El especialista Juan Pablo Edwards Molina estuvo en la Testimonial virtual de Rem para hablar de actualidad y perspectivas de enfermedades en trigo y cebada

 

En un imperdible intercambio con el Asesor Técnico de la Regional Necochea, Guillermo Divito, el Ing. Agr. (MSc – PhD) Juan Pablo Edwards Molina (INTA-UNMdP – MP 02254 CIAFBA) se refirió a la actualidad de la resistencia en enfermedades.

Explicó que “la resistencia es un proceso de selección de hongos fitopatógenos de una población naturalmente variable, donde existen individuos más o menos sensibles al efecto de un fungicida. Con el uso repetido de un mismo fungicida, aquellos individuos menos sensibles irán ganando proporción en la población, hasta que se tornan  predominantes, y es allí cuando se pueden a empezar a evidenciar fallas de los tratamientos”. Así, el riesgo de surgimiento de resistencia  dependerá del manejo del productor y de la biología propias de los patógenos.

Entre estas características podemos mencionar: i) muchos y cortos ciclos por estación de cultivo (prolificidad); ii) gran capacidad de dispersión de las esporas en el tiempo y el espacio; y iii) existencia de recombinación sexual como paso obligado en el ciclo de la enfermedad (generación de variabilidad genotípica). También existe una ponderación arbitraria del riesgo de resistencia asociada a la experiencia obtenida desde el surgimiento de los fungicidas sistémicos (1960’s), que el patógeno debe haber desarrolló resistencia luego de pocos años de exposición al fungicida (<5); y si se informó resistencia en situaciones de campo para más de una clase de fungicida.

Ahora si, con este marco conceptual completo estamos en condiciones de razonar los distintos escenarios de riesgo de la resistencia a fungicidas.

El fitopatólogo plantea que una primera definición necesaria, a la hora de hablar de resistencia, es el concepto general de sensibilidad: entendiendo que un hongo es considerado sensible cuando es controlado eficazmente a dosis de marbete de un determinado fungicida.

Desde este punto de partida, debemos establecer al menos otros tres  conceptos en orden creciente de riesgo para el sistema productivo y la protección de cultivos con fungicidas. Pérdida de sensibilidad: reducciones en sensibilidad a fungicidas de una población de hongos, las cuales tienen bajo a nulo impacto sobre la eficiencia a campo de los productos. Resistencia (individual) – detección de laboratorio: son importantes reducciones en la sensibilidad de aislamientos individuales que conducirán a severas pérdidas de eficiencia de un fungicida a campo si se propagaran en los cultivos locales. Ya en el peor de los escenarios tenemos la denominada resistencia práctica, que es la que nos preocupa a nivel de productividad y quisiéramos evitar. Ésta se da cuando la baja de la sensibilidad se evidencia a escala de campo y los controles ya no son más efectivos. Este desglose de niveles crecientes del riesgo  es fundamental  al momento de monitorear el estado de la sensibilidad del patógeno a nivel de región.

Cuando se le consultó sobre patógenos puntuales, según la FRAC, que trabaja en el estudio de la resistencia, para que un patógeno sea considerado de alto riesgo debe adquirir resistencia en pocos años, (ej. cinco), y a su vez esa resistencia sea adquirida para más de un grupo químico”, Juan se refirió a los reportes predominantes a nivel mundial, y principalmente declarados por la FRAC (de su sigla en inglés: “Fungicide Resistance Action Comitee”), que es el organismo donde participan empresas portadoras de patentes de fungicidas e instituciones de investigación. Entre los patógenos de los cereales los más comúnmente declarados de alto riesgo para generación de resistencia encontramos a los hongos causales de: el Oídio de los cereales, ramularia en cebada y  Septoria.

Retomando el tema de las características biológicas del patógeno, Juan recordó que una cuestión fundamental para que exista resistencia a nivel poblacional es que el  individuo (patógeno) sufra una alteración en el sitio metabólico donde actúa el fungicida y que dicha mutación sea heredable. Las royas, a pesar de calificar como patógenos de alto riesgo – dispersión a largas distancias y varios ciclos en el cultivo -, expresan una mutación letal no heredable y, por tanto, son de bajo riesgo de generación de resistencia. Si bien existe un declive en la eficiencia y una pérdida en la sensibilidad, no existen registros de resistencia de campo (o total) para este grupo de enfermedades”..

¿Cómo planificar una estrategia anti resistencia?

Todos nuestros esfuerzos en minimizar la generación de resistencia los podemos enmarcar desde dos frentes de defensa: A) dificultar la adaptación de los patógenos, o bien B) descomprimir la presión de un mismo agente seleccionador (el fungicida).

“Si imaginamos la secuencia de acciones como una pirámide, en la base tendríamos la selección de cultivares de mejor comportamiento sanitario y con características agronómicas deseables”, explicó el especialista. En un segundo nivel: encontramos todas las intervenciones no químicas  que disipen la adaptación de las poblaciones del patógeno, como: rotaciones de cultivos y genotipos de un mismo cultivo, la inclusión de cultivos de servicios, entre otros. En un tercer nivel aparece el manejo sustentable de  los mismos  fungicidas. Para ello es importante el uso de mezclas de grupos químicos, la variación de ingredientes activos en aplicaciones consecutivas. Finalmente, en esta misma cúspide de técnicas Juan destacó el uso racional de los fungicidas, siendo clave el monitoreo, la aplicación según umbrales de daño dinámicos (acorde al estado fenológico, condiciones ambientales) y siempre con dosis de marbete. “Por suerte, en nuestro país se observa buena predisposición al monitoreo, lo cual es muy positivo y a su vez contamos con una amplia paleta de fungicidas para la protección de cereales de invierno”, explicó.

Haciendo un repaso de enfermedades en trigo y cebada, el técnico habló de las manchas en cereales de invierno considerándolo como  “un complejo ‘complejo’, ya que son varios los agentes causales de las mismas, la identificación y cuantificación a campo.

Juan destacó el trabajo que viene realizando su colega de la UBA, el Dr. Marcelo Carmona en el testeo de presencia de resistencia a nivel de laboratorio, y entre cuyos resultados reportaron resistencia a estrobilurinas en poblaciones de Pyrenophora tritici-repentis (ex Dreschlera tritici-repentis), lo que implica una luz amarilla, aunque debemos seguir verificando año tras año y de región en región, que esa resistencia “de laboratorio” se traduzca en “resistencia de campo”, o sea, la pérdida de eficacia de los activos testeados a dosis de marbete. Juan agregó que esto último fue reportado en algunas situaciones productivas aunque considera que sería de gran interés validar esas percepciones (de fallas de control a campo) desde las instituciones de investigación para poder así descartar otras causas de fallas en el control, como mala calidad de aplicación, aplicaciones con epidemias en fase de altas tasas de progreso, o bien apoyando el diagnóstico y la cuantificación de los síntomas ”.  

Una de las formas de evaluar la eficiencia de control de mancha está dada por la evolución vertical de los síntomas en los estratos del canopeo, pues, a diferencia de la roya, el tejido afectado no se recupera tras la aplicación, (o sea senesce) y por tanto puede generar confusiones. Por esto es importante registrar en los monitoreos el estrato donde se ubicaban los  síntomas al momento de la aplicación.

“Desde nuestra rol de investigadores debemos corroborar estas percepciones a campo evitando llegar a conclusiones erróneas, que llevan incluso a cambiar estrategias sin demasiado fundamento científico. Y agregó, “en otros países se hacen ensayos de fungicidas anuales para reportar la eficiencia de cada producto. En Argentina nuestros esfuerzos están disipados, deberíamos trabajar conjuntamente para elaborar redes de experimentación y comunicar anualmente el status de la sensibilidad de los patógenos a los diferentes grupos químicos, sin descartar ingredientes activos por comentarios o percepciones”.

Creemos que el camino es el del trabajo mancomunado e interdisciplinario, con participación activa de los actores implicados. Aún estamos a tiempo para poder visualizar el futuro, planificar en concordancia con los ideales de un manejo integrado. Si bien tiene rasgos diferenciales respecto de las enfermedades, la experiencia vivida con las malezas es un llamado de atención que no podemos ignorar.