“Uno aprende en la medida en que capitaliza sus fracasos”

El XXVII Congreso de Aapresid presentó el panel “Quo Vadis: decisores políticos” en donde el reconocido filósofo Santiago Kovadloff desarrolló, desde una perspectiva de temporalidad y revisionismo, una visión de futuro.

En la última jornada de Congreso de Aapresid hubo lugar para la filosofía política de la mano de Santiago Kovadloff, quien hizo su ponencia apelando a la pregunta Quo Vadis, una expresión latina cuyo significado significa ¿hacia dónde vas?

 

—¿Qué le sugiere a Ud. el título de la ponencia?

 

— El título de la ponencia es una pregunta, y lo que tenemos que entender ante toda pregunta es qué la motiva, porque toda pregunta implica que hay una respuesta previa que ha quedado descalificada. Lo que debemos saber es cuál es la respuesta que precede a esta pregunta de la cual ya nos hemos desprendido y ya no podemos contar más.

—¿Cuál sería la respuesta que ya no nos sirve?

 

— Es la que suponía un saber con el que contábamos y ese saber era estaba asentado en una identidad nacional y en un concepto de la organización política del país. Esto no sólo ha cambiado, sino que ha entrado en una crisis tremenda, a tal punto que el populismo que es la expresión de la tentativa de restituir el modelo del Estado prebendario hoy se enfrenta ante un proyecto extraordinariamente ambicioso que es el de restaurar la república, que también es un proyecto que ha quedado trunco en el pasado, no es nuevo, es una deuda.

 

—¿Y cuáles son las perspectivas hoy?

 

—Por un lado, tenemos el populismo, y por otro, la reconstrucción de la república que está asentada en la restauración de la vida constitucional tal como la entendió Alberdi. Estamos ante la posibilidad de responder a la pregunta Quo Vadis, ya que vamos hacia la superación de una disyuntiva. Debemos vencer esta pugna y esta grieta espantosa que tiene la República Argentina.

 

—¿Cómo debemos pensar a futuro las provincias integradas, el federalismo?

 

—El federalismo es una de las deudas fundamentales que la Argentina sigue teniendo con su organización republicana. Ya en el siglo XIX era evidente que para constituirnos como nación teníamos que superar la fragmentación y promover cierto grado de interdependencia que aún no se ha logrado. A mí me parece fundamental que entendamos por qué hace falta la integración federal, porque si no, no puede haber desarrollo equitativo, ni igualdad social, ni verdadero sentido de participación nacional. En este sentido el populismo no necesita al federalismo porque para estructurarse el Estado tiene que seguir generando dependencia, contrariamente el republicanismo necesita del federalismo porque se basa en la complementación interprovincial.

Desde mi punto de vista las presencias de las provincias deben proyectarse en un proyecto de interdependencia regional y nacional.

 

—En este momento histórico, previo a elecciones, ¿cómo estamos situados en este sentido?

 

—Estamos situados delante de una realidad bastante matizada por el hecho de que este gobierno ha generado notables posibilidades para los gobiernos provinciales mediante una mejor distribución de sus recursos y eso se tradujo de un modo muy interesante, ya que los gobiernos locales lograron el triunfo en las elecciones provinciales, mientras que el partido gobernante perdió. Paradójicamente los gobiernos locales ganaron por los recursos que el Estado les ha dado y que con todo derecho los recibió y los utilizó, pero por eso mismo podemos decir que la derrota del gobierno es paradojal.

 

—¿Cuál es el objetivo que se propuso en la exposición?

 

—Mi exposición giró en torno a lo que significa la construcción de futuro desde mi perspectiva, es decir, la visión de un hombre que trabaja en el campo de la filosofía y la política. Mi interés es desarrollar el concepto de largo y corto plazo, la idea de la temporalidad como herramienta o como padecimiento, hablar de la historia como una fuente de aprendizaje y entender hasta qué punto la Argentina es un país hipotecado por su pasado. Hablo de las deudas no saldadas en términos de educación y de civismo, no sólo de desarrollo material. La situación económica y el desarrollo material son síntomas de una crisis mucho más profunda que es la política y la crisis ética que se traduce en fragmentación y en desconfianza. Mientras no resolvamos el desarrollo educativo, es inútil contar con recursos.

 

—¿La educación debe ser prioridad de un proyecto político?

 

—Todo depende de cómo se vertebre el proyecto político del conocimiento. La construcción de ciudadanía es el recurso primordial para que el conocimiento esté al servicio del desarrollo social. Si no hay construcción de ciudadanía el conocimiento se convierte en una herramienta de construcción desigual o presión social, y no de desarrollo equitativo.

 

—¿Usted se refiere a igualar desde una misma base ciudadana?

 

—Sí, hay quienes están marginados de la sociedad y no tienen participación cívica ni participación económica, entonces están fuera de la posibilidad de concebir un futuro porque viven para durar. Durar y vivir no son lo mismo.

 

—¿Cómo se subsana?

 

—Tenemos que generar temporalidad, un recurso disponible para la integración social. Tenemos que hacer que la gente empiece a sentir que puede pensar más allá de su coyuntura, de su supervivencia. Para ello, el gobierno tiene que brindar oportunidades de inserción en el campo del conocimiento. Este es un proyecto ético.

 

—¿Cómo llega a sus ideas?

 

—Uno aprende en la medida en que capitaliza sus fracasos. El fracaso es una maestra ejemplar. Fracasar es advertir la disfuncionalidad de una manera de pensar, de un modo de practicar el saber disponible. Hay que aprender a tener más preguntas porque las preguntas orientan la acción en el campo del conocimiento. Es un diálogo asentado en la lucha contra el prejuicio o el sentido común.

 

—¿Hay una lógica o teoría en la que deberíamos basarnos?

 

—La lógica formal o la lógica dialéctica no tienen la universalidad que se les ha querido arrogar, lo que nos indica que estamos siempre ante la evidencia de la necesidad de tener que revisar sobre lo que actuamos. Por eso yo me inclino más por la idea de un enfoque transdisciplinario y pluralista que no se cierre en la ilusión de lo sistemático. Apunto a respuestas con valor hipotético, más que las que tienen valor axiomático. La existencia del hombre es un proyecto y no un hecho consumado.