Nuevas técnicas moleculares echan luz sobre la biología de suelos, su interacción con las plantas y su rol en la fertilidad química y física

La agricultura está buscando alternativas biológicas a su alta dependencia de insumos de síntesis química. Por otro lado, el uso de herramientas moleculares para describir la microbiología ha permitido una comprensión mucho más acabada de la misma. El especialista en biología de suelos Lic. Luis Wall explica que “estos nuevos conocimientos  permitieron cambiar la manera en que pensamos el suelo, las plantas y sus interacciones”.

 

En la fisiología vegetal tradicional la planta explora el suelo con sus raíces y absorbe los nutrientes de la solución edáfica. “Hoy sabemos que mientras crece en el suelo, la planta incorpora un micro-bioma determinado que coloniza las raíces, donde la cantidad de genomas asociados a una sola planta es del orden de millones”. Esta complejidad muestra que el modelo de nutrición basado en la absorción de minerales del suelo es incompleto, ya que desconoce esta interacción de la planta con el micro-bioma.

 

En este nuevo componente del suelo, ‘el biológico’, aparecen microorganismos que conectan la fertilidad química con la toma de nutrientes de la planta y su comportamiento en el suelo. El especialista plantea dos enfoques posibles: por un lado lo que hace la microbiología edáfica con el suelo y por otro, lo que hace con la planta. En el último aparecen los microorganismos (MO) probióticos, que pueden promover el crecimiento de las plantas, controlar enfermedades y que pueden ser inoculados en la semilla. Respecto a la inoculación, Wall advierte que “hasta ahora solo había sido estudiado su efecto, pero que hoy se avanza en conocer el paradero final de los MO inoculados, ya que podrían estar condicionando el micro-bioma que se asociará a la planta”.

 

En cuanto a la fertilidad física, ésta también es consecuencia de la microbiología del suelo, ya que los microorganismos utilizan los minerales y restos orgánicos para construir sus ‘viviendas’, que constituirán a su vez la microestructura física del suelo y su porosidad. En este sentido explica que “no son las raíces las que generan la estructura del suelo, sino que son las bacterias y hongos los ‘cimientos’ sobre los que esta se construye”.

 

Esta dinámica fue estudiada por la Chacra Aapresid Pergamino, que demostró que las rotaciones ‘más verdes’, es decir, con mayor presencia de raíces vivas a lo largo del año, producen más fotosintatos. Estos brindan energía a los MO y favorecen la actividad biológica, que es en última instancia la que mejora la estructura del suelo.

 

Es por eso que el manejo tiene tanta influencia en la microbiología de los suelos y su funcionamiento. “Ciertos hongos y micorrizas transforman el fósforo edáfico en formas disponibles para las plantas. Pero para desarrollarse, estos MO necesitan un suelo ‘quieto’, por lo que no pueden desarrollarse bajo labranza”. Para Wall, “la importancia de las micorrizas en distintos cultivos y rotaciones bajo siembra directa genera cada vez más interrogantes, por ejemplo, sobre el rol los cultivos de servicios”. Wall sostiene que “éstos podrían mejorar la red de micorrizas y hongos con las otras plantas, fortaleciendo así la fertilidad química y física de los suelos”.

 

En este contexto cobran importancia los indicadores biológicos (IB) de suelo, que permiten entender su funcionamiento y diagnosticar su salud de una manera más rápida y completa que los indicadores físicos y/o químicos. Entre los más utilizados se encuentra la actividad de las betaglicosidasas, fosfatasas y quitinasas, enzimas clave en el ciclo del carbono y el fósforo. La actividad de estos compuestos demostró estar asociada positivamente con la intensificación de las rotaciones.

 

Por su parte, los análisis de lípidos y de ADN permitirían determinar la historia de un lote, mientras que la proporción de microagregados es un indicador que, si bien físico, permitiría estimar la magnitud de la actividad biológica.

 

Según el especialista, “en los próximos años posiblemente haya una revisión del concepto de materia orgánica, que más que material vegetal en descomposición es material vegetal transformado en microbios. Es decir, la materia orgánica está constituida en un altísimo porcentaje por biomasa microbiana, y es ésta la que se correlaciona con la fertilidad física y química del suelo”.

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Esta información fue generada en el marco del Equipo de Pensamiento Prospectivo (EPP) de Suelos, nutrición y cultivos de servicios de Aapresid coordinados por el Dr. Guillermo Divito de la Regional Necochea. Los EPP son instancias de debate integradas por socios y especialistas invitados. Para participar escribanos a rainaudo@aapresid.org.ar o heit@aapresid.org.ar.