Los cultivos de coberturas suman, y mucho

El día 8 de Noviembre se llevó a cabo en la localidad de Bandera, la jornada Testimoniales REM.

Bajo la premisa “Cultivos de cobertura como herramientas para el manejo de malezas, el Ing. Agr. Matías Bertolotto a modo de introducción explicó al público presente el sentido de las Testimoniales REM, siendo éstas no solo una oportunidad para poder ver trabajos de investigación a campo, sino que además permiten recabar información de manejo empleadas por los productores de las distintas zonas.

La utilización de cultivos de servicio, es una herramienta que está fuertemente vinculada al programa REM de Aapresid. Ya que permite actuar frente al problema de malezas resistentes, el cual acumula 31 biotipos resistentes, que van desde la resistencia a ALS de Yuyo colorado evidenciada en el año `96 en la zona de Marcos Juárez hasta la actualidad, donde se encontró resistencia a Glifosato, 2-4 D y Dicamba en el norte de Santa Fe en la misma especie.

A partir de 2010, la tendencia de la curva conlleva a la aparición de resistencias de 4 biotipos por año”, expresó Matías Bertolotto.

Al realizar los mapas de abundancia y distribución de malezas relevantes resistentes a Glifosato, el Ing. Bertolotto resaltó la presencia de:

  • Yuyo colorado (Amaranthus hybridus; A. palmeri): con presencia en el sur de Santa Fe, Cordoba, La Pampa y Buenos Aires.
  • Chloris: Chaco, norte de Santa Fe y Santiago del Estero.
  • Eleusine: Cordoba.
  • Echinochloa: zonas cercanas a Norte de Buenos y Entre Ríos.
  • Sorgo de Alepo: donde el NEA presenta los mayores valores.

Entre los motivos por los que hay que pensar manejos diferentes, se encuentran la utilización reiterada de los mismos principios activos y la generación de resistencias, el deterioro de los suelos (producto de años de agricultura continua con baja rotación de cultivos) y la presión social.

Luego el Ing. Agr. Francisco Cosci, quien fuera hasta hace unos meses Gerente Técnico de Desarrollo de la Chacra Bandera de Aapresid, caracterizó a la Chacra Bandera con el fin de poder luego incorporar los cultivos de cobertura a los sistemas.

Los sistemas típicos de la zona comprenden cultivos de verano con barbechos químicos largos, debido tal vez a la escasez de agua o por cuestiones externas a la actividad (como políticas que no incentivaban a la realización de cultivos como trigo). El régimen hídrico anual, es de aproximadamente 800 mm con una alta variación interanual que dificulta la planificación de estrategias o intensificaciones. Con un promedio histórico de rendimiento de trigo de 2000 kg que varía según las condiciones climáticas, muchas veces genera que la decisión de manejo adoptada por la empresa sea realizar un cultivo de verano con barbecho químico largo.

En lo que respecta a la capacidad de almacenaje, el perfil de la zona ronda alrededor de los 300 mm hasta los 2m; esto nos define que sistema podemos adaptar, permitiendo tal vez sumar otro cultivo que precisamente puede no ser de cosecha, como los cultivos de servicio, dejando de presionar el sistema y disminuyendo el uso herbicidas.

Indudablemente los sistemas simplificados utilizados, dejan de ser productivos, ya que no solo han traído aparejado problemas de malezas resistentes, sino también problemas de fertilidad, un balance de carbono negativo, por pérdida de materia orgánica, teniendo como consecuencia un deterioro continuo del sistema.

La finalidad de la Chacra Bandera ha sido desarrollar un manejo integrado que sea ajustado para la zona con el fin de disminuir la cantidad de malezas que la afectan. Para ello, se debió incorporar todas las herramientas disponibles como conocer la biología de las malezas (conocer su comportamiento, dispersión, flujo de emergencias y fenología), control químico (momentos de aplicación, eficacia de productos), estrategias de control mecánico (para situaciones puntuales) y prácticas culturales (cultivos de servicio).

Al centrar la atención del flujo de emergencia de malezas, las especies perennes como Chloris, Pappophorum, Gomphrena, Borreria, Sorghum, empiezan a nacer en la primavera temprana (inicio de Septiembre). A medida que entramos a los meses de Octubre-Noviembre, especies anuales comienzan a hacerse presente. Es por ello, que es en ese momento donde tenemos que tener un herbicida en el suelo incorporado compitiendo con ellas, o en caso contrario un cultivo que además de ejercer competencia genere una renta económica.

En lo que respecta a la emergencia a fines de verano, comienzos de otoño, si bien se dan emergencias, estas no se expresan en demasía si el cultivo está bien implantado. Por esta razón la etapa de Oct- Nov, es la más relevante y la que debemos controlar.

Por lo tanto, debemos otorgarle a las malezas distintas condiciones cada primavera (como ser la realización de un barbecho químico, un cultivo de servicio o un trigo si las condiciones de agua lo permiten). Diversificar e intensificar es la solución para eliminar factores reductores, como resistencias (de malezas a herbicidas), enfermedades (producto de realizar el mismo cultivo todos los años) o adaptaciones de especies a cultivos de cobertura.

La manera en que podemos diversificar es, a través de las rotaciones de cultivo, modificación de fecha de siembra y cultivos de cobertura. En lo que a cultivos de cobertura respecta, se pueden considerar aquellos conformados por una especie (gramínea, leguminosa o compuesta) o bien una consociación, teniendo estas, la ventaja de generar un ambiente dificultoso a la maleza y beneficios al sistema.

“Debemos dejar de lado el concepto de erradicación y ser conscientes que las malezas son parte del sistema”, expresó Francisco.

A partir de ésto y teniendo en cuenta la disponibilidad hídrica que presenta la zona y el año, seleccionar las especies que se desempeñarán de la mejor manera.

Pero los cultivos de servicios no solo se ocupan de las malezas, entre otros beneficios aportan al sistema reciclaje de nutrientes, balance de carbono positivo, mejora de las condiciones físicas y químicas de suelo, disminución de la erosión hídrica y eólica, mejora de la eficiencia del uso del agua. Todos estos aspectos generan un beneficio al sistema, dando como resultado un aumento de la productividad y la estabilidad.

 

 

 

 

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