“Malezas resistentes: el gran flagelo de nuestra agricultura”

¿Por qué llegamos a la situación actual?, ¿se podría haber demorado o evitado?, ¿puede mejorar o empeorar?, ¿trabajamos solos o en grupo?, ¿se ocasionaron por nuestra forma de producir o es mala praxis?. Buen análisis de situación.

 
Estas son las las preguntas que la mayoría de los productores se hacen en estos tiempos, donde los costos extra para combatir a estos yuyos indeseados puede llegar hasta los 100 dólares por hectárea, una externalidad muy grande.

El problema radica en que siempre primó la necesidad. Siendo la soja la única rentable, quedaron atrás las rotaciones con gramíneas y todos los cañones apuntando al poroto de primera ocupación. Los campos padeciendo barbechos larguísimos con aplicaciones de herbicidas residuales, con la elevada presión de selección que eso significa. O bien sin barbecho, porque los contratos de arrendamiento se cerraban sobre la siembra, siendo esos lotes grandes bancos de semillas.

¡Y hasta que aparecieron! El Sorgo de Alepo fue una de las primera maleza resistente en causar alerta hace 10 años, pero hace 5 que el número se incrementó de sobremanera, llegando en la actualidad a contar con 17 especies con resistencia total.

Malezas_Sorgo_de_Alepo

Hoy, la que causa mayores dolores de cabeza en el núcleo productivo es el Yuyo colorado, una especie exótica que llegó posiblemente con cosechadoras desde Estados Unidos y un verdadero todo terreno duro de matar. Hay que darle con cócteles de hasta tres modos de acción diferentes y las chances para erradicarla son muy bajas. Una sola planta puede producir entre 200.000 a 600.000 semillas, por lo que se podrá disminuir el banco de semillas solo si mantenemos los yuyos a raya campaña tras campaña. La rama negra y las gramíneas causan mucho gasto también.

El glifosato no es la causa de las resistencias, y el ejemplo lo muestra el caso Brasil. En nuestro país la soja RR se aprobó allá por el ´98 y para los productores brasileros en el 2003, y aquel país muestra muchas más especies resistentes a los inhibidores de ALS, antes que a Glifosato. Y tal vez en Argentina hubiera ocurrido lo mismo.

La Siembra Directa no es discutible, en cuanto a los beneficios que trae al sistema. Un buen planteo puede ser totalmente sustentable. Y el uso de herbicidas, que viene de la mano, puede ser mínimo y muy efectivo si se rotan especies en los lotes y se mantienen ocupados por más tiempo. La maleza siempre que encuentre una oportunidad va a hacer todo lo que dé la naturaleza para crecer y reproducirse. Muchos productores no piensan como las malezas, las subestiman y a su vez, sobrestimaron a los herbicidas, esa llevó a la situación actual. Por lo que hay que separar entre un adecuado sistema de Siembra Directa, con rotaciones y mantenimiento de cobertura, y un sistema de muy baja sustentabilidad manteniendo una única especie. La Siembra Directa es una filosofía que surge del conservacionismo, no es no roturar el suelo y entrar con una sembradora diseñada para eso.

El factor que no existió y parece querer corregirse rápidamente con este Gobierno son las políticas que fomenten las rotaciones. Para que no exista la elevada brecha de márgenes entre los distintos cultivos. La eliminación de ROEs y retenciones va en ese sentido. El mundo, o China, necesita soja, pero hay muchos países demandantes de trigo y maíz. Los cereales que hacen falta en nuestros planteos. Sí bien ya hay mucho daño hecho, la bola de nieve debe parar y por lo explicado, las rotaciones deben ser sagradas.

Fuente: Jeremías Drobot – Agritotal
http://bit.ly/1S5LbJp

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