«Por esas cosas que unen las buenas razones»

Palabras de Victor Trucco para Herbert Bartz.

Bartz, es un productor agropecuario del Estado de Paraná. Su campo está próximo a la ciudad de Londrina.
Es un amigo que conocimos por esas cosas que unen las buenas razones.
Cuando comenzamos con Aapresid en los fines de los 80, empezamos a abrirnos a contar y dispuestos a escuchar, siempre para aprender y fue así que conocimos a Nono Pereira, Franke Dijkstra y Herbert Bartz.

A partir de entonces estuvimos en contacto permanente, ellos viniendo a Argentina, nosotros yendo a Brasil y encontrándonos en los encuentros de Uruguay, Paraguay, Colombia, Méjico, Venezuela y otros. Juntos viajamos a EE.UU. y también a España.
Bartz era siempre el que contaba las experiencias más inimaginables, era quien tenía por ejemplo, la oportunidad previa de haber viajado a EEUU e Inglaterra, a ver sembradoras que le permitieran sembrar y controlar la erosión en su campo.
Bartz no reparó en ir a buscar un herbicida a Paraguay que no se usaba en Brasil, en avioneta y volver a Brasil, sin pedir permiso. Su audacia por resolver los problemas, siempre me resultó simpática.
En Aapresid sentimos gran felicidad por el reconocimiento de su mérito y de su esfuerzo, por la Universidad. Seguramente algo que Herbert nunca imaginó.

Por otra parte es emocionante que el Consejo Académico de una Universidad reconozca a un “simple productor” que generó un cambio de paradigma en la agricultura, equivalente a una contribución singular a la ciencia y a la Academia. Si bien pienso en algunos aportes comparables, no los menciono porque pueden parecer exagerados, pero dejo a cada uno la reflexión y la búsqueda del ejemplo.
Por otra parte, otra conclusión que saqué de este viaje que compartí con Pilu – Vicepresidente de Aapresid – fue la “solemnidad del acto”.

La Rectora de la Universidad destacó que el acto no era emotivo sólo para familiares y amigos, sino que lo era para Brasil. Comentó que Herbert Bartz, en 1971, en Rolandia, Estado de Paraná, impresionado por los destrozos causados por las lluvias, salió al mundo a buscar soluciones y se entusiasmó con experiencias que conoció en EEUU y en Inglaterra.

Lo importante es que desde ese momento no cesó en el intento de incorporar esas prácticas y “dejar de labrar el suelo”, como dicen en Brasil. Primero fue necesario conseguir una sembradora adecuada. Lo logró importando de EEUU una máquina Allis Chalmers y de Inglaterra, una Rotocastle, las que tomaron como modelos las industrias brasileras para fabricar su propia maquinaria e iniciar así una revolución en la agricultura de Brasil. Y aún continúa. El desarrollo de la producción agrícola en el vecino país fue de la mano del “plantio direto”, como llaman en Brasil a la siembra directa y, sin dudas, Bartz fue un precursor en esta historia.
40 años pasaron de aquel momento y constituye un hito fundamental en la historia de la agricultura brasilera, porque desde entonces no para su crecimiento.

Pilu Giraudo, Víctor Trucco, Rolf Derpsch, Herbert y Marie Bartz

Pilu Giraudo, Víctor Trucco, Rolf Derpsch, Herbert y Marie Bartz

“Esta historia tiene un pionero y la universidad lo quiere reconocer”, dijo la Rectora de la Universidad de Londrina: “es Herbert Bartz”. Un modelo a imitar. Refirió que se sentía orgullosa de destacar el aporte de este hombre sencillo, que era un ejemplo para replicar.

Fue muy emotivo ver a este hombre sencillo que es Bartz, convertirse en Profesor, lo que sin duda es, y que este ejemplo ilumine a los jóvenes universitarios a imitar el espíritu innovador, perseverante, luchador… que es Bartz.
En Argentina no estamos acostumbrados a la solemnidad. Es propio de las instituciones académicas tradicionales, como las americanas. Personalmente viví algo parecido en una Colación de Grados de la Universidad de Illinois en EEUU, pero nunca nada parecido en Argentina.

El acto fue acompañado por decenas de profesores con sus togas y un conjunto de cuerdas de la universidad ejecutó el Himno Nacional de Brasil, un tema de Jobim “Por la luz de tus ojos” y “O sole mío”, esa vieja canción napolitana, lo que le confirió al acto, un tenor vibrante. No me imagino un acto semejante en la Argentina. Confieso que me emocionó y sentí orgullo, por nuestro amigo y por nuestra causa. También es bueno reconocerlo, un poco de tristeza porque estas cosas no ocurran en nuestro país con Rogelio Fogante, Heri Rosso y tantos pioneros más.
¡Qué bueno que en un país la academia reconozca a un productor que se lo merece!
¡Qué bueno que este ejemplo cunda!

Por Víctor Trucco