¿Qué pasa con las rotaciones en Chacabuco?

La Regional Chacabuco de Aapresid convocó a representaciones políticas del Honorable Concejo Deliberante de la comuna, a una reunión con el objetivo de llevar a conocimiento situaciones relevantes y generar un canal de diálogo técnico.

Algunos antecedentes

Ya hemos abordado en este espacio, la gran importancia que tiene la rotación de cultivos, de diferentes familias botánicas, en los planteos productivos. Así y como siempre mencionamos, cuando la soja comenzó a pisar fuerte allá por la década de los ’80, el beneficio que trajo esta leguminosa a todo el sistema, fue notable. Por aquellos años se fertilizaba muy poco en nuestra zona, y la soja vino a cumplir un rol novedoso para los productores que veían mejorar sus rendimientos de maíz luego de haber realizado un cultivo de soja.

Esto se debía a que, como sabemos, las leguminosas realizan un mutualismo (o simbiosis) con bacterias presentes en el suelo conocidas como Rizobios. La soja provee a los Rizobios (que se adhieren a su raíz en forma de nódulos) de componentes complejos elaborados por la fotosíntesis y que resultan fundamentales para una bacteria que habita en el suelo y no tiene acceso a la luz solar. Al mismo tiempo la bacteria, mediante mecanismos enzimáticos, toma el nitrógeno presente en la fase de aire que contiene el suelo y lo transforma en formas biológicas asimilables de nitrógeno que la soja utiliza como nutriente escencial. Por este motivo la leguminosa no necesita fertilización nitrogenada y el sistema agrícola aprovecha un mecanismo biológico natural al servicio de la producción de alimentos, fibras y energías.

 

Rotaciones positivas para el sistema

Como hemos descripto hasta aquí, las acciones positivas de la soja en el sistema agrícola resultan innegables, sin siquiera haber agregado a lo dicho, que también en la reciente década se ha convertido en una excelente captora de divisas de los mercados internacionales, y que por ende, permitió incrementar el flujo de dinero hacia nuestros productos exportables, como resultado de los altos precios internacionales que mantuvo hasta hace algunos meses. El problema aparece cuando todo el sistema comienza a basarse en un único cultivo, como vino pasando también durante toda esta reciente década. La falta de rotaciones con gramíneas comienza a conducir a todo el sistema hacia un círculo vicioso del que es difícil salir, y sus consecuencias se vuelven evidentes a través del empobrecimiento de los suelos, de la disminución de los niveles de materia orgánica, de la desestructuración y compactación de los mismos, etc.

¿Por casa como andamos?

La división política de Chacabuco ocupa un área de unas 229.000 hectáreas (has). La superficie sembrable, calculada según el área que ocupan los cultivos de verano, en base a datos del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, asciende a 173.000 has; o sea, que es apta para ser sembrada el 75,5% de su superficie. No obstante ello, el área cosechada en la campaña 2013/14 alcanzó a las 164.700 has., lo que equivale al 71,9% del área total del Partido. La diferencia entre el área sembrada y la efectivamente cosechada, puede deberse a distintos factores como la utilización de los cultivos con destino a forraje, problemas de anegamiento, etc.

 

Cultivos de verano

En la campaña 2013/14 los tres principales cultivos: soja, maíz y trigo, ocuparon 146.000 has, 17.000 has, y 17.600 has de cosecha respectivamente. En este punto es necesario recordar que el trigo ocupa el suelo en invierno, mientras que el maíz y la soja lo hacen en verano, por lo que no corresponde sumar las superficies. En el caso de que sean sumadas puede realizarse con fines ilustrativos, con el objetivo de mostrar como “se incrementa” la superficie agrícola al ser utilizada bajo planteos de dobles cultivos.

De esta manera, los dos principales cultivos de verano, soja y maíz, totalizan un área de 163.000 has efectivamente cosechadas. A partir de estos datos que hemos calculado, se desprenden algunas conclusiones: la soja ocupa en Chacabuco el 88,6%, el maíz apenas el 10,3%, y el girasol conjuntamente con el sorgo, de manera insignificante, aparecen con un 1% del área cosechada de cultivos extensivos de verano. Al mismo tiempo, la relación entre el área cosechada de soja y maíz arroja una relación de 8,6 has de soja por cada hectárea de maíz, o sea, 8,6:1 en nuestro distrito de Chacabuco.

En la Provincia de Bs As. el mismo índice desciende al orden de 6:1, en Provincia de Santa Fe 6,7:1, en Entre Ríos 5,8:1 y el promedio a nivel nacional se sitúa en torno a 4:1. Está claro que es más beneficioso para el suelo cuando el índice se sitúa más cerca del óptimo 1:1 de relación entre superficie de soja y maíz.

Durante la década de los años ’70 el área con maíz ocupó en promedio el 87% del área agrícola de Chacabuco; durante los ’80, y luego de la irrupción más contundente de la soja, esa proporción descendió al 56%; en los ’90 promedió el 31%; durante la primera década del siglo XXI ese promedio se situó en el 20,3%; y en la segunda década hasta la campaña 13/14 registró un nuevo descenso hasta un valor preocupante del 12,7%. Se sabe que en la reciente campaña se registró un nuevo descenso aún no cuantificado; y en el nuevo ciclo agrícola que está iniciando es probable que vuelva a descender, de no existir medidas que le devuelvan rentabilidad al maíz.

 

Cultivos de invierno

Para este caso consideraremos únicamente trigo y cebada, debido a que las otras producciones como colza, alpiste, avena, centeno, etc. presentan nulos datos de superficie y/o están por debajo de las mil hectáreas.

Durante la campaña de referencia 2013/14 en Chacabuco se cultivaron 7000 has de cebada y 17600 has de trigo, nuevamente tomando como fuente el Minagri; por lo tanto el área bajo cultivos de cosecha fina alcanzó las 24600 has, ello representa tan solo el 14,2% de la superficie apta para agricultura. En la Provincia de Bs As ese porcentaje adquirió un valor del 27,9%; recordemos que en el sudeste de la provincia, conocida como zona de mar y sierras, se encuentra el principal núcleo triguero y de cultivos de invierno del país.

Comparativamente ese valor para los mismos cultivos a nivel nacional promedia el 15,3%. Aquí podemos decir lo mismo que para el caso del maíz, de no existir medidas que le devuelvan rentabilidad al trigo y a los cultivos de invierno en general, por lo que es altamente probable que el área de cosecha fina vuelva a caer.

 

Consecuencias hidrológicas de la falta de rotación

La falta de rotación entre cultivos de invierno y de verano, como la baja proporción de maíz frente a la soja, generan muchos inconvenientes que atentan contra la sustentabilidad del sistema, como ya hemos detallado al inicio de esta columna. No obstante existe una situación de riesgo aún mayor, ya no solo para las producciones, sino para las poblaciones también. Apenas el 14,2% de la superficie estuvo afectada con dobles cultivos, o sea, un cultivo de invierno, como trigo y cebada, sumado al de verano, como soja o maíz; cuya demanda hídrica en conjunto oscila entre los 1000-1200 mm en el año.

Por lo tanto, el dato que preocupa es que casi el 90% del área de cultivos de verano (cuyo detalle se desarrolló y viene del apartado cultivos de verano) estuvo ocupada únicamente por soja. Si tenemos en cuenta que el consumo de agua de ese cultivo oscila entre 500-550 mm por año; esto nos lleva a la conclusión que esta situación se produce en casi el 70% de la superficie del Partido de Chacabuco (que es la superficie sembrable). Al mimos tiempo, si reflexionamos que la precipitación anual en Chacabuco en el año 2014 superó los 1600 mm en el año, es evidente que hubo un excedente de más de 1000 mm de agua en toda el área bajo cultivo de soja, que se viene acumulando año a año en el perfil del suelo, y por lo tanto empuja los niveles de las napas freáticas hacia la superficie.

Esta situación explica en gran parte por qué es más común que seamos testigos de anegamientos en numerosos sitios a lo largo y a lo ancho del nuestro partido, situación que alcanza como hemos visto a grandes áreas de nuestra provincia y se replica también en otras áreas del país.

Como siempre decimos, la sustentabilidad del sistema depende de muchos factores, y es necesario recordar que toda vez que se altera una variable, se altera el equilibrio; por lo tanto a la hora de tomar decisiones es necesario realizarlas sabiendo de antemano que la, o las variables, que se modifiquen tendrán un impacto en todo el sistema. Ciertas modificaciones pueden tener efectos positivos en ciertos casos, o bien otros negativos; y es evidente que enfocado sistémicamente, ciertos impactos económicos pueden afectar en las esferas ambiental y social de manera indirecta, además de la obvia directa, tal como hemos descripto. 

José Luis Tedesco
Ingeniero Agrónomo (UNLP)
Director Adjunto de Agricultura Certificada Aapresid

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