse – y formar a su equipo – en primeros auxilios y atención de urgencias en contextos difíciles, como los que muchas veces ofrece el campo santiagueño.

Entre ese momento y la certificación necesitó de un tiempo de implementación para organizar la información, actualizar la legislación, ajustar las buenas prácticas, redactar procedimientos y registros. Pero el tiempo invertido rinde sus frutos.

En primer lugar, la certificación permitió dinamizar la interacción con el contexto local, convirtiéndose en una herramienta para identificar necesidades. En el caso de los campos que Cotella trabaja en Sachayoj (Santiago del Estero), la llegada del agua de consumo a los empleados depende del aguatero y de la ‘buena voluntad’ del comisionado local; la falta de cajeros automáticos obliga a los empleados a entregar su tarjeta a un comisionista para poder retirar sus salarios. La certificación no sólo puso en evidencia estas cuestiones sino que además brindó un marco de acción para estructurar y llevar adelante procesos de mejora.

Esta dinámica de interacción se traslada a instituciones del sector. Así, gracias a un convenio con entidades públicas, hoy Cotella se anima a analizar parámetros de sustentabilidad complementarios – como estudios de impacto de las aplicaciones sobre poblaciones de abejas -, desarrollar protocolos para monitorear cortinas forestales y biodiversidad. Actualmente la empresa se prepara para encarar su primer Reporte de Responsabilidad Social Empresaria.

Pero más allá de estas cuestiones, Cotella entiende la certificación como parte del camino a recorrer en la evolución de ‘productores’ a empresarios agropecuarios. La certificación pone en evidencia carencias a nivel de política pública y abre la posibilidad para empezar a tomar protagonismo en instancias de debate y ámbitos de decisión. En otras palabras, permite al sector intervenir y participar en la construcción de políticas públicas sin esperar a que sean otros quienes decidan el camino a tomar y las restricciones o “varas” a imponer.  

En cuanto a los tan aclamados beneficios, Cotella destaca el rol de la certificación como primer paso para identificar costos ocultos. Por ejemplo, dimensionar el consumo anual de combustible de la bomba de agua (cerca de 5.000 lt de gasoil/año) fue lo que condujo a la instalación de paneles solares. En el mismo camino, la sistematización y edificación de represas permitió la acumulación de agua de lluvia que hoy se utiliza para las aplicaciones fitosanitarias en reemplazo del agua de pozo. Esto se traduce en ahorros de 1 a 1.5 USD/ha en gastos de correctores de pH y coadyuvantes necesarios para mejorar su calidad.

En cuanto a perspectivas, el empresario – que se encuentra próximo a vender sus primeras obligaciones negociables verdes – asegura que la demanda de materias primas certificadas por parte de la agroindustria ya no se limita a algunas specialities y que la misma no está siendo cubierta por el sector productivo. Esto sin dudas representa una oportunidad interesante de la que podrán sacar mayor provecho quienes ya vengan transitando el camino de los estándares de sustentabilidad.

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