Las Regionales del sur de Buenos Aires se animan a sacarle fichas a la densidad y ponerlas en fertilizante para mejorar el retorno económico del maíz.

Foto: Guillermo Divito

Mientras el rendimiento alcanzable en maíz aumentó en las últimas décadas – producto del mejoramiento y las técnicas de manejo -, la productividad del N (kg grano/kg N disponible) lo hizo en mucho menor medida.

Un análisis de las Regionales Aapresid Juan Manuel Fangio (JMF) y Necochea junto a la Unidad Integrada (INTA-FCA) Balcarce sobre 18.000 hectáreas entre Gral. Madariaga, Mar del Plata, Necochea y Lobería, muestran que existe una brecha importante entre las dosis de N recomendadas para explorar rindes alcanzables y las utilizadas a campo.

En las últimas tres campañas, la dosis media de nitrógeno (N) aplicada en siembras tempranas de maíz fue de 63 kg N/ha en ambientes de alto y medio potencial. En tanto que en siembras tardías las mismas fueron cercanas a 42 y 55 kg N/ha para ambientes de alta y media productividad, respectivamente.

Sin embargo, los modelos zonales muestran que para alcanzar rindes objetivo de maíz temprano de 10.000 kg/ha, la dosis de N debería estar en los 120 kg/ha. En maíz tardío la brecha es menor pero igualmente relevante (20 kg N/ha). Todo indica que para capitalizar los incrementos en el rendimiento alcanzable a campo es clave readecuar la fertilización, más aún, considerando la disminución sostenida del aporte de los suelos por mineralización.

En otra linea, la densidad de siembra promedio en ambientes de alto potencial – rinde medio de 9.200 kg/ha – fue cercana a 62 mil plantas/ha, mientras que en ambientes de potencial intermedio-bajo – rindes de 8200 kg/ha -, éste fue de 61 mil plantas/ha. La tendencia se mantuvo en siembras tardías, con densidades de 59 mil pl/ha para rendimientos medios de 8700 kg/ha en ambientes de alto potencial, y 53 mil pl/ha para rindes de 8000 kg/ha en ambientes de productividad media (Fig. 1).

Figura 1. (izq) Dosis media de N aplicada como fertilizante (kg N/ha) y (der.) densidad de siembra media en lotes de la Regional JMF entre 2017/19 para siembras tempranas (1 a 20/10) y tardías (15 a 30/11).

Un análisis que contrasta la respuesta a la densidad en experiencias a campo con ensayos controlados muestra que reducciones en la densidad no tienen mayores efectos en el rinde. Tal es así que, en un rango de densidades de 40000 y 160000 pl/ha (variación de 400%), no se detectó efecto de la densidad (Fig. 2). Esta menor respuesta a la densidad se debe en gran medida a la mayor plasticidad reproductiva y tolerancia a estrés de los híbridos actuales.

Figura 2. Rendimiento medio de 4 híbridos en un rango de densidades. Las letras indican diferencias significativas (UIB).

 

Teniendo en cuenta que bajar la densidad tendría menor penalidad sobre el rinde que escatimar la oferta de N, las Regionales apuntan a una nueva estrategia de manejo de maíz para la zona, basada en reasignar la inversión económica destinada a la compra de semilla hacia una mejor fertilización. Esto permitiría un mejor retorno de la inversión.

Si bien habrá que ajustar estos modelos a campo, todo indica que, con la relación de costos actual, una reducción promedio de la densidad cercana a 15-25% para los híbridos más empleados, permitiría incrementar la dosis de N en unos 35 kg/ha.