Un planteo de punta y con mucho futuro en el oeste bonaerense

Negocio diversificado, agregado de valor y agricultura certificada es el plan que eligieron los Van der Straten, miembros de la Regional Lincoln Aapresid, para consolidar el manejo. Una experiencia firme junto a Agricultura Certificada.

Los Van der Straten decidieron su camino por andar en la producción agropecuaria: fijaron un negocio diversificado, de agregado de valor y apoyado en la Agricultura Certificada.

Esta familia, de origen belga, está radicada hace unos cien años en el oeste de la provincia de Buenos Aires. Ahora, son productores agroganaderos entre las localidades de General Pinto y Florentino Ameghino, dos localidades que están distanciadas por cien kilómetros en esa zona.

Por eso, Carlos Van der Straten, “Charlie”, quien le contó su historia productiva a Clarín Rural, conoce estos ambientes como la palma de su mano. Y hasta se animó a más, llevando su conocimiento hasta Kenia, en Africa, hace tres años. (Ver más aquí) “Nosotros producimos en dos campos propios de 1.000 hectáreas cada uno, en Pinto y Ameghino, y tenemos 1.000 cabezas de ganado, bajo un ciclo completo. En este contexto, tenemos bien claro que los ambientes están definidos: lo que tiene potencial productivo es agrícola y los otros son sitios ganaderos”, dice el productor, respecto a estas extensas llanuras que parecen tener la misma aptitud productiva.

Van der Straten en un maizal en el que por sus recurrentes lluvias se retrasó la cosecha del cultivo. El cereal, el vínculo con la ganadería.

Van der Straten en un maizal en el que por sus recurrentes lluvias se retrasó la cosecha del cultivo. El cereal, el vínculo con la ganadería.

Así como separó los ambientes, también para los Van de Straten es clara la rotación de cultivos: el 60 por ciento es para agricultura y el 40 por ciento para ganadería.

Con esta organización técnica, el productor le encontró la vuelta y la estabilidad al negocio. De buen ánimo productivo, dice: “La última campaña se alinearon todos los planetas para nuestro esquema ya que tuvimos buenos rendimientos en los cultivos y el precio de la hacienda también fue favorable”, recuerda. Aunque también cuenta, apensadumbrado, que la pasaron mal en los últimos años cuando debieron cerrar el tambo que tenían en el campo de Pinto y que había iniciado su abuelo hace uso setenta años. “Mi padre tomó la decisión. Fue duro, pero si no lo hacíamos debíamos sostener esa producción con los márgenes de las otras”, comenta. Por eso, todavía es cauto cuando de arriesgarse se trata.

Mientras Van der Strten recorre sus lotes en el campo de Pinto, Rodeo Chico, reconoce que ya no se arriesga como antes. Su espíritu “conservador” se debe a que “faltan medidas para el sector» y por eso le cuesta hacer negocios pensando en el futuro, define. Sus inversiones, agrega, son pensando en una base sólida para su negocio.

“Hoy, invierto en ganadería y rotación de cultivos. Invertir más en estructura para hacer agricultura es impagable y el negocio no cierra. En ganadería, en cambio, seguimos apostando porque el retorno es más genuino y rápido. Además, con la agricultura no puedo crecer más en campo propio, pero con la hacienda todavía tengo potencial”, reflexiona.

La rotación de cultivos allí es clásica: trigo/soja — maíz. Este año, comenta, en la rotación del campo de Ameghino, con menor aptitud productiva que el de Pinto, incluirán al girasol y el sorgo. Como es común en los planteos mixtos, el maíz es el nexo entre la ganadería y la agricultura. “De acuerdo al precio, manejo la proporción del maíz en la dieta”, explica.

En un lote de Kenia (de izq. a der.), un operario local y los argentinos Alvarez y Van der Straten.

En un lote de Kenia (de izq. a der.), un operario local y los argentinos Alvarez y Van der Straten.

El productor está convencido del equilibrio económico del planteo mixto en ambientes que son inferiores, que se da por factores climáticos o por calidad de suelo. “La estabilidad me la termina dando la ganadería”, concluye.

Debido a la importancia que tienen para esta empresa las buenas prácticas agrícolas, el año pasado decidieron encarar la certificación de los dos campos, bajo los estándares de AC (Agricultura Certificada) y RTRS (Soja Responsable).

“Logramos certificar en seis meses y lo que más nos costó trabajo fue la organización administrativa. Agronómicamente, ya cumplíamos con los requisitos de la certificación”, dice el productor, quien tomó esta iniciativa porque lo consideraba una forma de dar difusión a esta normativa.

Hacer esto, sostiene, lo ordenó completamente y, además, anticipa que fue una apuesta de futuro. “En el cualquier momento, la exportación de materias primas o de productos con valor agregado deberán tener el sello de AC”, asegura.

Otra de las características que destaca, respecto a la certificación, es que mejoró su diálogo con la comunidad, un tema que aun está en el centro del debate, sobre todo, en localidades chicas.

“Ser un productor certificado me obliga a comunicar al municipio y a mis vecinos, de manera permanentemente, sobre las prácticas que haré en el campo y que pueden ser un riesgo”, explica.

Un rodeo de terneros en recría, dentro del corral.

Un rodeo de terneros en recría, dentro del corral.

En este aspecto relacionado con la conciencia social de las prácticas, sostiene que todavía hay una oportunidad para seguir trabajando. Como dice esto, tiene una visión menos auspiciosa respecto al actual paradigma productivo y que llevó a importantes perjuicios al sistema e instaló importantes problemáticas, como las malezas resistentes.

Van der Straten trabaja siempre mirando para adelante y se proyecta para los próximos años seguro y firme del camino que ya adoptó. “Pienso que la empresa familiar seguirá creciendo en número de cabezas y ajustando prácticas de bienestar animal. Por su parte, en agricultura vamos a mejorar los niveles productivos, siguiendo la idea de las rotaciones, la reposición de nutrientes, el uso de agroquímicos con banda verde de aplicación. Y, además, convencidos de seguir afianzando la sinergia el plateo mixto”, dice.

Fortalezas, desafíos y oportunidades, cuestiones en las que ya pensaron los Van der Straten y las transformaron en decisiones de futuro.

Fuente: Clarín Rural
http://clar.in/2dtSJDQ

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