El 11 de septiembre las Regionales del Nodo Oeste lideraron una jornada: campaña de soja, perspectivas climáticas y napas fueron algunos de los temas.

 

Análisis de las últimas 3 campañas de soja en 5 zonas del Oeste

El Ing. Agr. Guillermo Divito analizó las últimas tres campañas de soja, integrando por primera vez los resultados de distintas zonas: 1) Regionales Río Segundo, Montecristo y Alta Gracia; 2) J. Posse y Los Surgentes-Inriville; 3) Villa Maria y La Carlota; 4) Adelia Maria, Laboulaye y Vicuña Mackenna; y 5) San Luis, Río IV y Del Campillo. 

Los resultados, que cubrieron un total de 240.000 hectáreas, muestran que, en campañas buenas el Nodo expresa un potencial muy interesante con pisos de 50 qq. Pero analizando el conjunto, las brechas son amplias, y según Divito: “el desafío para achicarlas está en identificar ambientes potenciales (lotes/años) y ajustar el manejo en consecuencia: selección de fecha de siembra, grupos de madurez (GM), fertilización, etc. 

En general, la última campaña de soja fue buena aunque con alguna dispersión de datos (asociada a sequías). La 2018-19 fue muy buena con buenos rendimientos medios en todas las zonas. En 2017/18, la seca golpeó especialmente las siembras tardías y grupos largos. 

Manejo: GM, cultivos de servicios y fertilización 

En cuanto a GM en soja de primera los grupos IV se llevan el 65% de la superficie sembrada del Nodo y los V el 25%. En la Zona 2, los GM V no le ganan a los IV en ningún ambiente, y se utilizan GM III para igualar a estos últimos en lotes de alto potencial. Hacia la Zona 5 se siembran GM IV, V y algún GM III en ambientes puntanos de mala calidad. 

En siembras de octubre en adelante, se observa que los techos de rinde caen pero los pisos suben. A la hora de ubicar los GM en la secuencia de siembra, todas las Regionales muestran un comportamiento de ‘ofensivo a defensivo’: aumentando los GM si se busca estabilidad y acortandolos cuando la meta es no perder potencial. “Si el objetivo es buscar techos productivos la idea es anticipar el periodo crítico con grupos cortos sembrados temprano. Si el objetivo es levantar pisos, la FS se atrasa y se usan grupos largos”. 

Las sojas antecedidas por cultivos de servicios (CS) pasaron de ocupar un 4% del área del Nodo en 2017/18 a un 13% en 2019/20. Sin embargo, el 60% de los lotes tuvo mayor rinde cuando fue antecedido por barbecho que por CS. “El desafío es manejar el combo cultivo de servicio/cultivo de renta para no penalizar rinde. La adopción de CS está en sus inicios y muestra todavía efectos directos en la relación agua/rendimiento. En el mediano plazo tenemos que empezar a ver el resto de los beneficios del CS principalmente sobre salud de suelo”.

Sobre el manejo de la nutrición, Divito apuntó sobre el P: “si bien el grueso de los valores está entre 10 y 20 ppm – lo que está bien en relación al umbral soja -, la fertilización es muy austera y todo indica que vamos mal. Los lotes sin fertilizar muestran un balance negativo en función al rendimiento. Salvo casos puntuales con estrategias de reposición – por ej. con dosis altas de MAP – los balances muy negativos superan ampliamente las situaciones con balance positivo”. 

 

Perspectivas climáticas para el Nodo: primavera menos seca de lo esperado y repunte hacia el verano

El Ing. Agr. Fernando Forgioni habló sobre perspectivas climáticas para 2020/21 en la zona: “venimos de una campaña complicada, viene complicada la seca, con repuntes de 30mm en varias zonas” expresó. 

Se prevé una primavera menos seca de lo esperada: la probabilidad de precipitaciones por debajo de lo normal cayó del 60% al 40% desde principios de año hasta hoy. “Entre noviembre y enero se espera se revierta la situación de áreas por debajo de lo normal y el grueso del Nodo alcanzará condiciones semi normales”.

Según el Servicio Meteorológico Nacional, las precipitaciones asociadas a años Niña están cambiando su tendencia histórica: “se ven anomalías leves en los niveles de precipitación en Córdoba, que se intensifican hacia el sur de la provincia. En zonas como La Pampa o San Luis, las mismas son positivas”, advirtió.

“El clima cambia a nivel global, los regímenes de precipitación, temperatura y sequía cambian, así como los eventos extremos, que crecen en frecuencia e intensidad”. En esa línea, habló de la importancia de la reserva superficial de los suelos a la hora de analizar cada año: “el impacto relativo de un pronóstico Niña o Niño dependerá de dónde estemos parados”. También remarcó el rol de los datos locales y de la identificación de los intervalos donde se concentran las precipitaciones.  

La napa como aliada para los sistemas sustentables

Franco Bardeggia habló del trabajo que lidera como GTD junto a los productores de la Chacra Aapresid J. Posse, proyecto que busca respuestas a un cambio de contexto: “mientras hace 30 años se introdujo la SD para evitar la falta de agua, hoy se necesitan herramientas para lidiar con su abundancia, producto de de mayores precipitaciones y la presencia de napas dulces”, expresó. 

A fin de maximizar rendimientos y mitigar efectos negativos del anegamiento, se optó por estrategias de intensificación, incorporando más cultivos por año para eficientizar el uso de los recursos, consumir agua y mejorar características físicas y químicas del suelo.

Comparada con el monocultivo de soja, una rotación intensificada de Tr/Sj2da – Tr/Mz llega a consumir el excedente hídrico de la región. Los sistemas integrados que incluyan pasturas – recurso de máximo consumo hídrico – es otra de las alternativas. 

En ambientes sin napa se apuesta a la inclusión de CS en rotaciones de Sj1ra – Mz. En aquellos con napa se aumenta el nivel de “tecnología” y se incluyen más cultivos de servicios o de renta. La idea es no alterar las fechas de siembra de soja y maíz, reemplazar la soja de primera, o introducir trigo. 

También trabajan en estrategias por cultivo. En maíz, el combo intensificación y fertilización nitrogenada se ajusta usando curvas de respuesta a N y siembra por ambientes. “Los ensayos muestran respuesta de rendimientos ante la combinación densidad y nutrición con N”

En soja, la fecha de siembra es determinante para el buen rinde, por lo que la idea es ubicarla entre fin de septiembre y principios de octubre, para prolongar la duración del periodo crítico y su coincidencia con ambientes más favorables.

Bardeggia cerró advirtiendo que “el panorama de la zona cambió hacia mayores rendimientos y más estables. Esto permite buscar nuevos puntos de equilibrio, pero también implica nuevos desafíos como lidiar con la fuerte dependencia del balance hídrico zonal y los riesgos de salinidad y sodicidad”. 

 

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