Compartimos la segunda charla virtual anual, organizada por Agricultura Consciente, donde el especialista en pulverización, Esteban Frola, brinda las principales recomendaciones para lograr eficiencia y calidad en las aplicaciones.

En forma muy didáctica, Frola deja en claro que “En una aplicación es mucho más importante el tamaño de la gota que el volumen que se aplica”. Para ampliar el tema explica que en el manual de tarjetas hidrosensibles, utilizadas para ajustar las pulverizaciones, aparece la cantidad de impactos que se deberían lograr para los tratamientos con distintos fitosanitarios.

“Allí encontramos –explica Frola- tres tamaños de gotas, que son las que usamos para las aplicaciones terrestres. Las de 200 micrones de diámetro, utilizadas cuando la aplicación es más difícil o sea sobre cultivos cerrados, las de 300 micrones cuando hacemos aplicaciones de herbicidas en los barbechos, y las de 400 micrones en el caso de requerir tratamientos antideriva por la cercanía de un cultivo sensible”.

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“Lo interesante –agrega el técnico-, es que en ese manual aparecen volúmenes de 20, 30 y 40 litros por hectárea, es decir que en ningún momento se habla de volúmenes mayores. Y esto es porque con 200 micrones, que es la aplicación más difícil, logrando gotas de tamaño uniforme, llegamos a un adecuado nivel de impactos, por lo tanto un mayor volumen llevaría a que quedaran gotas encimadas unas sobre otras”.

“Por lo tanto, debemos analizar la calidad de los tratamientos no sólo a través del volumen aplicado, sino también por el tamaño y uniformidad de las gotas y la cantidad de impactos logrados por centímetro cuadrado”.
Luego detalla el comportamiento que tienen las gotas en un cultivo. Para ello toma como ejemplo las aplicaciones de insecticidas y fungicidas sobre una soja después que se terminó de cerrar el surco. “Si el diámetro es de 800 micrones se trata de una gota grande, pesada, que se mueve en forma recta, que quedará sobre la superficie del cultivo. Si es de 400 micrones, todavía sigue siendo pesada con un comportamiento de gota antideriva. Recién con gotas de 200 micrones la pulverización empieza a penetrar en el cultivo y las de 170 micrones llegan hasta abajo” explica Frola.

Para explicar la importancia de la cantidad y ubicación de las gotas, es decir del producto que se está aplicando, el especialista mostró un trabajo realizado sobre un cultivo de soja en el que ya se cerró el surco. Para la experiencia se colocó una tarjeta inmediatamente por encima del cultivo y otra en el tercio inferior de la planta, simulando una hoja. Se midieron los efectos de dos aplicaciones, una de 130 litros por hectárea, con la que se lograron 37 impactos por centímetro cuadrado en la tarjeta inferior. Esa cantidad de impactos equivalió a 2,5 litros de agua que -sobre los 130 totales- marcan una eficiencia menor al 2% e implica que a la parte inferior del cultivo sólo llegaron 19 centímetros cúbicos por hectárea del principio activo. El segundo tratamiento se realizó con 40 litros por hectárea, que se lograron con los mismos picos -pero aumentando el espacio entre ellos de 35 a 70 centímetros- y la misma presión pero aumentando la velocidad de 10 a 18 kilómetros por hora. En ese caso la tarjeta inferior recibió 24 impactos por centímetro cuadrado, con un volumen similar al caso anterior, de 2,5 litros por hectárea, que al relativizarlo con los 40 litros aplicados marca una eficiencia superior al 6% y una cantidad de principio activo de 64 centímetros cúbicos por hectárea.

“Esto muestra que hay una diferencia del 336% en la cantidad de principio activo aplicado -señala Frola-, que es similar a la dilución que hicimos en el tanque al pasar la misma cantidad de producto de 130 a 40 litros. Por lo tanto, no debemos aumentar el volumen de las aplicaciones ya que sólo pasan algunas gotas más hacia la parte basal del cultivo pero esas gotas están más diluidas y como consecuencia llegamos con menos principio activo”.

Otros aspectos que el especialista considera clave en los resultados obtenidos de las pulverizaciones son la distancia entre los picos y la altura del botalón. “La Argentina es el único país en el que trabajamos con picos distanciados entre ellos a 35 centímetros, en otros países están colocados a 50 centímetros” indicó Frola.
“En esas condiciones –continuó-, es decir, con picos a 35 centímetros y el botalón cercano a la superficie del cultivo, queda toda la aplicación en la parte de arriba de las plantas, es lo que se conoce como efecto paraguas. Para tener una mayor penetración podemos trabajar con picos distanciados a 70 centímetros y con el botalón a 70 centímetros por encima del cultivo, esto permite entrar mucho mejor con la aplicación”.

“Para perderle un poco al miedo a la altura del botalón hay que pensar que se logran excelentes aplicaciones aéreas a más de 200 kilómetros por hora, con las ruedas del avión a 3,5 metros de altura, y con gotas de 170 micrones, es decir más chicas que las que usamos en las aplicaciones terrestres”.
En el cuarto módulo del video Frola se refiere al manejo de la deriva. Para encuadrar el tema explicó que cuando la gota sale del pico se enfrenta a las condiciones de temperatura, humedad relativa, dirección y velocidad del viento, es decir a condiciones ambientales que llevan a que sufra un proceso de evaporación y por lo tanto se comience a achicar. “Por lo tanto es clave el uso de antievaporantes”.

“Para controlar la deriva tenemos que trabajar sobre el tamaño de la gota” enfatizó Frola. Luego explicó que con sólo aumentar el tamaño de la gota un 26%, se duplica su peso. “Entonces el comportamiento de esa gota es totalmente distinto porque pesa el doble”.
“Por lo tanto –agregó-, la deriva no se soluciona bajando el botalón sino que lo que hay que hacer es cambiarle el tamaño a la gota. Algunos picos permiten que, bajando la velocidad y regulando la máquina para que tire el mismo volumen se reduzca la presión, por lo tanto la gota es más grande. La otra opción es cambiar lo picos, sin cambiar el caudal pero logrando mayor tamaño de las gotas”.

“También tenemos que tener cuidado cuando no hay viento –dijo Frola-, porque se puede presentar el fenómeno conocido como inversión térmica, que hace que el producto quede flotando por encima del cultivo como consecuencia de haber sido aplicado sobre una capa de aire que está más caliente que la que se encuentra por debajo y más cercana al suelo”. Para esos casos recomendó generar humo, ya que si hay inversión térmica quedará flotando a aproximadamente 1 metro de altura.
Sobre el tema de la deriva, uno de los aspectos críticos de las aplicaciones de fitosanitarios, Frola presentó material práctico.

FUENTE: Agricultura Consciente y ON24.