La modificación de la fecha de siembra del cultivo altera la combinación de dichas variables ambientales a lo largo de toda su estación de crecimiento. Tales factores tienen una marcada influencia sobre el desarrollo y crecimiento del cultivo y sobre su rendimiento.

En toda la región maicera argentina, los niveles de radiación solar, los registros térmicos y la longitud del día varían marcadamente a lo largo del año.  Entonces, la modificación de la fecha de siembra del cultivo altera la combinación de dichas variables ambientales a lo largo de toda su estación de crecimiento. Tales factores tienen una marcada influencia sobre el desarrollo y crecimiento del cultivo y sobre su rendimiento.

La comprensión de la respuesta del cultivo de maíz a la variación en la fecha de siembra resulta de utilidad para estimar los efectos de demoras planificadas o retrasos imprevistos y tomar decisiones tendientes a aumentar y estabilizar la producción y a mejorar su eficiencia.

Además, en gran parte de la región pampeana es posible la instalación de un maíz de segunda, es decir, un cultivo detrás de otro cultivo de crecimiento inverno-primaveral en la misma campaña agrícola. Por ello, es conveniente hacer algunas consideraciones sobre estos maíces de segunda que permitan orientar decisiones de manejo.

La intención de este artículo es presentar algunos elementos que contribuyan a conformar criterios para el ajuste del manejo en función del momento de siembra del maíz con el fin de mejorar su rendimiento.

Fecha de siembra y crecimiento del cultivo

El rendimiento depende de la capacidad de crecimiento del cultivo y de la fracción de ese crecimiento que destina a la producción de granos (índice de cosecha). El crecimiento resulta del aprovechamiento de la luz solar en la fabricación de los componentes constituyentes y funcionales de los distintos órganos de la planta. Por lo tanto, está directamente relacionado con la capacidad del canopeo para capturar la luz incidente. Las consecuencias de la modificación del momento de implantación del cultivo sobre su crecimiento resultan de la incidencia de la temperatura, la radiación y el fotoperíodo sobre su fenología, el desarrollo del área foliar y la acumulación de materia seca.

Cuando la siembra se retrasa, las mayores temperaturas que experimenta el cultivo durante sus etapas iniciales de crecimiento provocan la aceleración de su desarrollo fenológico, acortándose el período entre la siembra y la floración. El retraso de la siembra de maíz también expone a la planta a fotoperíodos más largos durante su etapa fotosensible (de cuatro a ocho días previos a la inducción de su ápice). Si bien los días largos demoran la inducción del ápice, la iniciación de la panoja se anticipa en siembras tardías debido al efecto térmico prevaleciente que acelera el desarrollo. Por otro lado, la magnitud de la respuesta fotoperiódica depende de la sensibilidad del genotipo y, en general, los híbridos adaptados a ambientes templados, como nuestra región maicera, presentan escasa sensibilidad fotoperiódica.

rendimiento fecha de siembra

Al atrasar la siembra, las mayores temperaturas aceleran la velocidad de aparición de hojas. El aumento en la velocidad de emergencia y despliegue de las hojas determina el rápido establecimiento de un canopeo eficiente en capturar la luz solar. Este efecto, sumado a los niveles crecientes de radiación solar incidente hacia el verano, le permite a las siembras tardías acumular una cantidad de radiación interceptada hasta la floración semejante a la de las siembras tempranas, a pesar del menor número de días transcurridos.

Las mayores temperaturas durante la fase vegetativa que experimentan las siembras tardías favorecen una alta eficiencia de conversión de luz en crecimiento, acumulando generalmente más biomasa al momento de floración que las siembras tempranas (plantas más altas y pesadas). Sin embargo, cuando se demora la siembra los niveles de radiación solar incidente durante la etapa posterior a la floración decaen progresivamente al avanzar la estación, que se acentúa cuanto mayor es la latitud de la localidad y más se retrasa la siembra, reduciendo la producción de biomasa.

En conclusión, las siembras tardías generan altas tasas de crecimiento del cultivo durante la etapa vegetativa, pero bajas en el período reproductivo posterior a la floración. Por lo tanto, las siembras tardías favorecen el crecimiento vegetativo mientras que las siembras tempranas favorecen el crecimiento reproductivo, a juzgar por la biomasa acumulada antes y después de la floración. En consecuencia, los índices de cosecha serán superiores en las siembras tempranas.

El rendimiento en siembras tempranas

Las siembras tempranas presentan los máximos potenciales de producción. Cuando las limitantes hídricas, nutricionales y sanitarias son controladas, la radiación y la temperatura pasan a ser decisivas para el crecimiento a través de su incidencia en la producción fotosintética de asimilados en la planta. Durante la floración, las siembras tempranas le permiten al cultivo el aprovechamiento de los altos niveles de radiación incidente de diciembre y principios del verano, con elevadas amplitudes térmicas, condiciones favorables para el crecimiento del cultivo y la fijación de un alto número de granos. Junto también a un mayor peso de los granos ya que el llenado de granos tiene lugar en momentos de alta radiación solar y buenas temperaturas para la producción de asimilados en la planta, favoreciendo el peso final.

Por otro lado, los cultivos de maíz sembrados tempranamente alcanzan su madurez fisiológica bajo condiciones ambientales favorables para una rápida pérdida de humedad del grano, reduciendo los gastos de secado artificial en su comercialización. Además, al adelantar la cosecha, se evitan los inconvenientes por demora de la misma en otoños húmedos.

Maíces tardíos

Las siembras tardías fijan menos granos ya que durante la floración los niveles de radiación incidente declinan respecto de los de las siembras tempranas, con elevadas temperaturas y menores amplitudes térmicas. Además, los granos en siembra tardías pesan menos ya que el llenado ocurre en momentos de radiación solar y temperatura desfavorables para la producción fotosintética en la planta, limitando la fuente de asimilados.

Desde la floración en adelante, la caída progresiva en los niveles de radiación incidente diaria en las siembras tardías es más marcada cuanto mayor es la latitud del lugar, acortando la estación de crecimiento para el maíz, y las mermas en rendimiento por retraso de la siembra se hacen más pronunciadas. Mientras que en Pergamino cada demora de un mes en la siembra, entre mediados de setiembre y de enero, produce mermas promedio de 0, 0.6, 1 y 1.3 quintales ha–1 por día de retraso, en Balcarce fueron de 0.2, 1.3, 1.4 y 1.6 quintales ha–1, respectivamente.

Dado que la densidad óptima para un cultivo de maíz varía de acuerdo a la oferta de recursos (de clima y de suelo, naturales o agregados), reduciéndose a medida que empeoran las condiciones de crecimiento, las siembras tardías están asociadas con una menor tolerancia a altas densidades. Entonces, resultará conveniente ser cauteloso al decidir la cantidad de plantas a lograr para evitar excesos que reducirán aún más su productividad. Atendiendo a esto y a las diferencias mencionadas para Pergamino respecto de Balcarce, las consecuencias de una alta densidad sobre el rendimiento de maíces tardíos resultaron menos notables en la primera de esas localidades.

Por su parte, al final del ciclo del cultivo las condiciones climáticas del otoño resultan predisponentes para la aparición de los patógenos que provocan la podredumbre de la base del tallo, afectando el rendimiento en grano de la planta y disminuyendo la resistencia estructural de la caña, con el consiguiente vuelco de la planta. La baja disponibilidad de fuente de asimilados para el llenado de los granos en siembras tardías promueve la removilización de reservas desde la caña, lo que también favorece la incidencia de la enfermedad.

En consecuencia, el retraso de la siembra provoca una mayor presencia de plantas quebradas o volcadas en el cultivo al momento de la cosecha mecánica, aumentando la pérdida de granos en la recolección y disminuyendo más aún el rendimiento cosechado. Las mayores alturas de las plantas y de la inserción de las espigas en las siembras tardías son factores adicionales que favorecen el vuelco y quebrado.

Maíz de segunda

Los efectos negativos del desplazamiento de la floración y el llenado de los granos con el retraso de la siembra hacia momentos menos favorables serán mayores cuanto más largo sea el ciclo del híbrido empleado. En este sentido, el manejo de la densidad de plantas junto a la elección del ciclo del híbrido son dos prácticas que resultarán necesarias ajustar conjuntamente en siembras de segunda. Maíces de segunda muy tardíos en Pergamino los híbridos de ciclo muy largo rindieron menos, especialmente con la densidad más elevada.

En cambio, cuando la siembra no se demoró mucho más allá de principios de año, los rendimientos obtenidos no mostraron grandes diferencias entre precocidades ni entre densidades. En Balcarce, en cambio, los híbridos precoces rindieron 24% más respecto a los más largos en siembras de diciembre cuando no existieron limitantes hídricas ni nutricionales. Cabe destacar aquí que lo ocurrencia de eventuales episodios de sequía harán variar las respuestas relativas al retraso de la siembra en función de su duración e intensidad y de su oportunidad de ocurrencia, en relación al ciclo de los híbridos y al grado de compromiso de la etapa crítica de la floración de cada uno de ellos en esos episodios de sequía.

Dada la menor expectativa de rendimiento en maíces de segunda, la anticipación de su siembra resulta una práctica conveniente al permitir adelantar las etapas críticas del cultivo a momentos menos comprometidos.

Si bien los rendimientos esperables de los maíces de segunda en la zona núcleo maicera son alentadores, especialmente en siembras anticipadas, existen aspectos desfavorables que es necesario resaltar. Por un lado, las siembras de segunda encuentran ambientes poco favorables para el secado natural del grano en la planta, obligando al gasto del secado artificial. Además, las siembras tardías están expuestas a una mayor incidencia de plagas y enfermedades. El barrenador del tallo en maíz, cuyas poblaciones de adultos y el número de larvas por planta aumentan significativamente hacia el verano, produce importantes reducciones en el rendimiento al entorpecer la traslocación de asimilados en la caña hacia los granos. En siembras de segunda, un cuidadoso control con insecticidas o el empleo de híbridos con gen Bt introducido por transgénesis resultarán indispensables.

Conclusiones

Las siembras tempranas de maíz presentan los máximos potenciales de producción mientras no ocurran deficiencias hídricas severas en su floración, debido a que aprovechan las mejores condiciones ambientales para el crecimiento del cultivo, la fijación de un alto número de granos y la producción de asimilados en la planta para abastecer el llenado de los granos. El retraso de la siembra limita los rendimientos alcanzables y sus efectos negativos son mayores cuanto mayor es la latitud, como consecuencia del rápido deterioro de las condiciones ambientales a medida que avanza la estación. Acortar el largo del ciclo del cultivo en siembras de segunda con la elección de híbridos más precoces resultará beneficioso al sur de la región maicera pero no en la zona central, excepto en siembras muy demoradas donde los ciclos intermedios superan a los más largos.

Habrá que reducir la densidad para evitar importantes mermas de rendimiento cuando se demora la siembra, especialmente en las mayores latitudes. En todos los casos, las complicaciones sanitarias de los maíces de segunda deberán ser tenidas seriamente en cuenta al decidir su siembra.

Ing. Agr. (M. Sc.; Dr.) Alfredo G. Cirilo
EEA Pergamino
INTA

Fuente:

http://www.agritotal.com/0/vnc/nota.vnc?id=como-afecta-el-rendimiento-la-fecha-de-siembra