Prácticas de fertilización para elevar la productividad de los cultivos

Durante el encuentro UPA de la Regional Del Campillo, se expusieron varias estrategias de fertilización y nutrición balanceada.

Más de 120 asistentes participaron de una nueva jornada campera “Un productor en acción” (UPA) que organizó la Regional Del Campillo el 7 de marzo en la estancia La María. Durante el encuentro, los participantes transitaron por cinco estaciones a campo y escucharon destacadas conferencias .

La apertura estuvo a cargo de Francisco Caminoa, presidente de la Regional, quien destacó la posibilidad de mostrar a la comunidad el trabajo que se viene haciendo en la zona. Por su parte, el Ing. Agr. Guillermo Rivetti, miembro de la Regional Del Campillo, presentó las temáticas que se prepararon para cada estación y en las que algunas empresas mostraron sus productos.

Tal fue el caso de la primera estación, donde se observaron 20 variedades de soja de distintos semilleros (Nidera, Dow AgroSciences, Syngenta y Don Mario). Especialistas en el tema, compartieron las características de cada variedad para poder elegir el ambiente de producción adecuado a cada una de ellas. Mientras que en las estaciones tres y cuatro, dichas variedades se pusieron a prueba con las malezas, principalmente, Amaranthus spp. La competencia con esta maleza se logró vencer gracias a los nuevos productos presentados por Summit Agro y por Basf.

En la segunda estación, el Ing. Agr. Msc. Matías Saks de Bunge, habló sobre el manejo de fertilización en soja y puso énfasis en las brechas de rendimiento que hay hoy en Argentina, con valores entre 38 y 42% en secano. Las principales causas apuntan a la degradación de los suelos y a la nutrición deficitaria del sistema. En este punto, la soja juega un papel preponderante ya que solo se repone entre el 8 y el 10% de los nutrientes extraídos por el cultivo. Mientras que en trigo y maíz, los valores se acercan al 80% de reposición.

En el caso del Fósforo, la reposición en los planteos tradicionales es muy baja y el balance del nutriente depende en gran medida de cómo se presente el año, ya que altos rindes implican elevada extracción y por ende, balance negativo. En este punto, el momento de fertilización parece ser una cuestión a ajustar. Según los resultados de la Red de Fertilización en Soja que lleva adelante Bunge, la incorporación de fósforo a la siembra como arrancador presenta una alta variabilidad en la eficiencia de uso. Mientras que los planteos de reposición fraccionada (70% invierno, 30% a la siembra) mejoran la eficiencia y respuesta a la fertilización fosfatada.

Si bien la mayor parte de las regiones productivas presentan suelos con pH levemente ácido, es importante considerar que en aquellos sitios con valores por encima de 7, se debe utilizar el método Olsen para medir P en laboratorio. “Es un problema común que no se considere el pH del suelo al enviar las muestras a laboratorio, y por lo tanto, no se utilice el extractante adecuado”, remarcó Saks.

Otro punto que mencionó fue la necesidad de medir la variabilidad de ambientes de producción que presenta cada lote y evaluar las alternativas de fertilización variable como una tecnología necesaria.

Al contemplar la inclusión de otros nutrientes en el análisis, el especialista destacó que “la inclusión de azufre en planteos de fertilización integral es fundamental para maximizar la eficiencia y rentabilidad del sistema”. Aunque con menos información que otros nutrientes, la inclusión de Zn y Boro en los proyectos de investigación de la empresa, están dando resultados positivos, con altos niveles de respuesta y frecuencia.

Al cierre de la estación, se concluyó en la necesidad de implementar planteos de fertilización integral en soja, considerar momentos de aplicación de P y no descuidar las limitantes físicas de los suelos que muchas veces pueden condicionar la respuesta a la fertilización.

La tercera estación estuvo a cargo de Summit Agro, quienes presentaron las ventajas de Fierce, una mezcla de dos principios activos: Flumioxazin junto con la nueva Tecnología AXEEV que corresponde a una nueva familia química de herbicidas, las isoxazolinas. La Ing. Agr. Carolina Martino, detalló las características y ventajas de este producto testeado a campo y se lo comparó con el tratamiento del productor.

En la quinta estación se observaron tres parcelas de un ensayo que llevó a cabo el Ing. Agr. Juan Cacciavilliani de Demeter Lab, al inicio de campaña, para evaluar mezcla de principios activos. “En control de malezas hay problemas que van más allá de los productos que usamos”, sostuvo el especialista. Algunos de estos inconvenientes radican en cuestiones como la limpieza del tanque de la pulverizadora y las mezclas que desencadenan procesos químicos que se deben conocer y controlar.

En esta línea, comentó algunos principios básicos de la química de los productos para tener en cuenta:

  • Tamaño de partículas y formulación: es necesario comprender la escala a la que se trabaja, ya que allí radican algunas de las explicaciones del comportamiento de los productos. “Por ejemplo, el rango de partículas en el que se trabaja está entre 150 micrómetros (tamaño de malla del filtro) y 280 picómetros (tamaño de la molécula de agua). Según donde nos ubiquemos dentro de dicho rango, van a gobernar las fuerzas intermoleculares (menor tamaño), o la fuerza de la gravedad (mayor tamaño), predisponiendo a la precipitación de los activos”, detalló.
  • pKa: se define como el valor de pH de la solución, en el cual el 50% de las moléculas se encuentra en forma neutral y el otro 50% en forma iónica. Esto incide sobre la solubilidad del producto ya que la forma iónica es soluble en agua, mientras que la forma neutral lo es en aceite. De allí la importancia de conocer el valor pKa de cada formulación.

Cacciavilliani contó que uno de los inconvenientes que más se presentan en aplicaciones de herbicidas es la mezcla de Glifosato sal potásica con 2,4-d dimetilamina en bajo volumen de agua, que forma una sal insoluble que provoca el tapado de picos. Según indicó, la solución en este caso es levantar el volumen de agua hasta por lo menos 80 litros, y no realizar la mezcla con bajo volumen, puesto que la formación de sal es irreversible, incluso si el agua restante se incorpora después. “Otra de las alternativas sería utilizar un Glifosato dimetilamina cuya compatibilidad con 2,4-d dimetilamina es absoluta”, agregó.

El orden para realizar la mezcla también es un factor a tener en cuenta. Si un producto es afectado por el pH, no se lo puede colocar en una solución que haya sido acidificada por el agregado de Glifosato ya que, probablemente, se observe una coagulación del caldo.

La cantidad de escenarios posibles cuando se habla de mezclas de tanque en pulverizadoras es prácticamente infinita. Por ello, el especialista recomendó realizar la mezcla de los productos en pequeña escala antes de cargar la pulverizadora. De esta manera, y siempre que esté asegurado el correcto funcionamiento y limpieza de la máquina, se evitarán muchos inconvenientes y se mejorará la calidad de las aplicaciones.

En la cuarta estación, el Ing. Agr. Daniel Ulla de Basf, presentó Zidua, un producto innovador, resultado de la mezcla de Pyroxasulfone y Saflufenacil. Durante la exposición, se observó detenidamente el ensayo que realizó Ulla a principios de la campaña con distintos productos, y se pudo apreciar el eficiente control de Zidua sobre diversas malezas.

Para terminar la jornada, el Dr. Gabriel Espósito de la UNRC brindó una conferencia sobre “Manejo de fertilización en soja y maíz”. Según expuso, la fertilización balanceada es el mejor camino para obtener altas respuestas y mejorar la eficiencia del uso de fósforo, siempre acompañado de un adecuado manejo previo del lote.

Como primer paso para diseñar estrategias agronómicas y definir planteos de fertilización, hay que determinar cuáles son las limitantes edáficas del sistema y jerarquizarlas. “Algunas de estas limitantes son de carácter irreversible, por ende nos plantean la necesidad de cambiar el uso de la tierra. Ejemplo de ello podrían ser el hidromorfismo, profundidad del perfil, textura, salinidad, etc.”, remarcó.

En cuanto a soja, enfatizó en la necesidad de diseñar estrategias de nutrición balanceada. En el caso de Fósforo, esto se traduciría en aumentos de la eficiencia del P aplicado y, por lo tanto en una modificación en su relación Precio/Rinde. Según algunos resultados obtenidos por Espósito y su grupo de investigación, se encontraron respuestas al agregado de P hasta 18 ppm en soja para la zona de Río Cuarto. No obstante, el especialista aclaró que las buenas condiciones climáticas de las últimas campañas que permitieron alcanzar rendimientos superiores a 4 mil kg/ha, enmascaran las deficiencias de P en nuestros suelos, sobre todo si se considera que la respuesta a P disminuye en años húmedos.

En relación al cultivo de maíz, el fósforo cobra una importancia aún mayor en campañas secas. En la raíz se encontró la mayor cantidad de puntos de crecimiento activos de la planta, lo que implica una alta demanda de energía y, por tanto, un mayor consumo de ATP cuya síntesis depende de la provisión de P. De allí la importancia de este nutriente en el desarrollo radicular que permite una mejor exploración del perfil mitigando los impactos de años secos.

En cuanto al umbral de respuesta a P, Espósito mencionó que depende mucho de las condiciones climáticas de cada año y de las características edáficas. Según señaló, existe una alta probabilidad de encontrar respuestas hasta 30 ppm, sobre todo cuando imperan condiciones de sequía.

El Zinc es otro de los nutrientes sobre los que se desarrollaron varias líneas de investigación. Su importancia está dada, principalmente, por su relación con la sincronicidad floral y viabilidad de polen. La sintomatología que caracteriza la deficiencia de Zn es la clorosis internerval solo en hojas nuevas, mayormente visible en los primeros estadios de desarrollo. Por lo general, la planta logra sobreponerse aunque se observan respuestas en rendimiento al agregado de Zn con valores menores a 1 ppm en suelo.

Un aspecto importante a considerar es el antagonismo entre P y Zn, que puede conducir a deficiencias de Zn por el agregado de grandes cantidades de P. Esto es porque altos niveles de P disponible, reducen el desarrollo de micorrizas que son las responsables de lograr asimilar el Zn disponible.

Con respecto a Nitrógeno, los híbridos modernos retrasaron el estado fenológico en el que se da la mayor tasa de absorción de N, por lo que enfatizó en la necesidad de ajustar el momento de aplicación. “Debemos lograr una mejor sincronización entre el momento de aplicación y el momento de mayor demanda por parte del cultivo”, sostuvo.

La recomendación sería colocar la fuente de N a partir de V6. Si por el contrario, se opta por fertilizar con N sólo la siembra, el productor se expone a diversos factores negativos, entre los que mencionó:

  • Exacerbado crecimiento vegetal y pobre desarrollo radicular que predisponen al vuelco de plantas.
  • Mayor exposición de la fuente de N a pérdidas por lixiviación en suelos arenosos.
  • Menor certeza de pronósticos climáticos de la campaña, que impide un ajuste adecuado de las necesidades de N.
  • Consumo de N innecesario en etapas tempranas del cultivo, lo que reduce su disponibilidad en momento críticos.

Finalmente, Espósito adelantó algunos avances que realizan para lograr un modelo de ajuste de fertilización nitrogenada en interacción con densidad. La base de este modelo se basa en el cálculo de la necesidad de N por planta individual, que rondaría en valores promedios de 2,3 gr N/pl. Para calcular la cantidad total de N que se requiere, hay que recurrir al ajuste de la DOA (densidad óptima agronómica), definida como la densidad que permite un rendimiento individual que oscila entre 120-180 gr/pl. De esta manera, según el potencial de producción de cada ambiente, se puede determinar cuál sería la DOA y, en base a ello, determinar la cantidad de N necesario. Cabe destacar que para lograr un correcto ajuste del modelo, los semilleros deberían brindar la información de cuál es la producción individual por planta de cada híbrido en la DOA.