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Institucional - SD en Argentina
La Siembra Directa y el suelo

El suelo es el principal recurso que como productores poseemos para la producción. En consecuencia, su preservación es fundamental para la viabilidad de la empresa a lo largo del tiempo. Primeramente debemos conocer y entender su funcionamiento, para así lograr el objetivo de la sustentabilidad del sistema.


:: El suelo es un sistema poroso

Las distintas partículas constitutivas del suelo (arena, limo y arcilla) pueden estar presentes en diferentes proporciones en los distintos suelos. A esta propiedad se la denomina textura. El productor no puede alterar este parámetro edáfico, pero sí debe conocerlo ya que el mismo imprimirá diferentes características, como ser la capacidad de acumulación total del agua y el movimiento de la misma en la matriz del suelo.

Las partículas no se encuentran dispersas o desordenadas en el suelo; por el contrario, están unidas entre sí formando especies de terrones, denominados técnicamente agregados. A este parámetro edáfico se lo llama estructura.

El ordenamiento de las partículas, como así también el espacio que queda entre agregados deriva en la formación de galerías intercomunicadas que reciben el nombre de poros. Según el tamaño que los poros posean tendrán funciones: reserva de agua, circulación de aire y agua, o funciones mixtas.
La presencia de laboreos altera este ordenamiento natural de la estructura, rompiendo a su vez la continuidad del espacio poroso.

Por el contrario, la siembra directa al no poseer remociones artificiales mantiene la red de poros semejante a lo que sería una situación natural. Sumado a ello, los sistemas radiculares de los diferentes cultivos, al descomponerse luego de la cosecha, aportarán nuevos poros biológicos de alta estabilidad, ya que están recubiertos por los residuos de la acción microbiana (humus).

Finalmente, un suelo en siembra directa continua, y con rotaciones que incluyan diferentes sistemas radiculares, permitirán tener un suelo esponjoso, con una red de poros estables, continuos e interrelacionados. En consecuencia, un suelo bien manejado podrá almacenar agua y cedérsela al cultivo, permitirá la circulación de aire, agua y nutrientes, y favorecerá el desarrollo de las raíces de los cultivos. Todo ello, genera un ambiente edáfico que permite un óptimo desarrollo de comunidades de microorganismos responsables de la transformaciones bioquímicas del suelo que permiten que muchos nutrientes queden disponibles para las plantas.

:: Economía del agua

La siembra directa se caracteriza por la ausencia de laboreos y por la presencia de una cobertura de residuos vegetales, lo cual tiene un impacto directo sobre la eficiencia de uso del agua por los cultivos.
En primer lugar, los rastrojos protegen al suelo del impacto de la gota de lluvia. Hay que considerar que la energía almacenada en cada gota se descarga sobre los residuos, en lugar de hacerlo directamente sobre la superficie del suelo. Si ocurre este último fenómeno - típico de lotes manejado con sistemas de labranza convencional - los agregados superficiales estallan, diseminándose sus partículas constitutivas. Esas partículas se depositarán dentro de los poros del suelo, formándose una pequeña lámina prácticamente impermeable, lo cual disminuye notoriamente la infiltración. El fenómeno es conocido como "planchado" o "sellado" del suelo.

Por lo tanto, en sistemas en directa al no ocurrir lo anteriormente expuesto la infiltración se ve favorecida comparado con suelo manejados en convencional.

En segundo término, la presencia de rastrojos en superficie disminuye el escurrimiento del agua. Por lo tanto, los riesgos de erosión hídrica son menores. A su vez, ello hace posible que más agua infiltre y menos se pierda hacia zonas bajas del relieve, homogeneizando el humedecimiento del perfil en distintas posiciones del relieve.

Finalmente, la cobertura hace que las pérdidas de agua por evaporación directa sean mínimas. El agua que se encuentra almacenada será aprovechada mayoritariamente por el cultivo que en ese momento se esté desarrollando.

Mayor infiltración, menor evaporación, sumado a un suelo estructurado que retiene más humedad, hacen que el sistema de SD sea muy eficiente en la utilización del recurso más escaso en la producción agropecuaria de secano: el agua.

:: La importancia de la materia orgánica

La materia orgánica (MO) es una fracción dentro de los componentes sólidos del suelo. Su importancia es crucial en la productividad del recurso, y en consecuencia es prioritario conservarla, y en lo posible aumentar su porcentaje.

La misma interviene en el ciclo de varios nutrientes, como ser nitrógeno y azufre, impactando, de esta manera, en la fertilidad química del suelo.

Además, al presentar cargas eléctricas aumenta la capacidad de intercambio catiónico, aspecto también relacionado con la fertilidad. En términos sencillos, la materia orgánica posee cargas eléctricas que permiten retener algunos nutrientes que poseen carga eléctrica opuesta. Así un suelo con altos tenores de MO podrá retener en su matriz alta cantidad de nutrientes.

Por otro lado, algunas de sus fracciones más estables se unen con las partículas del suelo formando agregados que son la base de la estructura edáfica. Ello permitirá que el suelo esté adecuadamente aireado y tenga una buena retención de humedad.

La materia orgánica es además sustrato para la meso y microfauna permitiendo de esta forma que el suelo tenga vida.

Pero, ¿qué podemos hacer como productores para mejorar sus valores? En primer lugar, la ausencia de labores no oxigena violentamente el suelo. En consecuencia, no se producen los picos de oxidación de MO, típico en sistemas convencionales. Es decir que, al hacer directa disminuimos las pérdidas.

Por otro lado, si planteamos una rotación que permita un aporte importante de materia seca a través de los rastrojos, vamos a estar aumentando la única entrada importante al suelo que favorece la acumulación de MO. Es fundamental elegir una adecuada secuencia de cultivos y maximizar la productividad. Más rastrojos implican mayores posibilidades de acumular MO en el suelo.

También habrá que conocer la calidad de los rastrojos, ya que no todos tienen la misma constitución. Rastrojos de sorgo o maíz, caracterizados por una alta relación carbono/nitrógeno (C/N) favorecen una mayor humificación; en tanto que rastrojos de soja o girasol los cuales tienen una relación C/N baja destinan una fracción menor a la generación de humus.

Un párrafo aparte merece el hecho que la Siembra Directa es una actividad productiva que secuestra carbono (C), disminuyendo las consecuencias del efecto invernadero.

Ocurre que las plantas cultivadas, para efectuar el proceso de fotosíntesis, captan por sus estomas CO2 del aire y luego lo transforman en sustancias orgánicas que retienen en su estructura el carbono. Como en Siembra Directa los rastrojos quedan en superficie y las raíces en el perfil del suelo sin ser violentamente oxidados por efecto de las labranzas, los mismos pasarán a formar parte del suelo.

Específicamente, los rastrojos son descompuestos inicialmente por la mesofauna y seguidamente por los microorganismos, hasta convertirse en materia orgánica edáfica estable.

Se logra así captar el C de la atmósfera y secuestrarlo en el suelo. Como consecuencia, los niveles de CO2 serán menores respecto a si se realiza una agricultura tradicional.

La siembra directa, vista de esta manera es una actividad que contribuye a contrarrestar el recalentamiento del planeta, haciéndolo cada vez más habitable.

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Más información: La Siembra Directa y el suelo
Rotación de cultivos
La Siembra Directa y la nutrición de los cultivos
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