¿Se agita el fantasma de la contaminación para cuestionar a la biotecnología agrícola?

Ambientalistas insisten en bloquear la obra de Monsanto en la localidad de Malvinas Argentinas.  César Belloso compartió la visión de Aapresid con la revista El Federal.

El bloqueo, por parte de un grupo de militantes ecologistas, del predio donde la empresa Monsanto construye una planta de tratamiento de semillas en la localidad cordobesa de Malvinas Argentinas, provocó una polémica que trasciende la supuesta contaminación que generaría la fábrica en su etapa operativa. Ya explicada técnicamente la sustentabilidad del proyecto que supone una inversión directa de 1500 millones de pesos y la creación de 400 puestos de trabajo permanentes-, ahora las críticas parecen centrarse en el sistema productivo que lo sustenta, el de siembra directa con herramientas biotecnológicas.

La escalada del colectivo “Paren de fumigar” propone abandonar la agricultura extensiva de alta productividad y cultivar en forma orgánica. Y apunta contra un modo de producción agrícola que, según un estudio de Argenbio, generó en el país en los últimos quince años un impacto económico de 60 mil millones de dólares.

En este contexto, El Federal invitó a todas las partes y logró reunir a Adrián Vilaplana, gerente de Asuntos Corporativos Latinoamérica Sur de Monsanto; a César Belloso, presidente de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa -Aapresid-; y a Alfredo Paseyro, presidente de la Asociación de Semilleros Argentinos -ASA- para discutir el tema. Los militantes ecologistas, que también fueron convocados, prefirieron no contestar al cuestionario que les envió El Federal. 

– ¿Por qué grupos ecologistas objetan la puesta en marcha de una planta de producción de semillas?

Adrián Vilaplana: Para empezar, yo diría que hay dos o tres grupos en la opinión pública. Uno está vinculado directamente a la producción, entiende cómo se hace la agricultura en el siglo XXI y conoce las ventajas de la biotecnología.
Hay otro sector que también probablemente entienda, pero que tiene otros intereses económicos, políticos e ideológicos. Este segundo grupo pregona una agricultura para pocos, suponé para 2 mil millones de habitantes, pero no para siete mil millones. Es una agricultura basada en un modelo productivo orgánico, absolutamente compatible con la agricultura extensiva y tecnologizada, pero que cree que la coexistencia no es posible y que lo que sí hay que hacer es combatir a la biotecnología. Entre estas dos posiciones, hay una enorme mayoría de gente común a la que le falta información.

– Aapresid suele cumplir un rol docente.

César Belloso: Cualquiera de nosotros, como productores, tenemos una actividad que es urbana y rural. Yo vivo en la ciudad de Pergamino, pero trabajo en el campo. La sustentabilidad, que apunta a cuidar los recursos naturales, es responsabilidad de todos. Desde Aapresid tenemos esa visión, tanto como productores que como habitantes de la ciudad. Proponemos un sistema de producción sustentable, basado en el cuidado del suelo, la labranza cero, las buenas prácticas agrícolas y los principios de la siembra directa a través del tiempo. El conflicto generado en la instalación de la planta de semillas es similar a cualquier conflicto que pueda generarse en cualquier actividad industrial o de servicios en cualquiera de los pueblos. Hay una reglamentación vigente que si está cumplida en tiempo y forma, no debiera tener objeciones.

Yo puedo tener una apreciación de temor por desconocimiento, incluso una presunción de que hay algún producto tóxico que me pueda estar afectando. Pero si se están haciendo las cosas bien, debería darnos tranquilidad.

cb– ¿Qué es una planta de producción de semillas?

Alfredo Paseyro: Una planta de semillas primero, es una fuente de trabajo. Yo te diría que hoy en la Argentina debe haber unas veinte plantas similares a la que se está construyendo en Córdoba. Hoy la biotecnología ya está transitando, prácticamente, los 20 años. El marco regulatorio de la Conabia fue en el año 1991, y todo esto comienza a aflorar en los años 1995-1996. La planta de semillas prácticamente recibe todo lo que se produce en el campo en espiga. A diferencia del maíz consumo, que se cosecha en grano, el maíz semilla se cosecha en espiga.

Este maíz viene a la planta con chala, con parte del tallo y con el marlo propio, en camiones con un sistema de trazabilidad que se descargan. El maíz va al proceso de deschalado, donde hay unos rollos que empiezan a sacar la chala a esa espiga.
Y como esa espiga viene con una humedad del 35 por ciento y hay que bajarla a humedad de proceso, va unas celdas en las que, por secado y con aire caliente, se la lleva a la humedad deseada.

En general, en 72 horas ya podés tener lista a la espiga para procesar. Después va a un desgrane, que separa al grano del marlo, y todo ese desecho, que antes se quemaba, hoy se está volcando a la producción de energías alternativas. Cuando ya tenés el grano, se clasifica de acuerdo a su tamaño. Los granos van a la torre de clasificación y empiezan a pasar por distintas sarandas para ir separándolos según sus distintos tamaños. Una vez que tenés todo medido, está listo para embolsar.

Antiguamente, el productor recibía las semillas sin tratar, o sea, sin los insecticidas del suelo, cosa que lo ponía en riesgo, porque debía manipular esos productos. Pero desde hace seis o siete años, se empezó con el tratamiento profesional de semillas “in house”. Entonces, una vez que la semilla está lista para embolsar, pasa por un sistema de curado, que son máquinas de alta precisión que sacan un producto prácticamente uniforme, que también da color a la semilla, para que el usuario sepa que está tratada con insecticida y tome las prevenciones del caso. De allí va al embolsado y al almacenaje. De eso se trata la planta de semillas.

– ¿Cuál es el temor que expresan los grupos ambientalistas para bloquear la planta en Córdoba?

Vilaplana: Han ido cambiando. Pero aclaro que sólo el cinco por ciento de los que manifiestan, son vecinos de Malvinas Argentinas. El grupo mayoritariamente es extraño a esa localidad, y esto no es casual. Nosotros en la comunidad de Malvinas Argentinas hace más de un año que venimos haciendo un trabajo de información sobre el alcance de la planta. Hemos entregado casa por casa, puerta a puerta, folletos que explican cómo es el proceso de producción.

Más de trescientos vecinos han visitado la planta que tenemos en Rojas, provincia de Buenos Aires, donde el proceso es similar al que se va a hacer en Córdoba, pero aunque los invitamos muchas veces los ambientalistas no quieren venir. Por eso sabemos que el grupo no es propio de la comunidad local, y yo te diría que responde a cierto activismo profesional que está trabajando en la zona y representa intereses distintos. El reclamo ha ido mutando. Originalmente, decían que la planta iba a contaminar.

3 mosDespués, cuando la información se fue haciendo pública, cuando la empresa explicó que los procesos de construcción y de operación de la planta eran completamente transparentes, con todas las normas de seguridad, higiene y medio ambiente cuidadas, ya no se habló más de la planta ni de contaminación, sino del modelo productivo.

A qué se oponen, no lo tenemos claro. Lo que sí sabemos es que están violando la ley, porque Monsanto no sólo obtuvo todos los permisos necesarios para la aprobación de la obra civil y está en proceso de obtener la aprobación del estudio de impacto ambiental previo a la fase operativa, sino que, al mismo tiempo, los ambientalistas desafiaron judicialmente la construcción de la planta, y perdieron también ese desafío. Es decir, pasó la primera, la segunda y la tercera instancia, y resolvió el Tribunal Superior de Justicia de la Provincia de Córdoba.

Con lo cual la medida cautelar fue resuelta por ese Tribunal. Ellos pueden seguir haciendo todas las presentaciones judiciales que quieran, pero el tema es que deberían cumplir con la ley.
Porque el Tribunal Superior dispone en su fallo que debe permitirse la continuación de la obra, y esta gente ya está haciendo una barricada, con zanjas de un metro y medio donde entra una persona parada. Por esa situación debimos parar la obra, por seguridad.

– ¿Cuántos puestos de trabajo creará la planta de semillas?

Vilaplana: En la fase de construcción de la obra civil, más o menos cuatrocientas personas. Y en la fase de operación, otras  cuatrocientas. Nuestra prioridad número uno es contratar a gente de Córdoba, preferentemente de la localidad de Malvinas Argentinas, aunque también somos conscientes de que la localidad tiene que desarrollar muchas capacidades. Por eso ya hemos iniciado un proceso de capacitación en Malvinas Argentinas y estamos dictando varios cursos en oficios y también de liderazgo, porque queremos desarrollar las capacidades locales para que el futuro empleado de la planta sea de la comunidad.

Belloso: Es importante ver que acá se está tomando el caso de una planta de clasificación de semillas, que puede tener algún tratamiento de protección, pero tomemos conciencia de la cantidad de parques industriales que hay a través del país con fábricas de todo tipo, muchas relacionadas a la industria química, y uno no ve el reclamo permanentemente, como debería haber, por ejemplo a la vera del Riachuelo, donde funcionan 1.400 fábricas que tienen la cuenca hídrica más contaminada del país, y me atrevería a decir, de la región.

Eso genera, de alguna manera, un elemento claro de reclamo para protección de la ciudad y que afecta en forma directa la vida de millones de vecinos. Se ve un contraste en la preocupación ambiental que despierta a pensar que los movimientos están motivados por intereses que no tienen nada que ver con la causa que manifiestan. Se les agotan los argumentos y se defienden de algo de lo que yo me siento orgulloso. Porque yo soy un productor que genero una agricultura que es referente a nivel mundial, que de alguna manera
está generando una mejor situación de futuro para esos suelos y que es sustentable respecto del 92 por ciento del resto del mundo, que por trabajar bajo labranza, no es sustentable.

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Yo no me siento sospechado de nada como productor, y creo que todas las empresas que trabajan, las distintas organizaciones, las empresas proveedoras de insumos, están todos con un amplio acatamiento de la reglamentación vigente, que en el caso de la Argentina es un marco regulatorio pionero en el mundo. Una cantidad de elementos que ponen a nuestro país como punto central de producción de alimentos, fibras y energía con sustentabilidad que va a ser la base económica de soporte en los próximos treinta años y lo estamos atacando con argumentos que no tienen ningún tipo de sostén. Hay una cuestión prácticamente suicida en estos reclamos, porque no se están viendo los aportes que hace la comunidad agroalimentaria al país. 

Paseyro: Como decían antes, acá se está cuestionando al sistema productivo. No pasa sólo en la Argentina, sino a nivel mundial. La
realidad es que muchos juegan con el nivel de desinformación de la mayoría, pero nosotros debemos salir a explicar las cosas de manera consistente. Hay documentos de FAO, de muchas entidades reconocidas, que se expidieron sobre el tema. Hasta el Vaticano aprueba la biotecnología.

– Hay cierta esquizofrenia social. Se critica a la producción biotecnológica, pero se dice que hacia 2050 el mundo alcanzará los 9 mil millones de habitantes, y que hay que producir alimentos para todos, en la misma superficie cultivable y con menos agua. ¿En qué quedamos?

Belloso: Lo que la biotecnología permitió en esta etapa es lo que será el futuro del mundo, no sólo como se piensa, para beneficio del productor, sino para beneficio de toda la humanidad. Hoy la inmensa mayoría de los alimentos tienen componentes transgénicos, al igual que los medicamentos.
Y nadie se preocupa, simplemente porque hay un sistema de seguridad tecnológica y científica que los avala. Eso permite, a través
de la biotecnología, disponer de una mayor eficiencia en el uso de recursos como el agua, el suelo o el aire, sin contaminarlos. También
lleva a tener más productividad por unidad, y eso evita que debas talar un bosque.

Vilaplana: La biotecnología agrícola es la primera revolución tecnológica que encuentra a la Argentina en el centro de la escena. La máquina de vapor, la imprenta, el automóvil, el motor a explosión, la informática, todas las grandes revoluciones tecnológicas nos encontraron en la periferia. Pero la revolución tecnológica de la biotecnología vegetal, sí nos encuentra en un rol protagónico.
A nosotros, como argentinos, nos enorgullece vivir esta situación. Pero hay gente a la que no le gusta.

-Hasta hemos visto la implementación de un día mundial contra Monsanto. Hay como una corriente que pretende demonizar la
empresa.

Vilaplana: Probablemente. Estimo que a Ford le habrá pasado lo mismo cuando inventó el automóvil. La empresa que lidera la revolución tecnológica es la que se lleva gran parte de las críticas, sobre todo las de la gente que no entiende lo que significa esta
revolución.

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Fuente: Revista El Federal. Nota por Por Gustavo Hierro / Fotos: Jazmín Arellano y gentileza La Voz del Interior

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