Más soja, para cuidar los números

Mientras esperan un rebote de precios, los productores asumen un plan de supervivencia.

Como si se tratara de un ejercicio de ensayo y error, el diseño de la actual campaña agrícola fue cambiando los planes de los productores en los últimos seis meses. Si allá por junio la idea era incluir al trigo dentro del esquema de producción, la falta de humedad obligó a suspender su presencia o, en el mejor de los casos, a recortar la superficie con el cereal; si en setiembre la estrategia era comenzar con el maíz, la precariedad de sus márgenes afectados por la suba de costos y la caída en el precio lo corrió de la rotación o, en el mejor de los escenarios, redujo su presencia al mínimo sustentable. 

Ante la ausencia de las gramíneas, el lugar será ocupado por la soja. Su mayor presencia en los planteos individuales hace que la oleaginosa se encamine a cubrir una superficie histórica: más de cinco millones de hectáreas en la provincia y 18 millones en todo el país. 

Mayor presencia. Hasta en los sistemas de punta, en los cuales la rotación es su principal capital, el poroto ocupará –al menos por este año– más espacio dentro de la secuencia agrícola, en perjuicio del maíz. 

Sin perder el norte que como productores de Aapresid les marca el rumbo de la sustentabilidad, los integrantes de la regional Monte Cristo se han visto obligados a tener que adaptarse a la coyuntura. Según afirman, por una cuestión de supervivencia. «Se ha reducido la rotación con maíz lo más posible, en algunos casos entrando con un piso de hasta un 20 por ciento», admitió Edgar Ramírez, presidente de la regional, durante una reunión que mantuvo el grupo con La Voz del Campo . 

De las 27 mil hectáreas que manejan sus ocho miembros, el maíz ocupará en el actual ciclo 6.200 hectáreas (23 por ciento), contra 8.900 hectáreas de la cosecha pasada (33 por ciento). En el reajuste, la soja incorporará 2.700 hectáreas más. 

«Nos vimos obligados a reducir la rotación. El año próximo es probable que nos encontremos con un escenario en el que haya más soja sobre soja. Pero el productor no puede hacer un emprendimiento en el cual la cuenta que realiza antes de empezar es tan fina que sólo si el clima acompaña puede ganar plata», admitió el productor Martín Recalde, también integrante de la regional. 

Expectativas de revancha. Más allá de la incertidumbre de corto plazo que imponen la crisis internacional y la intervención oficial sobre la comercialización, los productores mantienen su optimismo respecto de la evolución de los precios de los granos al momento de la cosecha. 

«Vamos a tener una revancha con los precios. No creo que sean los actuales los valores que tendrán los granos en mayo», sostuvo confiado Javier Amuchástegui, productor de Monte Cristo. 

Mientras tanto, los números actuales dificultan la ecuación económica. «Nos ofrecieron operaciones forward para el maíz a 95 dólares y para la soja a 202 dólares. Pero con esos valores es perder plata. Para salir cubiertos necesitamos un maíz de 130 dólares, con un rinde de indiferencia de 8.500 kilos por hectárea, y una soja de 250 dólares, con una productividad de entre 27 y 28 quintales por hectárea», precisó Ramírez. 

Manejo productivo. Con explotaciones en Río Segundo y Calchín, Horacio Linzoain, también le dará más preponderancia a la soja. 

«Si bien no vamos a dejar de usar los insumos, vamos a buscar ser eficientes para cuidar los números», aclaró otro de los integrantes del grupo de Aapresid. 

Dentro de este esquema, el maíz que incluirá en la rotación aún aguarda para la siembra. «Lo vamos a sembrar todo en diciembre. Tuve oportunidad de sembrarlo antes, pero preferí demorarlo a la espera de una mejor recarga en el suelo», afirmó Linzoain. 

En Villa Fontana, al norte del departamento Río Primero, Martín Recalde produce soja con un manejo que él mismo califica como «santiagueño». «Es porque tratamos de hacer las siembras en diciembre. Es a los fines de pasar enero y mediados de febrero, cuando hace más calor, con plantas con poco porte y así sobrevivir a ese horno. Y comenzar a ‘hacer’ el cultivo desde fines de febrero», comentó el productor. En búsqueda de más seguridad, y como parte de un planteo más conservador, Recalde no descarta irse con algunas siembras hasta enero. 

Como parte de un esquema diversificado, Raúl Arinci también hará más soja en detrimento del maíz, aunque no tanto. «Si bien reducimos algo la presencia del cereal, estamos en un 32 por ciento de la rotación», aclaró. 

En ese esquema, la soja no tendrá grandes cambios. «Apuntamos a trabajar en forma eficiente. Es muy poco lo que se puede hacer para ajustar sus números», confiesa. 

Más allá de los cultivos que intervienen en el modelo, el productor del centro norte de Córdoba muestra su preocupación por la evolución de la campaña. 

«En junio, la preocupación era económica y estaba centrada en si los números iban a cerrar al final de la campaña. Hoy la incertidumbre es financiera. Queda afrontar al menos el 30 por ciento de los gastos de la campaña y muchos productores, que no tuvieron la oportunidad de hacer caja con el trigo, tal vez tengan problemas en los próximo meses, mucho antes de que tengan lista la cosecha», recalcó. 

El 50 por ciento de la rotación con maíz que realizó el año pasado le permitió a Javier Amuchástegui reducir en esta campaña la presencia del cereal, sin signos de alarma. 

“Vamos a estar cerca del 20 por ciento, pero siempre dentro del esquema de rotación planteado a tres años. Tenemos más área con soja, pero los lotes están muy bien ‘engraminados’ lo que brinda condiciones para hacer el cultivo”, destacó el productor. 

Con casi la totalidad de las siembras realizadas, en su gran mayoría de variedades de ciclo corto a intermedios lo más temprano posible, el esquema de producción muestra la mayoría de la soja sobre rastrojo de maíz, mucha de segunda implantación sobre trigo y muy poca oleaginosa sobre su mismo antecesor. 

En el campo familiar de los Amuchástegui, donde la siembra directa ya tiene 16 años, la soja implantada el 13 de octubre muestra una buena evolución sobre un rastrojo que tuvo al maíz y al trigo como sus antiguos pobladores. 

La empresa agrícola a la que pertenece Ramírez ya sembró entre el 85 al 90 por ciento de la soja. 

“En algunos lugares tuvimos que resembrar por problemas de energía en la semilla”, reveló. El grueso del paquete incluye variedades de ciclo cuatro medios a cuatro largos y, eventualmente, algo de grupo de madurez tres, como una estrategia “de poner fichas en otro tablero”, graficó el productor. Mientras tanto, el 80 por ciento del maíz espera por la siembra. Sólo se implantaron aquellos lotes donde la recarga del perfil era la adecuada. En el resto se decidió esperar la recarga para poder ajustar la fertilización. 

Con las cartas ya sobre la mesa, los productores aguardan a que el clima pueda compensar con buenos rendimientos la incertidumbre que impone los precios.

 

 

Horacio Linzoain, Ariel Masgrau, Raúl Arinci, Martín Recalde, Edgar Ramírez y Javier Amuchástegui, en un potrero de soja en directa sobre rastrojo de maíz, en la zona de Monte Cristo (Darío Galiano).

 

Fuente: La Voz del campo.