FITOSANITARIOS

Las malezas como emergentes de un sistema que pide cambios

En Argentina ya hay 34 biotipos resistentes en 20 especies diferentes. Es clave cambiar el manejo de los “yuyos”. El Yuyo Colorado está dispersado por todo el país y hay más de 13 millones de hectáreas infestadas. 

El Yuyo Colorado está dispersada por todo el país.  Ya hay más de 13 millones de hectáreas infestadas.

Por: Martín Marzetti, gerente Programa REM de Aapresid // Fuente Clarín Rural

La Red de Conocimiento en Malezas (REM) nace en 2010 por iniciativa de productores, ante una problemática incipiente de malezas resistentes. A ocho años de aquel momento, el problema se incrementó año a año en toda la superficie agrícola del país, confirmándose 4 nuevas malezas resistente por año desde entonces y alcanzando los 34 biotipos resistentes, en 20 especies diferentes.

Respecto a la superficie afectada, hay más de 13 millones de hectáreas con Yuyo colorado (Amaranthus spp.) resistente a glifosato, 8 millones de hectáreas con Chlorídeas tolerantes a glifosato, 5 millones de hectáreas con Pata de gallina (Eleusine indica), otro tanto con Capín (Echinochloa colona), una cifra similar con sorgo de Alepo y cerca de 2 millones con Raigrás (Lolium spp.), todas estas resistentes a glifosato, por citar algunas de las más importantes.

Normalmente se generaliza hablando de malezas “resistentes a glifosato”, pero en los últimos años otros herbicidas también empezaron a perder eficacia en algunos biotipos. Actualmente tenemos 14 biotipos resistentes a inhibidores de ALS (sulfunilureas e imidazolinonas como principales grupos químicos dentro de este sitio de acción), 7 biotipos resistentes a graminicidas ACCasa y 5 a hormonales.

Pero lo más preocupante es el incremento de resistencias múltiples, esto significa que la misma maleza resiste a herbicidas de diferentes sitios de acción, alcanzando los 11 casos a la fecha, dos de ellos resistentes a 3 sitios de acción y el resto a 2 sitios.

La permanente aparición de nuevas resistencias tiene como consecuencia las pérdidas de valiosas herramientas químicas, mientras que la generación de nuevas por parte de las compañías es más que reducida.

Al perderse herbicidas deben reemplazarse por otros de menor eficacia o mayor costo, pero hay casos donde no hay herramientas de reemplazo, tal es el caso del control postemergente de Rama negra (Conyza spp.) en soja si se genera resistencia a los inhibidores de ALS o de Yuyo colorado si desarrolla resistencia a los PPO o de gramíneas si se desarrolla resistencia a los graminicidas ACCasa, nada descabellado por el uso que hoy se está haciendo de todos estos herbicidas.

 

Este incremento de la resistencia generó en primer lugar, un marcado aumento de costos directos para el productor, que ve reducida su rentabilidad y en situaciones dejan al margen en negativo. Pero al mismo tiempo muestra un aumento del impacto ambiental por el mayor uso de herbicidas y el incremento de dosis en algunos casos.

El impacto resulta mayor en el cultivo de maíz que en el de soja, debido al perfil de los herbicidas más utilizados en este cultivo. Por otro lado, resulta mayor en la etapa de barbecho que dentro del cultivo. Esto nos deja dos claras lecciones, a la hora de escoger herbicidas deben considerarse, además de su eficacia y el costo, su perfil ambiental, alternativas hay.

Por otro lado, los barbechos deben acortarse cuanto sea posible, de la mano de cultivos de invierno y cultivos de servicios.

Deben realizarse importantes cambios en el manejo de malezas para revertir esta tendencia, para lo que hemos definido 10 pilares: monitoreo sistemático de lotes y bordes; cuidado del ingreso de semillas de malezas; manchoneo; rotaciones de cultivos y pasturas; competencia del cultivo; herbicidas de diferentes sitios de acción; dosis de marbete y tamaño adecuado de malezas; herbicidas residuales; aplicaciones eficientes; y destrucción de semillas de malezas en la cosecha.

Es necesario entonces tener una mirada diferente, donde todas las prácticas se complementen y el control químico sea una herramienta para las malezas que lograron sortear las demás, no ser la única herramienta de manejo, repetida en el tiempo cuantas veces sea necesaria.

El rol del profesional es clave en el rediseño de los sistemas productivos, necesariamente con mayor complejidad a los actuales. El Estado debe estar también presente promocionando y controlando prácticas. Afortunadamente el cambio comenzó y hay numerosos asesores y productores pensando e intentando todo tipo de cambios en sus sistemas de producción para volver a tener a las malezas bajo control y no al revés. No solo ahí se verán los beneficios, sino en muchos otras aspectos también.