¿Cómo estamos rotando?

Junto a S4Agtech medimos parámetros de calidad de rotaciones a través de imágenes satélitales. Los resultados encienden la alarma en algunas regiones.   

Según el IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change) la agricultura es responsable del 10 al 12% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEIs). Pero a la vez su rol en el secuestro de C bajo la forma de carbono orgánico del suelo (COS) se destaca como una de las estrategias más promisorias para reducir las emisiones y mitigar el cambio climático. De hecho, la iniciativa europea 4×1000 afirma que aumentos anuales del 0,4%  en el C del suelo permitirían frenar significativamente el incremento de CO2 en la atmósfera.

La siembra directa es reconocida internacionalmente como aliada para el logro de estos objetivos. Sin embargo, su adopción masiva en nuestro país (según el informe de la superficie bajo SD de Aapresid – Bolsa de Cereales para 2018/19 su adopción se mantuvo por encima del 90 % de la superficie cultivable[1]) no se traduce necesariamente en mejoras en el balance de carbono, observándose incluso el avance de procesos de degradación.

Su uso como tecnología aislada no alcanza para lograr los objetivos de secuestro de C y mejorar la salud del suelo. Los verdaderos sistemas de SD necesitan de prácticas complementarias como las rotaciones, la incorporación de cultivos de servicios, el manejo integrado de plagas, entre otras.

En este contexto, Aapresid apunta a generar información que permita conocer la calidad de nuestros sistemas de siembra directa y ayudar en la definición de estrategias acordes. Una de las iniciativas en esa línea es el trabajo desarrollado junto a S4Agtech orientado a medir parámetros de calidad de nuestras rotaciones.


Midiendo la calidad de nuestras rotaciones

Las rotaciones en diversidad e intensidad adecuadas favorecen la mayor fertilidad, reducen la pérdida de N por lixiviación y/o escape gaseoso y el mayor secuestro de C, tanto de forma directa (por ejemplo a través de la captura que ejercen las gramíneas) como indirecta, ya que aseguran un manejo eficiente de plagas, y por tanto, una menor dependencia de insumos sintéticos (cuya síntesis y aplicación también generan emisiones GEIs).

Un primer indicador de la calidad de una rotación es la proporción de soja sobre soja sembrada en cada campaña. Cada cultivo tiene una “firma espectral” propia que puede ser capturada por satélites. Con esta información S4Agtech construyó algoritmos de reconocimiento creando una especie de “código de barras” asociado a cada cultivo. Con niveles de predicción del 92%, este algoritmo permitió estimar cuántos “pixeles” de superficie (de 6.25 has) repiten soja en cada campaña.

Los resultados de la estimación revelan que el porcentaje de monocultivo de soja (expresado como % de superficie de soja sembrada sobre antecesor soja) en las últimas 18 campañas ronda en promedio 20% a nivel nacional, con picos que superan el 25% en algunas campañas. A nivel provincia las cifras son también preocupantes. En la campaña 2016/17 el porcentaje de soja sobre soja superó el 50% en Santa Fe y el 44% en La Pampa (Tabla 1, Fig. 1).

Tabla 1: Porcentaje de soja sobre soja por campaña por provincia (Fte.: S4 Agtech)

Figura 1: mapa de “píxeles” de soja sobre soja por provincia, campaña 2016/2017 (Fte.: S4 Agtech)

Sin dudas aquí radican algunas de las problemáticas actuales de nuestros sistemas de producción como la pérdida de fertilidad física, química y biológica de los suelos, la pérdida de materia orgánica y C, la aparición de biotipos de malezas resistentes, entre otras.

Continuar trabajando en el desarrollo de indicadores que permitan diagnósticos integrales del estado real de nuestros sistemas de siembra directa será clave para impulsar prácticas de manejo más sustentables y políticas públicas alieneadas con los compromisos de mitigación del cambio climático.

[1] Para consultar el informe completo de evolución de la superficie bajo SD para la campaña 2018/19 haga click aquí.