Un estudio de REM con datos de socios Regionales de la campaña 2019 de trigo muestra aspectos generales del manejo del cultivo con relación a la nutrición, la productividad y con especial atención en las enfermedades de origen fúngico y sus medidas de control, poniéndose en evidencia la necesidad de pensar en estrategias de prevención de enfermedades antes de la siembra.

En colaboración con el Lic. Ignacio Erreguerena (INTA Manfredi), la REM realizó un análisis de prevalencia de enfermedades fúngicas y estrategias de control elegidas por los socios Regionales para la pasada campaña de trigo 2019/20.

La campaña de trigo 2019/2020 abarcó 122.168 ha, y tanto las adversidades abióticas como los rendimientos se mostraron dispares según la región.

El 26% de la superficie relevada presentó períodos de sequía, que fue notoria y generalizada en el nodo Oeste Medanoso y en ciertas zonas del nodo Sur y Centro.

En cuanto al rendimiento, los nodos Sur y Centro tuvieron los promedios más elevados (53 y 48 qq/ha, respectivamente), mientras que el resto de los nodos promediaron los 37 qq/ha.

En cuanto al manejo productivo, el análisis se enfocó en la fecha de siembra, fertilización y elección de variedades, teniendo en cuenta que estas son variables de manejo que más influyen en la incidencia e impacto de enfermedades en el cultivo.

Las fechas de siembra no sufrieron grandes modificaciones respecto a los valores históricos. El 94% de la superficie evaluada se implantó entre el 15 de mayo y el 15 de julio.

En cuanto a fertilización los números fueron heterogéneos. La fertilización nitrogenada (N) promedió los 107 kg N/ha en los nodos Centro y Sur, los 98 kg N/ha en el Oeste medanoso y los 88 kg N/ha en el Oeste y Litoral. En aplicación de fósforo (P) las tendencias cambian, con promedios más altos en el Centro y Oeste superando los 50 kg P/Ha, seguidos por los nodos Sur, Litoral y Oeste medanoso, que se situaron entre los 42 y 46 kg P/ha. El tercer elemento evaluado fue el azufre (S), que sólo mostró un promedio positivo de 7 kg S/ha en el nodo Centro.

 La elección del genotipo es una de las estrategias más importantes de protección del cultivo. Más allá de las diferencias lógicas en el largo de ciclos elegidos en cada zona, el análisis muestra que las variedades más sembradas no fueron precisamente las que mejor comportamiento sanitario tienen. Si bien los factores de esa elección son muchos, es un buen momento para remarcar la importancia de considerar los perfiles sanitarios de los materiales a la hora de elegir qué sembrar.

 

Prevalencia de enfermedades

El área total evaluada presentó una prevalencia de enfermedades (presencia) del 72 %. El nodo Litoral fue el de mayor prevalencia (86%), mientras que el Oeste fue el menos afectado (53%).

En cuanto a la prevalencia de enfermedades por región, las royas (Puccinia striiformis f. sp. tritici, roya amarilla; Puccinia triticina, roya anaranjada; Puccinia graminis f. sp. tritici, roya del tallo) fueron las más prevalentes en todos los nodos, aunque en el Sur la situación fue más repartida con el complejo de manchas (Drechslera tritici-repentis, mancha amarilla; Zymoseptoria tritici, septoriosis). La prevalencia de Fusarium (Fusarium graminearum, tizón de la espiga) fue muy puntual y baja.

 

 

En cuanto a la prevalencia de enfermedades según el momento de aparición (estadio fenológico), el complejo de manchas (en especial mancha amarilla) se evidenció en estadios vegetativos para mantenerse luego en niveles bajos. Sólo en el nodo Sur se evidenciaron casos en estadios más tardíos (vegetativo tardío a reproductivo temprano), con mayor prevalencia.

Para el caso de las royas (principalmente amarilla y anaranjada) la mayor prevalencia se dio entre los estadios vegetativo tardío a reproductivos. Cabe destacar que la aplicación de fungicidas en casos de reporte temprano redujo inicialmente la curva de la enfermedad, pero a medida que avanzó el ciclo del cultivo la prevalencia ascendió hasta llegar a un máximo (40%) en estadios reproductivos.

 

 

 

Control fungicida

En lo referente al control, el 85% de la superficie evaluada recibió tratamiento con fungicida. En los extremos se encontraron el nodo Centro, con más del 93% del área aplicada, y el Oeste medanoso, donde menos del 70% recibió tratamiento.

Las estrategias utilizadas fueron dos: aplicación única (estrategia 1) y doble aplicación (estrategia 2). Los nodos Centro y Litoral fueron los que más requirieron de la estrategia 2, en un 46% y 42% de la superficie, respectivamente.

En el 85% de los casos la aplicación tuvo fines curativos (altos niveles de la enfermedad en los lotes) y en el 15% fue de tipo preventiva o por protocolo (estadio), es decir, sin prevalencia alguna de enfermedad.

 

 

 

Del área efectivamente aplicada, casi 4 de cada 5 ha. fueron tratadas con mezclas de triazoles y estrobirulinas. Se observó un mayor uso de carboxamidas en el Sur y Oeste medanoso, donde los activos empleados fueron más diversos.

 

 

Tanto en la aplicación única de la estrategia 1 como en la segunda aplicación de la estrategia 2, los ingredientes activos utilizados fueron variados (triazoles, estrobilurina y/o carboxamidas) y las aplicaciones se concentraron alrededor de reproductivo temprano. Por el contrario, en la primera aplicación de la estrategia 2 la variedad de ingredientes activos fue más acotada (excepto nodo Sur) aunque el momento de intervención fue más diverso, dentro de los estadios vegetativos.

 

Estrategia 1 – aplicación única

 

 

Estrategia 2 – doble aplicación

Primera aplicación:

 

Segunda aplicación:

 

Algunas conclusiones

Cuando se evalúa la respuesta del cultivo a la nutrición conviene incluir a las enfermedades en la ecuación, ya que la estrategia de fertilización empleada afecta considerablemente la expresión de enfermedades y la respuesta del cultivo su ataque. Por ejemplo, un cultivo deficiente de nutrientes puede ser más susceptible a hongos necrotróficos (manchas), mientras que ciertos excesos (sobre todo de N) pueden potenciar el desarrollo de las royas (biótrofos). Así, una nutrición balanceada, ajustando las estrategias a nivel regional y local (lote), contribuye a maximizar la respuesta genética de la variedad frente al ataque de patógenos.

A nivel país, las royas representan la adversidad biótica más importante del cultivo de trigo, aunque en ciertas regiones, condiciones de cultivo y variedades (sobre todo con baja rotación) mancha amarilla puede generar problemas significativos. En esa línea, es clave considerar los reportes de generación de resistencia a ciertos triazoles y estrobilurinas que dificultan el control de esta enfermedad.

En el caso de royas, la baja implementación y/o disponibilidad de variedades de buen comportamiento es un factor determinante. Recordemos que estos patógenos son capaces de generar rápidamente varios ciclos infectivos en el mismo cultivo, produciendo innumerable cantidad de esporas que serán llevadas por el viento cientos de kilómetros a otros lotes e incluso a regiones distantes. Así, grandes extensiones sembradas con variedades susceptibles permite al patógeno desarrollarse y expandirse.

 Las estrategias de control y fungicidas utilizados dependen en última instancia de las condiciones de producción (variedad, lote, rotación, condiciones ambientales, entre otras), que son las que determinan el momento de aparición de las enfermedades. En aquellos lotes donde éstas se evidenciaron tardíamente (reproductivo), la búsqueda de eficiencia con una única aplicación vino de la mano de la inclusión de carboxamidas, por su amplia residualidad. En el caso de variedades de sabida susceptibilidad a royas (sobre todo amarilla), la probabilidad de una doble aplicación aumenta. Aquí se empieza con una aplicación de triazoles y estrobilurinas (vegetativo) de manera de reducir el progreso de la enfermedad, y se deja la mezcla con carboxamidas para la segunda aplicación, también en busca de residualidad.

 La amplitud del área triguera protegida con fungicida – en varios casos con dos aplicaciones -, demuestra la gravedad de la problemática de enfermedades en nuestros sistemas de producción, lo que además podría implicar riesgos al medio ambiente. Por esto es que debemos ajustar el manejo sanitario previo a la siembra, sabiendo que hay herramientas disponibles para mitigar el efecto de las enfermedades y reducir el uso de fungicidas de manera eficiente, manteniendo o incluso mejorando los rendimientos y calidad de grano.