Cultivos de cobertura para el manejo de malezas

Experiencias en distintas regiones agroecológicas demuestran los beneficios de su adopción.

En el pasado Congreso Aapresid se realizó un taller referido a la utilización cultivos de cobertura para el manejo de malezas. Y en este ámbito se pudieron compartir 3 experiencias de ambientes agroecológicamente muy diferentes: Daniel Volpe, miembro de la Regional Aapresid Paraná, Gabriel Garnero de Hilario Lagos, noreste de la Pampa y Mariano Granetto y Gustavo Zamora de la Regional Aapresid de Río Segundo, centro-norte de Córdoba.

Daniel Volpe mostró numerosos datos de ensayos llevados a cabo por la Regional Paraná. Ellos buscaban, con la incorporación de cultivos de cobertura, incrementar la sustentabilidad del sistema capturando recursos subutilizados, como son el agua y la luz en el período de barbecho invernal. Por otro parte, Garnero, que trabaja en una zona mucho más seca y ventosa, busca disminuir la erosión y aumentar la eficiencia del uso del agua, dado que los barbechos invernales tienen eficiencia negativa (es menor la cantidad de agua acumulada en el perfil al finalizar el barbecho que en su comienzo). Y por último, los miembros de la Regional Río Segundo buscan especialmente una herramienta que aporte al manejo de las malezas de invierno y primavera que tanto han crecido en los últimos años por la disminución del área sembrada con trigo. Aún buscando cosas diferentes, todos concuerdan en que los cultivos de cobertura aportan, y mucho, al manejo de malezas.

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Volpe comentó que ellos trabajaron con leguminosas, especialmente vicia, melilotus y trébol rojo. Con estas especies, lograron producciones de materia seca que fluctuaron desde 4.000 hasta casi 10.000 Kg/ha. Las fechas de siembra se ubicaron entre mediados de abril y fines de mayo, tras la cosecha del cultivo de verano, y el pico de crecimiento se encuentra en los meses de septiembre y octubre. Esto obliga a sembrar el cultivo siguiente a partir de noviembre, es decir que de hacerse maíz será como tardío. En cuanto a esto, Garnero afirmó que sucede lo mismo en su zona y que de ante mano ellos planifican un maíz tardío que les asegura además una mayor estabilidad de rendimientos por escapar el período crítico del cultivo al mes de enero. Ante la consulta de uno de los participantes de poder dejar para producción de semilla el cultivo de cobertura, los disertantes fueron enfáticos en que ello llevaría a un consumo excesivo de agua que pone en riesgo el rendimiento del cultivo siguiente, y por otro lado, hay que cuidar de no transformar al cultivo de cobertura en maleza debido las pérdidas de semilla que ocurrirían en la cosecha y que podrían generar un inconveniente los próximos años, especialmente en el caso de vicia y melilotus.

La utilización de leguminosas, tiene como ventaja el aporte de nitrógeno, que para los ensayos de Volpe alcanzaron los 140 a 250 Kg/ha, lo que traducido en fertilizante paga cómodamente el costo del cultivo de cobertura. Aún con esos valores de nitrógeno, ellos vieron que la fertilización del cultivo posterior tuvo un efecto sinérgico con lo aportado por el de cobertura.

En los casos de La Pampa y Córdoba, usan mayormente gramíneas como cobertura, y entre éstas el centeno es el principal, por su mayor eficiencia en el uso del agua respecto a otras gramíneas invernales y porque además posee efectos alelopáticos que contribuyen al control de malezas.

En cuanto al efecto de los cultivos de cobertura sobre las malezas, en todos los casos, las diferencias respecto a un barbecho son marcadas, porque se evitan aplicaciones y porque además el efecto continúa dentro del cultivo posterior, en el que si bien es comúnmente necesaria alguna aplicación de herbicida, la presión de malezas es considerablemente menor.

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Dentro de un cultivo de cobertura no crecen malezas. Foto: Daniel Volpe

Como aspectos negativos pueden mencionarse el consumo de agua que puede afectar el cultivo posterior si el año es seco y si el cultivo de cobertura se seca tardíamente, mayor dificultad para lograr una correcta implantación sobre la cobertura, el gasto inicial necesario y los problemas operativos, como cualquier cultivo.

Los aspectos positivos van más allá de los que proponía el taller e incluyen la cobertura del suelo, el aporte de carbono, el aporte de nutrientes, la reducción de la erosión, la mejora de la estructura del suelo, como principales.

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