Importancia del manejo del agua en Molisoles y Entisoles destinados a girasol en la región semiárida pampeana

El manejo del agua previo a la siembra de girasol es una práctica importante para captar y almacenar el agua en regiones semiáridas.

El cultivo de girasol en la Argentina ocupó una superficie media de 2.700.000 ha aproximadamente (SAGPyA, 2006) en las últimas 15 campañas (periodo 1990-2005), con una superficie máxima de 4.243.000 ha para la campaña 1998-1999. Su cultivo está distribuido en la zona de la mesopotamia (Entre Ríos) norte de Santa Fe, Chaco, Santiago del Estero, la región semiárida y subhúmeda pampeana (oeste de Bs. As, La Pampa, sur de Córdoba y este de San Luis), esta última representa el 30 % de la superficie Nacional (ASAGIR, 2003). En la provincia de La Pampa el cultivo de girasol ocupó una superficie de 413.000 ha (SAGPyA, 2006), la que representa el 15 % de la superficie nacional.


Figura 1: Distribución del cultivo de girasol y técnicos (número) que aportaron información sobre propiedades edáficas y de manejo que inciden sobre la productividad del cultivo en distintas áreas.

Durante el Congreso Nacional de Girasol, Díaz Zorita y Quiroga (2007) presentaron los resultados de un taller que contó con la participación, mediante encuestas, de 39 técnicos (Figura 1). Del análisis de estos resultados se desprende que agua, N y compactación son considerados los principales limitantes del cultivo.
Es por ello que en la región semiárida pampeana (RSP) resulta imprescindible conocer el grado de relación que existe entre las condiciones climáticas (precipitaciones, temperatura), las propiedades edáficas (textura, espesor) y el uso consuntivo del cultivo.

Del análisis de las precipitaciones (Figura 2) durante los meses en que se desarrolla el cultivo (noviembre a febrero), se comprobó en la RSP que el 50 % de los años las mismas resultaron iguales o menores de 290 (Funaro 2007). Estas precipitaciones no cubren los requerimientos de uso consuntivo (450 mm) de girasoles de buen rendimiento (3500 kg ha-1) de acuerdo con determinaciones realizadas por Della Maggiora et al. (2000) y Quiroga et al. (2002). Considerando estos requerimientos, la probabilidad que las precipitaciones superen los 450 mm durante el ciclo del cultivo resultó menor del 20 %. 
De la Figura 2a se desprende que en los primeros 50 días del cultivo hay un período de recarga del perfil (60 mm) y posteriormente se presenta un déficit de 150 mm, los que podrían ser cubiertos por el agua acumulada en el suelo (Funaro 2007).
Los suelos que genéticamente pudieron cubrir este déficit fueron los que al menos tuvieron una capacidad de retención de agua útil de 150 mm (Figura 2 b), observándose que solamente el 42,4 % de los suelos evaluados cumplieron con este requisito 

Figura 2: (a) Uso consuntivo (UC) y precipitaciones (Pp) acumuladas durante el ciclo del cultivo de girasol con una probabilidad del 50 %, (b) Frecuencia de la capacidad de retención de agua útil de 85 lotes evaluados previo a la siembra del girasol.

Debido a lo expuesto, el manejo del agua previo a la siembra del cultivo sería una práctica importante para captar y almacenar el agua en regiones semiáridas, sin embargo la práctica del barbecho depende de varios factores. Por ejemplo, el período de barbecho debería prolongarse a medida que disminuye la probabilidad de las precipitaciones (Monzón et al., 2006) y aumenta la capacidad de retención de agua (CRA) de los suelos (Quiroga et al., 2005). 
Aspectos genéticos del suelo, como el espesor y la textura, no se pueden modificar, aunque sí se pueden conocer. Estos parámetros definen la capacidad de retención de agua útil de los suelos condicionando el rendimiento de los cultivos y determinando «la vocación productiva del lote”. Por ejemplo, en la Tabla 1 se muestra una categorización de lotes en base a los contenidos de arcilla + limo y espesor de suelo hasta la tosca.

Tabla 1: Capacidad de retención de agua (mm) en función del espesor de suelo y del contenido de arcilla mas limo. Mayor número de X indica mayor aptitud (la condición física de los suelos de textura más fina puede limitar el cultivo).

Sobre la base de este ordenamiento preliminar, en la campaña 2007-2008, se realizó el análisis económico de dos materiales (H1: Olisun2 y H2: DK3945), sembrados en dos ambientes edáficos caracterizados como Loma y Bajo en la localidad de Alvear. Se utilizaron dos densidades de siembra (DA: 58.000 pl/ha y DB: 44.000 pl/ha) y se diferenciaron los tratamientos testigo y fertilizado (Figura 3)


Figura 3: Rinde de materia grasa y márgenes brutos para distintas alternativas tecnológicas.

Andrade y Sadras (2000) y Lampurlanes et al. (2002) señalaron que la eficiencia del barbecho resultó principalmente dependiente de la textura del suelo, sistema de labranza, probabilidad de precipitaciones y CRA. En relación con este último parámetro Mc Aneney y Arrúe (1993) y Quiroga et al. (2005) destacaron la escasa contribución del agua almacenada durante el barbecho en suelos con baja CRA. 
Fernández (2007) concluyó que la influencia del nivel de residuos durante los barbechos fue significativa pero resultó dependiente del espesor de los suelos (Figura 4) y también del contenido de agua al momento de iniciar los barbechos (R2: 0.76). La interacción entre espesor y residuos resultó en que la EB en suelos de menor espesor y A residuos fue equivalente a la EB de suelos profundos con B nivel de residuos.
Perfiles profundos presentaron bajas EB cuando los contenidos hídricos fueron evaluados en los primeros 100 cm del perfil, pero cuando la sección control se extendió hasta 200 cm de profundidad la EB aumentó considerablemente en los tres niveles de residuos. En tal sentido, Fernández (2007) concluyó que en sitios sin limitaciones en profundidad sería necesario considerar la profundidad radicular al momento de definir la sección control, al no considerar esta variable se podría subestimar el uso del agua por parte del cultivo y en consecuencia la EB.


Figura 4: Eficiencias promedios de barbecho en sitios con profundidad menor a 100 cm y mayor a 200 cm. Contenidos promedios de agua en 0-20 cm de profundidad en bajo (B), medio (M) y alto (A) nivel de residuos.

En el sudoeste de la provincia de Buenos Aires, las precipitaciones y la CRA, resultaron las principales determinantes del rendimiento de girasol. Al respecto, en la Figura 5 se representan los rendimientos medios de 11 años de girasol, para dos establecimientos diferenciados por la CRA de sus suelos. En un suelo de baja CRA (66 mm) el rendimiento del cultivo de girasol varió de 600 a 1500 kg ha-1 en función de la precipitaciones del mes de enero (R2=0.79), mientras que en suelos con mayor CRA (160 mm) las precipitaciones tuvieron menor incidencia en la variación del rendimiento del cultivo (R2=0.47), alcanzando rendimientos que variaron de 900 a 2200 kg ha-1, aceptables aún en años con bajas precipitaciones en el mes de enero. 
Además se comprobó que los rendimientos también variaron de acuerdo al índice de fertilidad de los suelos (IMO). Ambos grupos de factores relacionados con la disponibilidad de agua y la nutrición mineral de las plantas a través del índice afectaron el rendimiento del girasol. Pero el peso relativo de los mismos varió entre años, dependiendo de la ocurrencia de precipitaciones (Funaro, 2007). El primer año de estudio tuvieron lugar mayores precipitaciones en floración y postfloración (81 mm), y el rendimiento se relacionó principalmente con el IMO (R2= 0,56) (Figura 6a). Durante el segundo año, las precipitaciones fueron menores durante el periodo mencionado (23 mm) y consecuentemente el rendimiento de girasol se relacionó mejor con los parámetros hídricos: CRA útil (R2= 0,79) (Figura 6b).


Figura 5: Relación entre rendimiento de girasol y precipitaciones de enero en suelos con CRA contrastantes en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires.

 

 

 

 

 


Figura 6: Relación entre el rendimiento del cultivo de girasol con: (a) el IMO (MO/arcilla+limo*100) y (b) la capacidad de retención de agua útil (CRA útil).

Suelos bajo el mismo manejo y régimen de precipitaciones, darán lugar a distintos rendimientos de grano en función de su CRA.
En la Figura 7 se presenta el rendimiento de los tratamientos testigo y fertilizados en dos suelos con CRA contrastantes. Se observa que en los suelos de baja CRA, los rendimientos fueron inferiores tanto en los tratamientos testigo, como los fertilizados y presentaron una menor respuesta a la fertilización (300 kg/ha), en relación a aquellos obtenidos en los suelos de mayor CRA. En estos últimos hubo altos rendimientos y una mayor respuesta a la fertilización (1000 kg/ha). Similar comportamiento presentó la producción de aceite, observándose una disminución en la concentración de materia grasa en los tratamientos fertilizados.


Figura 7: Rendimiento de los tratamientos testigo y fertilizados en suelos con capacidad de retención de agua contrastantes.

Fuente: Alberto Quiroga1,2, Romina Fernández1,2, Ileana Frasier1, Daniel Funaro1. 
(1) EEA INTA Anguil,La Pampa. 
(2) UN La Pampa.