Volver a la labranza convencional: un grave error

Productores en La Pampa piensan que así podrán combatir a las malezas resistentes y reducir costos. La Regional Aapresid de la zona salió en defensa de la Siembra Directa.

A partir del surgimiento de malezas resistentes y la mala relación insumos/granos, alrededor de un 30%  de productores de La Pampa dejarían la siembra directa. Sin embargo, el presidente de la regional Aapresid de esa provincia aseguró que «sería una locura».

La siembra directa es una de las prácticas que viene dominando la agricultura a partir de su implementación en la década del 90. Hoy es una realidad, donde más del 90% de la superficie se hace bajo está técnica y los frutos fueron más que evidentes en los últimos años. 

Sin embargo, durante esta campaña de granos gruesos en La Pampa advirtieron que se haría un 30% de la superficie bajo labranza convencional. 

Por este motivo, Infocampo dialogó con Mariano Fava, de ACA Insumos, quien afirmó este dato, y con Oscar Ormeño, presidente de la regional de Aapresid de La Pampa, quien tiene otro punto de vista. 

Para empezar, Mariano Fava indicó que la siembra directa es y será la forma de producción más importante de la Argentina. Sin embargo, aseguró que en La Pampa un 30 por ciento de la superficie de cosecha gruesa se va a plantar en sistemas de labranza convencional. 

i16433-labranza-siembra-convencional-631«El empresariado rural empieza a hacer números de cara a la próxima zafra de cosecha gruesa. Con la baja de los precios internacionales de los granos, y con un tipo de cambio a nuestro juicio retrasado, resulta fácil entender el motivo respecto de que muchos técnicos y productores quieren repetir la receta que han aplicado en la siembra de trigo», afirmó. 

La vuelta a la labranza convencional, según Fava, se debe a una serie de variables tanto coyunturales como estructurales. En cuanto a las primeras, señaló que tiene que ver con la baja de los precios internacionales de los granos, la relación de costos agroquímicos/ gasoil que favorece la labranza, mala relación económica insumo/producto entre los granos/fertilizantes, donde también favorece la labranza para disminuir la necesidad de fertilización inicial de los cultivos, dos años de malas cosechas que hacen que el productor trate de invertir lo menos posible y buena provisión de humedad que hace relativamente menos importante cuidar los milímetros en el suelo a través de la siembra directa. 

Y en cuanto a las variables estructurales, Fava resaltó que es por el aumento de la maleza resistente a glifosato y la mayor complejidad y encarecimiento de los “caldos” de agroquímicos con alto porcentaje de falla en los tratamientos (pulverizaciones de lotes). 

«Durante los últimos años se ha observado una regla que nunca deja de perder vigencia, y es nada más y nada menos que todo tiene un ciclo, todo vuelve, y no se puede ser un fanático de nada, es decir las técnicas y tecnologías no son ni buenas ni malas, sino que están ahí a la mano de los ingenieros y empresarios rurales, quienes deben ser lo suficientemente inteligentes y ‘abiertos de mente’, para poder escoger una u otra opción de producción o paquete tecnológico, según la conveniencia para la empresa en base a la realidad que le toca vivir». 

Por su parte, el presidente de Aapreisd de La Pampa, Oscar Ormeño, remarcó que es imposible que los lotes que están bajo el sistema de siembra directa vuelvan a la labranza convencional. “Sería una locura”, sintetizó Ormeño. 

En este punto, Ormeño indicó que los planteos en esta zona son de una variada rotación de cultivos, donde no prevalece el monocultivo de soja que es cuando aparecen la mayor cantidad de malezas resistentes. “Si bien es un problema para los productores, no es necesario remover la tierra para poder controlarlas”, indicó. 

Asimismo, el presidente de la regional La Pampa informó que en algunas circunstancias los productores pueden llegar a realizar esta siembra, ya sea en lotes desparejos o que han sido pisado, en campos con suelos duros o campos con montes, pero la superficie no es significante. 

En este sentido, destacó que al volver a la labranza convencional se perderían tres variables: habría una pérdida de agua en el suelo porque el consumo de humedad de la labranza convencional es muy marcada en referencia a la SD. Luego, Ormeño indicó que se pierde cobertura donde los suelos quedan susceptibles al planchado. Y por último, las semillas de malezas que no germinaban anteriormente porque no estaban dadas las condiciones, al volver a la labranza, las semillas pueden emerger si se vuelven a dar las condiciones ambientales favorables. 

Asimismo, Fava aclaró que no es que la siembra directa haya caído en desgracia, ni que se vuelque nuevamente el campo a la labranza convencional. «Sin duda que la siembra directa es y será la forma de producción más importante de la Argentina de ahora en adelante, pero no es menos cierto que debemos acostumbrarnos a que ocasionalmente habrá que roturar los suelos, de manera de darle nueva- mente una gran inestabilidad ecológica al agro- ecosistema, lo que elevará la productividad». 

Pero para esto, señaló, “deberemos gastar mucha energía química (agroquímicos, fertilizantes y gas-oil) para estabilizarlo”. «En un potrero natural, éste está colo- nizado por especies perennes, es una condición muy estable pero produce poco; al ararlo cambia la relación de individuos (especies que lo ocupan), y en una primera etapa aparecen plan- tas con gran capacidad de crecimiento, lo que aumenta la producción, pero lo torna inestable». 

Así, indicó que el hombre lo estabiliza a través del control de plagas y malezas con el agregado de energía externa (agroquímicos, fertilizantes, gasoil, trabajo humano, etc.). Y con los años de siembra directa el sistema se va estabilizando, cambiando el perfil de malezas y otras adversidades (hongos e insectos), que motivan la necesidad de disturbar nuevamente ese microclima. 

«Sobre todo las nuevas generaciones, debemos perderle el miedo al arado, no es grave por tener que roturar un potrero, simplemente que se debe hacer de la manera más racional posible, teniendo claro qué objetivo se persigue, por lo cual qué herramienta nos convendrá usar dependiendo exclusivamente del lote en cuestión, ya que está afectado por un sinnúmero de variables, como, por ejemplo, textura edáfica, topografía, clima de la zona (erosión eólica), propiedades físicas del suelo (compactación sub superficial), historia del potrero, cultivo a plantar», expresó. 

Fava, por último, señaló que a la hora de elegir una herramienta de labranza hay dos opciones: cincel de labranza vertical y rastra de disco. «Si bien la labranza vertical es conocida como conservacionista, la misma permite evitar la erosión eólica pues deja un suelo rugoso y con una cobertura de alrededor del 30% que es el umbral para evitar este tipo de adversidad por acción de los vientos». 

Sin embargo, el arado cincel rompe la estabilidad estructural del suelo en profundidad, que es la más difícil de lograr, por lo que si estamos en suelos pesados y de poco riesgo de erosión eólica debemos evitar este tipo de sistema de labranza, ya que la estructura lograda por la descomposición de las raíces es la más estable y la que nos interesa preservar. 

Asimismo, el arado de discos pasado de manera superficial permite controlar las malas hierbas y aumenta el coeficiente de oxidación de la materia orgánica joven, esto es lo que busca el productor para eliminar malezas y no tener que incurrir en una fertilización de arranque. Sin embargo, deja muy poca cobertura, con el suelo sensible a los efectos erosivos del viento y el agua. Por esta misma situación no mejora el uso del agua.

Fuente: Infocampo
http://infocampo.com.ar/nota/campo/61031/la-pampa-aseguran-que-productores-se-volcaran-nuevamente-a-la-labranza-convencional