26/03/21 00:00

Agenda Aapresid Marzo: cosecha gruesa

Segundo día de Agenda Aapresid dedicado a la cosecha. Manejo del tránsito y cómo evitar la compactación, puesta a punto y Agtech en cosechadoras, algunos de los temas.

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Segundo día de Agenda Aapresid dedicado a la cosecha. Manejo del tránsito y cómo evitar la compactación, puesta a punto y Agtech en cosechadoras, algunos de los temas.

Tránsito de maquinaria en cosecha y compactación:

Craina Alvarez y Guillermo Peralta de FAUBA explicaron que la compactación de los suelos es un problema creciente y extendido en el país. “Un relevamiento de argiudoles pampeanos reveló que más del 80% de suelos con distinta historia y manejo muestra indicios de compactación”. 

La compactación se visualiza con la presencia de estructuras laminares y endurecimientos e impacta negativamente en los rendimientos, ya que afecta la disponibilidad de agua, la capacidad del cultivo de desarrollar raíces y de aprovechar recursos. Las caídas llegan al 8-12% del rinde en maíz y del 10-12% en soja, con extremos de hasta el 25%. 

El impacto de un estrés como puede ser el tránsito de maquinarias durante la cosecha depende del nivel de estrés aplicado, la susceptibilidad (suelos arenosos, sin rotación, raíces vivas o pobres en MO son más susceptibles de compactarse) y de la capacidad de regeneración de ese suelo. Esta última depende de factores como la actividad de las raíces, temperatura, humedad, etc.

La SD es indispensable para tener suelos de calidad y debe estar acompañada de prácticas que permitan manejar las variables anteriores, evitando el peor desenlace: la labranza. Para reducir el estrés provocado por las máquinas conviene ordenar el tránsito – definiendo sectores de ingreso al lote y descargando en cabeceras. Mientras en países como Australia sólo el 20% del lote queda transitado tras una campaña, en Argentina ese valor es del 65%-85%.

Otra clave es la elección de rodados. Aquí Gavino Freije (Michelin) agregó que “la inversión en rodados no acompañó la modernización del parque de maquinarias argentino, que en cosechadoras incluye equipos eficientes y de gran porte”. 

Los rodados son antiguos y pequeños en relación a los equipos. Esto tiene un impacto sobre la productividad. “Por eso el rodado es una inversión y no un costo”. Tecnologías como las orugas compactan 70% menos que un neumático común y mejoran del 68% a 75% la productividad, generando un beneficio del 5% en la cosecha siguiente donde pisó la oruga. 

Elegir dorados de mayor superficie de contacto evita que la compactación se proyecte en profundidad, allí donde no llegan los mecanismos naturales de regeneración como las raíces.  

Para bajar la susceptibilidad de un suelo hay que aumentar su capacidad portante. ¿cómo?: en el corto plazo evitando entrar a cosechar con exceso de humedad y en mediano-largo plazo con rotaciones y presencia de raíces vivas durante el mayor tiempo posible que cumplen un doble rol: reducir la susceptibilidad a la compactación y asegurar la rápida regeneración de la macroporosidad luego de un estrés. 

En suelos que ya sufren procesos de compactación hay estrategias de reversión. Las estrategias biológicas generan cambios lentos (5-6 años). Los CS multiespecie con crucíferas son una opción, pero nada le gana a efectividad de las pasturas perennes. Entre las estrategias mecánicas, el uso de subsoladores o paratiles genera efectos rápidos pero de corta duración (no más de 2 campañas), además de las sabidas consecuencias como mineralización de MO, pérdida de cobertura y agua.

En esa línea, Peralta recomendó que “antes de optar por una estrategia mecánica es clave el buen diagnóstico y que para ver respuestas es fundamental el monitoreo y buen manejo sostenidos en el tiempo”.

Poniendo a punto de la cosechadora

Santiago Tourn (UNMdP) y Federico Sánchez (Claas)  advirtieron que la falta de regulación de las cosechadoras causa pérdidas de 115 kg/ha de soja y de 180 kg/ de maíz a nivel nacional. “Hablamos de 1000 mill USD que dejamos cada año en el rastrojo, o lo que nos permitiría pagar las 4-5 aplicaciones que necesita una soja en la campaña.” 

A la hora de la puesta a punto, lo primero a considerar es la condición del cultivo. En soja debe pensarse en el porte, maduración y humedad del grano. Esto último condiciona el riesgo de apertura de vainas. “Mientras un 15-16% es un buen valor de humedad para entrar, hoy suele cosecharse con menos del 8-10%”.

En maíz, el mayor problema son los tardíos, que suelen quedar en el lote hasta julio/agosto. Las heladas retrasan el secado, el grano queda expuesto a micotoxinas y las plantas tienen cañas débiles y espigas mal prendidas, todo lo que aumenta las pérdidas.

En cuanto a la máquina, las mayores pérdidas ocurren en el cabezal. Es clave manejar el despeje, el estado de cuchillas, punzones y la velocidad de avance. En condiciones de sequía como la que atraviesan algunas regiones del país, nos encontramos con sojas de bajo porte, granos chicos y desuniformes. 

Acá el ajuste debe apuntar a captar y cortar la mayor cantidad de vainas posibles. El cabezal debe avanzar pegado al suelo y por tanto, a menor velocidad, regulando a su vez el sistema limpieza a una velocidad acorde. Pueden usarse paletas en los molinetes.

En maíces golpeados por la seca encontramos espigas desuniformes o plantas con doble espiga, lo que lleva a regular pensando en el compromiso entre levantar todo y no meter demasiado material. El cabezal debe regularse con pocas vueltas de los rolos y usando chapas para no desgranar.

Otro riesgo en estas situaciones es el de incendio: “Más de 100 máquinas se incendian cada año. Si bien las condiciones ambientales más predisponentes se dan en cosecha de fina, la acumulacion de material en zonas calientes de la máquina aumenta el riesgo de incendio en la trilla de girasol y soja. La limpieza de la máquina es clave”

Agtech en cosechadoras

Los mapas de rinde ya son un básico de cualquier cosechadora: hoy la tendencia en Agtech apunta a los sistemas de guiado automático y la telemática, que conecta en una misma plataforma al productor, asesor, contratista y concesionaria.

Marcelo Testa, contratista de Pergamino que cuenta con el sello de Buenas Prácticas para contratistas de Aapresid avalado por IRAM, la certificación no solo da seguridad y respaldo para mostrar que la empresa trabaja de forma responsable, sino empezar a cobrar a sus clientes por un servicio de mejor calidad. 

Cualquier productor exige hoy mapas de rinde casi por defecto, pero no pasa lo mismo con otras Agtech como las de prescripción, que son ofrecidas por pocos contratistas. “Una discusión a dar es cuánto debe cobrar un contratista por estas tecnologías que implican una enorme inversión para el contratista, pero un muy bajo costo/ha para un productor”, dispara Testa.

En esa línea, Maximiliano Bonadeo (John Deere) advierte que “cada vez son más las empresas que están dispuestas a pagar un diferencial por ciertas Agtech porque reconocen el rédito económico que tendrá, por ejemplo, una restricción de siembra”.

Sin embargo, queda mucho por recorrer. “Hoy no hay suficiente presión por parte de los productores que impulse a los contratistas a dar un salto en Agtech. El factor de decisión para elegir un proveedor sigue siendo únicamente el costo/ha”. 

Existe alguna exigencia en lo que es pulverización – en respuesta a la presión social – pero no en servicios como siembra o cosecha. “¿Pero cuánto vale una cosecha que me evita perder 40 granos / m2? El contratista debería trabajar incentivado por calidad de trabajo, no por volumen”. 

Marcelo Arriola, moderador del debate, agrega que estas Agtech son aliadas estratégicas para potenciar las tecnologías de procesos, un concepto que Aapresid viene impulsando con fuerza: poder comparar en el tiempo el comportamiento de híbridos en respuesta a una ambientación ayuda a ajustar y apuntalar el manejo con gran precisión.  

Otra cuestión que se puso sobre la mesa es la capacitación: “las máquinas exigen conocimientos cada vez más específicos. Por eso capacitamos en tareas exclusivas: contamos con un operario especializado en siembra, otro en cosecha y otro en aplicaciones. También se amplía el campo de capacitación más allá de lo operativo: hoy un operario tiene que saber de BPAs, primeros auxilios y hasta cómo reaccionar ante la presión social”, explica Testa. 

Haciendo prospectiva, Bonadeo anticipa que los drones para aplicaciones, las tecnologías para medir índice verde y conteo de plantas y la robótica, son el norte. “La transición es desde escala de lote a individuo”. 

Destructores de semillas de malezas en cosechadoras 

El asesor Claudio Rubione habló de estas tecnologías que ya se imponen en países como Australia – con un 80% de adopción – y que empiezan a resonar en Argentina. 

Cuando se separa la paja de la granza en la cosechadora, las semillas de malezas quedan con esta última. El destructor de semillas consiste en un sistema de dos molinos que giran a 3000 vueltas, por el que se hace pasar la granza, logrando destruir por impacto el 95-99% de las semillas de malezas.

La tecnología apunta a bajar el nivel de infestación, por lo que no basta con aplicarla en una única campaña. No son efectivas en cualquier maleza, sino en aquellas que retienen la semilla a cosecha y que no llegan verdes a la misma. En cuanto a los cultivos también hay salvedades: la máxima efectividad se da en cultivos como trigo y soja, donde la cosechadora capta más material.  

Quienes se vean tentados de adquirir su propio ejemplar “destructor” preparen la billetera: la inversión inicial ronda de los 50 a los 95 mil USD a lo que se suman costos de mantenimiento considerables.

Fácil de instalar, el destructor es hoy ofrecido por 4 firmas, y si bien su uso en el país es factible, la carga impositiva y la necesidad de prueba y adaptación a los planteos locales la ponen todavía lejos de las manos del productor o contratista argentino. 

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