La producción de alimentos, junto con las vacas y el estiércol son las principales fuentes de emisión de gases de efecto invernadero.

Hacia el año 2050, se prevé que disminuyan las reservas petroleras y aumente la necesidad de fuentes de energía alternativas. Al mismo tiempo, el planeta enfrenta la amenaza del cambio climático, vinculado a la emisión de gases de efecto invernadero (GEI). Algunas de esas emanaciones pueden recuperarse y aprovecharse y, así, contribuir a preservar el ambiente y mitigar la escasez energética.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en el mundo las principales fuentes de emisión de gases son la producción y el procesamiento de alimentos (45%), el metano que libera la digestión de las vacas (39%) y la descomposición del estiércol (10%).

Puede ser energia

En la Argentina, después del sector energético, la mayor parte es ocasionada por la ganadería, que aporta el 35%. La intensificación de las producciones pecuarias trae aparejados el aumento y la concentración de efluentes y, sin un adecuado tratamiento, su consecuente impacto ambiental.

Por otra parte, la red para la distribución de energía –gas y electricidad– no es uniforme a lo largo de la Argentina y la bioenergía puede ser una solución inmediata, ya sea aprovechando residuos pecuarios o agroindustriales o generando cultivos energéticos para ese fin.

Los efluentes no son sólo desechos

En la producción pecuaria la alimentación se basa principalmente en maíz, soja, sorgo, trigo y pasturas. El sistema digestivo del animal no es tan eficiente para aprovechar toda la energía o la proteína que tienen estos forrajes, por lo que en el desecho –estiércol y orina– quedan partes de nutrientes y energía no aprovechados por el animal. Por eso, no manejar los residuos implica, además del deterioro ambiental, una fuga de energía que podría aprovecharse para producir biogás y biofertilizantes.

En su proceso de degradación natural, el estiércol del ganado emite metano y óxido nitroso. 

Si estos residuos y efluentes van a un reservorio cerrado, lo que se conoce como biodigestor, se genera biogás, producto de toda la actividad microbiológica y de la descomposición de esta materia orgánica. Ese biogás es captado y tratado para disminuir sus impurezas. Para usarlo como gas, se le extrae el ácido sulfhídrico y para generar energía eléctrica se puede aumentar el porcentaje de metano, quitándole el dióxido de carbono y el vapor de agua, para hacerlo eficiente.

Económica y ambientalmente viable

Un estudio de la FAO, la Secretaría de Energía y el Ministerio de Agricultura de la Nación, con participación del INTA, comprobó el potencial biomásico de la Argentina debido a la disponibilidad de recursos y residuos aprovechables para uso energético.

Con la metodología Wisdom, desarrollada por la FAO, se determinó que el país tiene una disponibilidad de 6,6 millones de toneladas anuales de desechos derivados de las actividades agrícolas, forestales y foresto industriales, cuyo 80% podría usarse para generar energía. Esos residuos provienen principalmente del cultivo de la caña de azúcar (2 millones de toneladas), de la poda de frutales y vid (1,6 millones de toneladas), de la industria maderera (igual volumen) y cerca de 110 millones de toneladas de biomasa leñosa originada en bosques nativos e implantados.

Fuente: http://www.revistachacra.com.ar/0/nota/index.vnc?id=puede-convertirse-en-energia