Una mirada integral para el manejo de malezas

Biología, reconocimiento, herbicidas, resistencia,  cultivos, todo lo que hay que tener en cuenta para tener menos problemas de malezas.

El 30 de octubre, en Balcarce, se realizó un nuevo taller de REM para agrónomos de la zona. La capacitación incluyó una primera parte referida al reconocimiento de las especies de la zona y Sara Alonso, profesora de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Mar del Plata fue la encargada. La profesional comentó que en la Argentina, y lo mismo ocurre en el sudeste, por cada especie monocotiledonea presente se encuentran 3 dicotiledoneas. Dentro de las primera, en el Sudeste, el 95% son gramíneas y dentro de las segundas, un tercio son compuestas y luego le siguen las crucíferas, umbelíferas, leguminosas, solanáceas, chenopodiaceas, cariofilaceas y otras de menor frecuencia. En cuanto a las malezas perennes hizo un repaso haciendo incapié en su forma de reproducción agámica y luego recorrió las anuales y bienales, de verano e invierno, destacando aquellos caracteres morfológicos que permiten diferenciarlas para su manejo en el lote.

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Ya en lo que concierne a la resistencia a herbicidas, Patricia Diez de Ulzurrum, de la misma Facultad, explicó detalladamente los mecanismos de resistencia, procesos por los cuales una planta consigue anular la actividad fitotóxica del herbicida. Dentro de estos mecanismos, existen los de sitio activo (resistencia específica) y los ajenos al sitio activo (resistencia inexpecífica). En el primer caso, puede darse una afinidad reducida del sitio de acción por un cambio en la enzima, de manera que ya no se une como antes al activo. Por otro lado, puede darse una sobreexpresión del sitio activo, que genera un aumento del nivel de enzima y el herbicida solo llega a neutralizar una parte de ellas.

Con respecto a los mecanismos ajenos al sitio activo, encontramos a la resistencia por exclusión, que impide que el herbicida llegue al sitio activo, por una disminución en su absorción, menor traslocación o secuestro en vacuolas. Y un último mecanismo, también ajeno al sitio activo, que consiste en la metabolización del activo en moléculas no tóxicas para la planta.

La resistencia inespecífica normalmente involucra varios genes, por lo que se observa variabilidad en los niveles de resistencia y lo más preocupante es que puede generar resistencia a diferentes modos de acción. En cuanto a la dosis de herbicida, bajas dosis generan resistencia ajena al sitio activo (poligénica) y con dosis altas se favorece la resistencia de sitio activo (monogénica).

Siguiendo con el tema, María Inés Leaden, profesora de la misma Facultad, preguntó para qué sirve conocer el modo de acción (MDA) de los herbicidas, a lo que respondió que herbicidas con igual MDA poseen similar comportamiento, similar espectro de control de malezas, similar selectividad en cultivos y similar persistencia en el suelo. Esto permite diseñar programas de manejo de malezas más eficientes y evitar efectos nocivos como la residualidad en el suelo, la selección de especies de malezas y el desarrollo de biotipos de malezas resistentes.

Leaden recordó que los herbicidas se agrupan de acuerdo al grupo químico y su modo de acción. Existen más de 10 categorías de modo de acción y más de 30 grupos químicos diferentes, por lo tanto un modo de acción determinado puede incluir varios grupos químicos. Y en referencia a la resistencia, recordó que los inhibidores de la enzima ALS son los que más casos de resistencia acumulan y los más propensos a generarla. Los siguen los inhibidores del Fotosistema II (Atrazina, Metribuzin, Diurón, Linurón, etc.) y los Inhibidores de ACCasa (graminicidas FOP, DIM y DEN).

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Gustavo Almassio, asesor y productor, integrante de la Regional Necochea de Aapresid, se refirió al manejo de las malezas en el sistema productivo. En este sentido,  Almassio comentó que se están retomando herbicidas “viejos” para nuevos usos. Según su mirada “hay que diseñar estrategias de manejo, más que de control. Esto exige planificar, pero planificar en Argentina, significa tener un plan A, uno B y uno C”.

Almassio recomendó controlar las malezas pensando en el “lote”, más que en el cultivo. Esto significa mirar a mediano y largo plazo, e implica no medir el retorno económico que me dará la aplicación en el cultivo, sino su impacto en los siguientes.

En campos propios, o alquilados a largo plazo, la rotación de cultivos y de modos de acción es la mejor forma de manejar las malezas. Y a esto se suman otras medidas de manejo como la fecha de siembra, el ciclo de los cultivos, la distancia entre hileras, la densidad, la fertilización y los cultivos de cobertura.  

En cuanto a esto último, Almassio mencionó que los cultivos de cobertura son muy buenos para el control de Rama Negra, y que también le permiten aplicar fósforo de manera uniforme en todo el lote. Por su puesto, debe prestarse atención al manejo del agua, secándolo a tiempo, para evitar pérdidas de rendimiento en el cultivo siguiente.

A la hora de tomas decisiones, Almassio puntualizó que hay que monitorear periódicamente,  reconocer las malezas en estado de plántulas, definir con precisión el tamaño, ya que no siempre se está seguro de lo que es “chico” y lo que es “grande”, conocer la dinámica poblacional de las malezas y llevar un registro de uso de herbicidas. En relación a esto último, se debe tener mucho cuidado con el solapamiento en las aplicaciones de herbicidas residuales que generan fitotoxicidad en los cultivos, lo que se da mayormente en cabeceras y en lotes de formas irregulares.

El asesor mostró preocupación con el uso frecuente de herbicidas ALS, muchas veces asociados a cultivos tolerantes como los CL y STS. “Son excelentes herramientas que no se deben perder, por lo tanto hay que usarlas debidamente, en conjunto con otras, y de manera planificada”, remarcó.

Y por último, se preguntó si el 2,4-D de hoy no será el glifosato de ayer, ya que se está aplicando 3 veces por año.

Para finalizar, Martín Marzetti repasó el trabajo de REM y su rol en la concientización frente a esta temática y el ser una fuente de información temprana y confiable ante nuevos casos de resistencia, de ahí la importancia de informar sospechas que se ven en el lote, por parte de los técnicos.

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La encuesta final sobre las malezas más problemáticas para la zona dio como resultado una marcada importancia de Rama negra, seguida por el Raigrás, dentro del cual se mencionan casos de resistencia, tanto a glifosato como a graminicidas ACCasa y ALS. En tercer lugar se menciona a Viola, una especie tolerante a glifosato en estadios avanzados y le sigue el Cebollín, para continuar con Nabo, Nabón, Gramón, Sonchus, Lecherón y Avena negra.

En cuanto a sospechas de resistencias, la lista la encabezó Rama negra, seguida por Raigrás, Nabo, Nabón y Papophorum, aunque esta última especie se la encuentra más hacia el suroeste. Como especies que hasta el momento no habían sido mencionadas como sospechosas se citaron a Sonchus y Colza guacha RG.

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