Fertilización nitrogenada y azufrada de cebada cervecera en el norte de Buenos Aires

Análisis del impacto observado en la aplicación de estos nutrientes en diferentes estadios sobre el rendimiento y la calidad comercial del cultivo.


El cultivo de cebada viene aumentando en superficie, rendimiento y producción desde hace más de una década. A partir del año 2010 se han producido entre 3 y 5 millones de toneladas por año, consolidándose como un importante cultivo de invierno. Este crecimiento fue posible debido a la disponibilidad de materiales genéticos con potenciales de rendimiento comparables con los del trigo, en un contexto en que este último tuvo restricciones a las exportaciones y mayores retenciones que la cebada.

Aunque todas las variedades cultivadas en nuestro país son cerveceras, el cereal obtenido puede ser destinado tanto a la industria maltera (cebada cervecera) como a la alimentación animal (cebada forrajera). El estándar de comercialización de la cebada forrajera es bastante simple: además de los requisitos de humedad y de granos dañados, se requiere que el peso hectolítrico sea mayor a 56 kg/hl.

En cambio, los requisitos de calidad de la cebada cervecera son mayores: debe tener pureza varietal, el poder germinativo debe ser alto (mayor a 95%) como así también el calibre (mayor al 85%), mientras que el contenido proteico no debe ser mayor al 12%.

Con las variedades que se utilizan actualmente en nuestro país este último requisito no sería una complicación, pero es importante destacar que el contenido proteico tampoco debe ser demasiado bajo: se pagan bonificaciones por las partidas de cebada con valores intermedios de proteínas (la máxima bonificación se obtiene con granos que poseen entre 11 y 12%). Por lo tanto, el objetivo de producción en cebada cervecera no es sólo obtener altos rendimientos sino alcanzar una adecuada calidad comercial.

El manejo de la fertilización nitrogenada es fundamental para alcanzar altos rendimientos y adecuada calidad industrial. Las investigaciones realizadas en la región pampeana han permitido establecer que las variedades actualmente cultivadas de cebada pueden tener una alta respuesta a la fertilización nitrogenada – realizada a la siembra o en macollaje -, evaluada tanto en términos de rendimiento como de contenido proteico.

Una alternativa para aumentar el contenido de proteínas de los granos consiste en complementar las fertilizaciones nitrogenadas realizadas entre siembra y macollaje, con aplicaciones foliares durante espigazón. En nuestro país, se ha observado que las aplicaciones durante esta etapa suelen producir aumentos del contenido proteico sin efectos sobre el rendimiento.

En la región pampeana se ha observado respuesta a la fertilización azufrada en diversos cultivos, sin embargo, en las experiencias realizadas en cebada se han reportado muy pocos casos de deficiencias de este nutriente.

En la campaña pasada, hemos iniciado un plan de investigación que tiene por objeto evaluar el efecto de la fertilización nitrogenada en emergencia y en espigazón y de la fertilización azufrada en emergencia sobre el rendimiento y la calidad comercial en cultivos de cebada cervecera en el norte de la Provincia de Buenos Aires.
En este artículo se presentan los resultados obtenidos en el primer año (se espera continuar con este estudio durante dos años más).

Materiales y métodos

En el año 2014 se realizaron 13 experimentos en el área de cultivo de cebada del norte de la Provincia de Buenos Aires. Los experimentos se desarrollaron sobre cultivos destinados a la producción. Las variedades y las prácticas de manejo fueron las empleadas por los productores, quienes realizaron sus propios planteos de fertilización en todas las parcelas.

Por lo tanto, las dosis de fertilización correspondientes a cada tratamiento se adicionaron a las realizadas por los productores. Los cultivares empleados fueron, de acuerdo a la elección de los productores: Quilmes Shakira, Scarlett, Andreia y Jennifer. El diseño experimental fue en bloques completos aleatorizados con dos repeticiones. Las parcelas tuvieron 4 m de ancho por 16 m de longitud.

Los tratamientos a evaluar fueron los siguientes: 1- Testigo: sin fertilización adicional a la realizada por el productor a la siembra; 2- N espigazón: 20 kg N /ha foliar (urea líquida) en floración (aparición de aristas); 3- N emergencia: 150 kg N /ha en 2 hojas-macollaje (sin limitación de N); 4- S emergencia: 15 kg S /ha en 2 hojas-macollaje (sin limitación de S).  

Los ensayos se distribuyeron próximos a las localidades de Junín y 25 de Mayo.  

La cosecha se realizó en forma manual y se trilló en trilladora estacionaria. Sobre las muestras obtenidas se determinó el calibre y el contenido proteico del grano. El calibre se estimó empleando un sistema de zarandas calibradas Sortimat, que permite clasificar los granos en cuatro clases de acuerdo a su ancho: mayor a 2,8 mm (primera), entre 2,8 y 2,5 mm (segunda), entre 2,5 y 2,2 mm (tercera) y menor a 2,2 mm (cuarta).

En relación a esta variable, las “Normas de calidad y comercialización de cebada” vigentes en la Argentina consideran el calibre (estimado como la suma de la primera y segunda fracción expresada como porcentaje de la masa total) como determinante de la calidad comercial del grano. El contenido proteico se determinó mediante el método de Kjeldhal. A partir del rendimiento y el contenido de N de los granos (que se calculó dividiendo el contenido proteico por 6,25) se estimó el N en grano por unidad de superficie.

Los resultados fueron analizados mediante análisis de varianza, considerando el sitio como un factor. Cuando el efecto de los tratamientos fue significativo, se comparó el testigo con los tratamientos 2, 3 y 4 mediante contrastes.

Resultados y discusión

Fertilización nitrogenada a la siembra

Los rendimientos variaron entre 2.200 y 8.200 kg/ha reflejando la gran diversidad de ambientes explorados por los cultivos (Figura 1). El efecto de los tratamientos varió entre los distintos ensayos (Tabla 1). La fertilización nitrogenada en emergencia incrementó significativamente el rendimiento de los cultivos en 6 de los 13 experimentos (sitios 1, 4, 6, 8, 9 y 11)  y tendió a incrementarlos en el resto.

Figura 1. Rendimiento de cebada sujeto a distintos tratamientos de fertilización nitrogenada y azufrada en 13 sitios experimentales. La línea sobre la barra indica el error estándar.

Figura 1. Rendimiento de cebada sujeto a distintos tratamientos de fertilización nitrogenada y azufrada en 13 sitios experimentales. La línea sobre la barra indica el error estándar.

Tabla 1. Análisis de varianza de las variables evaluadas. Se presentan las comparaciones entre el testigo y cada uno de los tratamientos fertilizados (realizadas mediante contrastes) cuando el efecto simple de los tratamientos fue significativo y la interacción no significativa. El número indica la probabilidad cuando p0,05.

Tabla 1. Análisis de varianza de las variables evaluadas. Se presentan las comparaciones entre el testigo y cada uno de los tratamientos fertilizados (realizadas mediante contrastes) cuando el efecto simple de los tratamientos fue significativo y la interacción no significativa. El número indica la probabilidad cuando p<0,05 y NS indica que p >0,05.

Los calibres fueron, en general, muy bajos. Sólo en 5 sitios superaron el 85% establecido como mínimo en las normas de comercialización (Figura 2). El efecto de los tratamientos varió entre sitos (interacción tratamientos x sitio significativa) (Tabla 1). En 8 experimentos el calibre disminuyó significativamente por efecto de la fertilización nitrogenada inicial, mientras que en los restantes sitios se observaron tendencias en el mismo sentido.

Figura 2. Calibre de cebada sujeto a distintos tratamientos de fertilización nitrogenada y azufrada en 13 sitios experimentales. La línea sobre la barra indica el error estándar.

Figura 2. Calibre de cebada sujeto a distintos tratamientos de fertilización nitrogenada y azufrada en 13 sitios experimentales. La línea sobre la barra indica el error estándar.

El efecto de los tratamientos sobre el contenido proteico de los granos y sobre el N en grano (por unidad de superficie) fue significativo pero no varió entre sitios (interacción tratamiento x sitio no significativa) (Tabla 1). La fertilización nitrogenada inicial incrementó el contenido proteico de los granos y N en grano (por unidad de superficie) (Figura 3). En promedio, por cada kilogramo de N aplicado en el fertilizante, el contenido proteico de los granos aumentó el 0,022%.

Figura 3. Contenido proteico de los granos en % (A) y N en los granos en kg/ha (B) en cultivos de cebada sujetos a distintos tratamientos de fertilización nitrogenada y azufrada. Cada barra representa el promedio de 13 sitios experimentales. La línea sobre la barra indica el error estándar.

Figura 3. Contenido proteico de los granos en % (A) y N en los granos en kg/ha (B) en cultivos de cebada sujetos a distintos tratamientos de fertilización nitrogenada y azufrada. Cada barra representa el promedio de 13 sitios experimentales. La línea sobre la barra indica el error estándar.

Fertilización nitrogenada en espigazón

La fertilización nitrogenada en espigazón incrementó significativamente los rendimientos solamente en dos sitios (sitios 8 y 11; Figura 1). En el resto de los sitios no se observó una tendencia clara. De manera similar, esta fertilización incrementó significativamente el calibre en un único experimento (sitio 1; Figura 2). El principal efecto de la fertilización en espigazón fue aumentar el contenido proteico de los granos: la aplicación de 20kgN/ha produjo un incremento promedio de 1,2%. Es decir que por cada kilogramo de N aplicado en este momento el contenido proteico de los granos aumentó 0,038%.

Fertilización azufrada a la siembra

La fertilización azufrada incrementó significativamente el rendimiento en dos experimentos: produjo un aumento de 790 kg/ha en el sitio 5 y de 770 kg/ha en el sitio 11 (Tabla 1). En el resto de los experimentos no se observó una tendencia clara. Los efectos sobre el calibre fueron contradictorios: la fertilización azufrada determinó un incremento significativo de 8,9% en el sitio 1 y disminuciones significativas de 6,6% y 6,9% en los sitios 2 y 4, respectivamente. La fertilización azufrada no afectó el contenido proteico de los granos ni el N acumulado en grano por hectárea.

Conclusiones

Si bien en estos experimentos restan evaluar distintas características del suelo y del cultivo que pueden servir para diagnosticar la respuesta a la fertilización, la información obtenida permite arribar a las siguientes conclusiones:

  • en los cultivos evaluados la fertilización nitrogenada en emergencia tuvo un fuerte impacto sobre los rendimientos y el contenido proteico de los granos. Considerando que todos los tratamientos tenían como fertilización de base la realizada por los productores, los resultados indican que el nivel de fertilización nitrogenada utilizada en los sistemas productivos (al menos en lo que respecta al cultivo de cebada en la zona y al año evaluados) es totalmente insuficiente;
  • la fertilización nitrogenada en emergencia incrementó tanto el rendimiento como el contenido proteico de los granos, mientras que la realizada en espigazón incrementó, en la mayoría de los casos, solamente el rendimiento. Por kilogramo de N aplicado, la fertilización en espigazón produjo un mayor incremento en el contenido proteico de los granos y en el N acumulado en los granos por hectárea, que la realizada en emergencia. Pero debe advertirse que la dosis aplicada en emergencia fue muy alta, por lo que es esperable que la eficiencia en el uso del N disminuya;
  • las deficiencias azufradas no parecen ser generalizadas en la región, pero en algunos casos puntuales producen incrementos en los rendimientos que pueden determinar interesantes márgenes de ganancias para esta fertilización.

Agradecemos la colaboración de las siguientes personas que han hecho posible esta red: Nicolás y Tati Casella de Italsem S.A., Gustavo Franco,  Hernán Rivero y Gustavo Herrá de ASP S.A, Alejandro  Alegre y Esteban Marré  de El Mayoral S.R.L., Sebastian Arias y Carlos Gutiérrez.

Autores: Pablo Prystupa1.2; José Boero1.2.3; Federico Gomez1; Susana Urricarriet1 y Flavio Gutiérrez Boem1.2. 1- Cátedra de Fertilidad y Fertilizantes, Facultad de Agronomía, UBA; 2- INBA, CONICET-UBA; 3- Universidad Nacional de Lujan.

 

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