La Chacra Sur de Córdoba realizó un taller virtual para presentar la caracterización edafoclimática y delimitación de ambientes. ¿Por qué es un paso decisivo para el diseño de estrategias de manejo?

El 30 de marzo se realizó el Taller de avance de resultados de la Chacra Sur de Córdoba, del que participaron virtualmente sus 14 miembros, profesionales, instituciones y la Mesa de Expertos. Apoyada en la interacción con INTA y el Gobierno de la Provincia de Córdoba, la Chacra se creó con el objetivo de sostener la capacidad productiva del suelo e identificar indicadores de sustentabilidad. Su área de influencia posee como núcleo geográfico al departamento General Roca. En una primera etapa, el grupo se enfocó en la caracterización edafo-climática y la identificación de macro-ambientes.

Según variables edáficas y de relieve, se identificaron dos grandes zonas: una hacia el Oeste, donde predominan paisajes ondulados, suelos arenosos y vulnerables a la erosión eólica; y otra hacia el Este, de relieve plano y suelos más finos, susceptibles a anegamientos y acumulación de sales por ascenso de napas. Se observó que incluso suelos de textura similar son muy diferentes en cuanto a su capacidad de almacenar agua y cederla a los cultivos, viéndose diferencias de hasta 30 mm en el agua disponible en suelos de igual familia textural.

También se halló un gradiente climático, con una reducción en las precipitaciones anuales en sentido Este-Oeste de casi 100 milímetros. También se observaron variaciones en la demanda atmosférica de evapotranspiración a lo largo del año, al igual que en la probabilidad de ocurrencia de vientos fuertes, concentrados en otoño e invierno. 

En cuanto a ocurrencia de temperaturas extremas, la Oeste es la zona más restrictiva, con alta concentración de episodios de golpes de calor en los meses de diciembre y enero, y un estrecho periodo libre de heladas (casi un mes y medio más corto que el PLH de la zona Este).

 

  Integración suelo-clima-cultivo y diseño de estrategias de manejo

  Según el GTD de la Chacra, Rodolfo Torregrosa, “la integración de las variables anteriores fue el paso fundamental para entender las posibles interacciones clima-suelo-cultivo y definir ventanas de riesgo ambientales que nos permitan plantear distintas estrategias de manejo y tecnologías de escape” (Fig 1.a)

  Se determinó, por ejemplo, la probabilidad de ocurrencia de excesos y déficits hídricos (DH) a lo largo del año (Fig. 1.b). “Esto es decisivo para conocer la viabilidad de realizar cultivos invernales y para definir las ventanas de menor riesgo donde situar los períodos críticos de los cultivos estivales. En el Oeste, las altas probabilidades de DH (superiores al 80%) y de golpes de calor entre noviembre y enero obligan a repensar la factibilidad de los maíces tempranos y a reubicar las fechas de siembra y grupos de madurez en soja”, explica.

  Los balances hídricos positivos del otoño disparan la búsqueda de opciones invernales para aprovechar esa agua, como los cultivos de servicios o de grano. De la misma forma, “la ocurrencia de vientos fuertes durante otoño-invierno nos obliga a reconsiderar la factibilidad de largos barbechos para pensar estrategias de intensificación tendientes a proteger los suelos, en especial los más susceptibles a la erosión eólica”, explica Torregrosa.

  Tal vez el aprendizaje más importante que dejó esta etapa es que no alcanza con conocer las precipitaciones o la textura de un suelo para definir un manejo. Es la integración de aspectos edáficos, climáticos, de relieve y de cultivo la que permite comprender cómo funciona cada ambiente, y así diseñar las estrategias más adaptadas.

  Figura 1: a) Macro-ambientes resultantes del trabajo de integración clima-suelo-relieve-cultivo; b) Probabilidad de ocurrencia de excesos y déficit hídrico para las 2 zonas más contrastantes de la Chacra (a: Este y b: Oeste).