Con las malezas difíciles, se acabaron las recetas

La expansión de las malezas resistentes y tolerantes exige un replanteo de las prácticas agrícolas actuales. Por qué la tecnología ya no podrá ir por delante del conocimiento.

Hace 9 años se descubría en la Argentina la presencia de la primera maleza resistente a glifosato, el sorgo de Alepo. Ese fue el comienzo de una ola que llega hasta la actualidad y amenaza con transmutarse en un tsunami en caso de que no se implementen las soluciones a tiempo.

La Red de conocimiento en Malezas Resistentes (REM) de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) consigna la existencia en el país de 16 biotipos –pertenecientes a 12 especies distintas– resistentes a herbicidas de 3 diferentes mecanismos de acción, incluyendo 2 casos de resistencias múltiples. Además, Martín Marzetti, gerente del programa, advierte que “todos los años se agregan 1 o 2 especies a la lista”.

Las soluciones, para Marzetti, ya no vienen en un bidón: “La forma en que se saldrá de este problema no se puede resumir en dos frases, ni pasa por cambiar un herbicida por otro, estamos precisando un cambio cultural que implica en parte volver a lo que se hacía antes de la era del glifosato”, asevera.

Hoy en día, buena parte del foco está puesto en el crecimiento de los yuyos colorados Amaranthus quitensis y Amaranthus palmeri, resistentes a glifosato el primero, y a herbicidas inhibidores de ALS el segundo. “Desde hace dos años que se los ve ocupar cada vez más superficie, y se espera que en la próxima campaña siga incrementándose su presencia”, señala Marzetti.

Sin embargo, existen más novedades en el tema: “Mientras los yuyos colorados están en todo el territorio, a nivel regional también pasan cosas. Hace un mes se informó la resistencia de Urochloa panicoides a glifosato en Tucumán, aunque también puede encontrarse en Santiago del Estero, Chaco y el norte de Córdoba. Además, hay sospechas de resistencia de Hirschfeldia incana a herbicidas inhibidores de ALS en el sudoeste bonaerense”, repasa el gerente de REM.

Los cultivos más afectados son la soja y el maíz, ya que son los más sembrados. La problemática de las malezas de difícil control, según Marzetti, es a la vez causa y consecuencia de la centralidad de esos dos cultivos –mucho más pronunciada en la soja– en los sistemas agrícolas del país, “ya que el hecho de que se hayan perdido muchos cultivos de invierno agrava la situación. Los lotes quedan muy libres durante esa estación, y las malezas que crecen en el barbecho luego complican a los cultivos de verano”.

El costo de controlar el yuyo colorado, según Marzetti, ronda los 100 dólares por hectárea. “De todas formas, varía según la gravedad del problema que existe en cada región, y hasta en cada lote”, aclara, y adelanta que la REM se encuentra iniciando un trabajo para relevar los costos que implica el control de cada maleza según la zona de que se trate.

Además del yuyo colorado –maleza predominantemente de verano– otro grupo que afecta a los dos principales cultivos del país son las gramíneas anuales, entre las que se encuentran pata de ganso, capín y sorgo de Alepo, todas ellas resistentes a glifosato. “Si uno mira un mapa, nota que estas tres malezas no están insertas en forma de focos localizados sino que ocupan casi toda la superficie agrícola desde el centro de Buenos Aires hasta Salta”, advierte Marzetti, para luego aclarar: “Esto no significa que todos los lotes tengan la maleza, ni que donde están ocupan todo el lote, pero sí que en cada zona hay campos que tienen el problema”.

No obstante, existen también malezas difíciles que complican a los cultivos de invierno, como el raigrás anual resistente a glifosato en la provincia de Buenos Aires, sur de Santa Fe y sudeste de Entre Ríos, que afecta al trigo y la cebada.

Otro capítulo aparte son las malezas tolerantes a glifosato, que se adaptaron muy bien a los sistemas de producción del país –debido a la baja remoción del suelo– como rama negra, chloris, gomphrena y borreria. “Según la zona, existen 2 o 3 de estas malezas tolerantes, que son un verdadero dolor de cabeza para cada región”, advierte Marzetti.

Más conocimiento por hectárea

Existe un antecedente en el país de una maleza resistente a herbicidas anterior al sorgo de Alepo (detectado en 2005). Se trata del Amaranthus quitensis, el yuyo colorado que demostró resistencia a la familia de herbicidas inhibidores de ALS, debido al extendido uso que se hacía del imazetapir para controlar las malezas en soja hasta ese momento. “Eso ocurrió en 1996, el mismo año en que se lanzó la soja RR1 y el glifosato, que afortunadamente controló perfectamente al yuyo colorado”, relata Marzetti. Pero la eficacia y el bajo precio del glifosato fueron una tentación muy grande, y así, el abuso de la receta fue el origen de un problema mayor.


Lo importante, según Martín Marzetti , REM –Aapresid. 


“Las soluciones ya no vienen en un bidón”.

“Todo esto nos obliga a volver al lote. Como se nos acabaron las soluciones fáciles, hace falta mucho más conocimiento por hectárea”.

“Las tecnologías ya no serán la solución principal, sino una ayuda para resolver el problema junto al resto de las prácticas culturales”.

“Todo esto nos obliga a volver al lote”, apunta Marzetti. “Como se nos acabaron las soluciones fáciles, hace falta mucho más conocimiento por hectárea. Saldremos de esto con un manejo integrado de los sistemas agrícolas, lo que incluye prácticas como la mezcla y rotación de herbicidas, el uso de dosis adecuadas en el momento adecuado, más todo lo referido a las herramientas culturales: rotación de cultivos, fechas de siembra adecuadas, distanciamiento entre surcos, cultivos de cobertura, reconocimiento de las malezas a tiempo, entre otras. Las tecnologías particulares ya no serán la solución principal, sino que serán una ayuda para resolver el problema junto al resto de las prácticas culturales”, define.

Otra arista del problema es que no distingue entre productores grandes y pequeños. “Existen empresas muy grandes, que trabajan miles de hectáreas, en las que no se ha tomado conciencia de la dimensión que adquiere todo esto y tienen contratado un solo asesor que nunca llega a mirar toda la superficie”, señala el especialista de Aapresid. “La primera recomendación general es tomar conciencia e invertir en más conocimiento dentro de cada lote hoy mismo, porque si se dejan estar, el problema será más severo y la solución mucho más costosa”, afirma.

También existe, para el gerente de REM, un bache en las políticas oficiales en cuanto a la problemática. “Hasta el momento, el Estado reconoce el problema pero no toma acciones concretas, y es una lástima, porque las posibilidades son muchas, desde el armado de capacitaciones hasta legislaciones y reglamentaciones sobre el uso de determinados productos, o sobre los alquileres, que son algunas de las causas”, considera.

Según Marzetti, esta realidad persistirá hasta tanto los productores logren quebrar la inercia en sus prácticas culturales: “Por algunos años seguramente seguiremos agregando malezas a la lista, pero uno espera que esta tendencia pueda al menos atenuarse en el mediano plazo. Si se sigue haciendo lo mismo, la tendencia va a seguir como hasta ahora o se va a incrementar. Pero tenemos la esperanza de que pueda amortiguarse con la adopción de prácticas de manejo más integrales”, concluye.


Una red en alerta las 24 horas


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» La Red de conocimientos en Malezas Resistentes (REM) puesta en marcha por la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) tiene como función alertar sobre nuevos casos sospechosos de resistencia apenas ocurren. Desde la entidad aseguran que son un lugar único de consulta a nivel nacional porque allí donde hay una maleza resistente, la red está presente.

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Fuente: La Nación 
http://especiales.lanacion.com.ar/destacados/14/malezas/nota1.asp

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