En la última UPA de la Regional Juan Manuel Fangio, el especialista Marcelo Carmona habló de las principales amenazas para soja y maíz en la zona.

El último 27 de febrero, la Regional lideró su jornada UPA en el establecimiento “El Silencio” en Mar del Plata. El evento del que participaron más de 120 productores y asesores incluyó disertaciones y recorridas a campo en temas como cultivos de servicios, híbridos comerciales, entre otros.

Uno de los ejes estuvo a cargo del especialista Ing. Agr. MSc. Marcelo Carmona, quien habló del panorama sanitario de los cultivos de gruesa en la zona y brindó recomendaciones para cada caso.

Lo más visto en soja: Tizón foliar y Mancha marrón

Para soja Carmona disparó: “estamos en una zona donde los controles de enfermedades en soja son poco utilizados y con resultados erráticos, por lo que tendemos a creer que no son necesarios, pero estamos equivocados”. Las enfermedades de fin de ciclo (EFC) provocan según el año mermas de hasta el 15-20% del rendimiento. “Suelen hacerse visibles de R3 en adelante. Pero en soja – a diferencia de lo que ocurre con aplicaciones tardías en cereales de invierno – es difícil que un fungicida en esta etapa muestre resultados en el corto plazo”.

En la zona, Tizón de la hoja (Cercospora kikuchii) y Mancha marrón (Septoria glycines) son las más vistas. La primera provoca encrespado de las hojas y manchas violáceas, lo que reduce la superficie fotosintética y provoca defoliación. Por ser un hongo que se activa con el sol, los primeros síntomas se observan en las hojas expuestas. Por el contrario, Mancha marrón aparece en las hojas inferiores, donde reina un microclima sombreado y húmedo. La difusión se da por el salpicado provocado por la lluvia.

No hay variedades resistentes, pero sí distintos grados de susceptibilidad. El momento de aplicación en cultivares susceptibles que, luego de una lluvia de 30-40 milímetros, ya muestran algún síntoma es a partir de R3 a R5.5-R6, sobretodo en lotes con rastrojo de soja. “La anterior es una decisión preventiva y tiene por objetivo cuidar el principal componente del rendimiento: el número de granos. Una alta presión de enfermedad y condiciones predisponentes pueden justificar una aplicación más allá de R6, sobretodo en lotes con destino a semilla”, explicó.

A la hora de hablar de moléculas, el Tizón es resistente a todas las estrobirulinas, y el carbendazim ha perdido eficiencia. Se observan diferencias de control entre los distintos triazoles, siendo el ciproconazole el menos eficiente.

Panorama sanitario en maíz: Roya común y podredumbres

Se observa incidencia de Roya común (Puccinia sorghi), que provoca mermas en el rendimiento que promedian el 5 a 10%, dependiendo del año y el lote. La misma prospera en condiciones ventosas, de rocío (el patógeno necesita 3 horas de rocío para penetrar en la planta) y de temperaturas en torno a los 17-22°C. Comienza con lesiones anaranjadas que se tornan marrón oscuras y negras.

Si bien cualquier fungicida es efectivo, la mezcla de triazoles y estrobirulinas es la que mejor funciona. Desde VT en adelante, el umbral de aplicación se alcanza con 14-15 pústulas/hoja en la hoja de la espiga (He), en la inmediatamente superior (He+1) e inferior (He-1). Si la enfermedad se expresa antes de VT, valor del umbral es similar, pero debe tener en cuenta todas las hojas. Sin embargo, antes de decidir un control químico conviene mirar las previsiones climáticas, ya que altas temperaturas por períodos de 5 días logran un control natural. También conviene elegir materiales más tolerantes.

Las podredumbres de raíz y tallo (provocadas por Fusuarium graminearum, F. verticiloides, Macrophomina phaseolinay Colletotrichum sp.) debilitan la planta provocando vuelco, además de interferir en la translocación de azucares hacia la espiga. Se estima que en años severos puede llegar a provocar mermas del rendimiento del 30%.

F. verticiloides y F. graminearum causan también enfermedades de la espiga, produciendo micotoxinas que generan problemas para el consumo posterior. En ambos casos la semilla es la principal fuente de inoculo. Para el control químico conviene usar moléculas de la familia de los benzimidazoles y, en este caso, “más que el estado fenológico, conviene guiarse por los umbrales y las condiciones ambientales,”, concluyó.