Con la presencia de reconocidos especialistas, el pasado 5 de agosto se realizó previo al XXII Congreso Aapresid «La Misión» ell II Encuentro Anual de Sistema Chacras.

En el marco de la firma de la 3° renovación del convenio INTA-AAPRESID, tuvo lugar la segunda reunión anual entre los integrantes del Sistema Chacras. El objetivo del encuentro fue: i) fomentar bajo una visión compartida e integrada el desarrollo de conocimientos relacionados con la problemática ambiental y su impacto sobre la producción agropecuaria; ii) identificar demandas,  necesidades y estrategias para promover el desarrollo de modelos productivos sustentables; y iii) intercambiar enfoques, situaciones y perspectivas para una Agricultura Sustentable en nuestro territorio nacional.

Estuvieron presentes por AAPRESID, su presidente “Pilu” Giraudo y los gerentes técnicos de las chacras que conforman el sistema; por INTA el director académico Rodolfo Gil y el director del Instituto de Suelos Miguel Taboada. La jornada se inició con las palabras de Rodolfo Gil, Director Académico-Científico y mentor de Sistema Chacras, quién manifestó el desafío de que Sistema Chacras sea un “catalizador de las instituciones”. Y continuó diciendo que todo lo que se hace es “abordando el sistema de producción y la conservación de los recursos naturales”. Por otra parte, destacó como característica de Chacras el aprendizaje y la enseñanza, “el conocimiento científico y empírico de la mano”. También hizo referencia a la interdisciplinaridad de las líneas que se abordan y el profesionalismo: “buscamos mecanismos que formen al productor, al empresario y al estudiante, trabajando en red”.

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Por último, nombró a los desafíos que tienen por delante. “La sustentabilidad es nuestro gran desafío. La diferencia con un sistema tradicional es que este modifica el ambiente, el recurso suelo. Tenemos que entender una agricultura en sistema en donde la tecnología se adapta al ambiente”, manifestó Gil y resaltó el compromiso de transferir el conocimiento y obrar como catalizador, “dejar de ser espectadores para ser actores”.

Luego, la presidente de AAPRESID “Pilu” Giraudo destacó a Sistema Chacras como “un programa crucial en la institución, que surgió de la necesidad de tener una validación científica de lo que hacemos. En sus inicios empezó como un desafío de desarrollo tecnológico, pero hoy se instaló como la mejor manera de dar respuesta”. Siguiendo esta línea, afirmó que “la alianza estratégica con el INTA es fundamental”. Para concluir, hizo referencia al slogan de Sistema Chacras –Aprender Produciendo- asegurando “nadie sabe tanto como lo que sabemos juntos”.

Continuó con las palabras de bienvenida, Miguel Taboada, en representación de las autoridades del INTA. Hizo referencia la 3° renovación del convenio INTA-AAPRESID. “Ambas instituciones se han reelegido y por algo es”. Señaló al convenio como “una colaboración auspiciosa entre el sector público y privado, que fomenta el intercambio y la formación”, y resaltó la importancia del mismo, para el Instituto de Suelos del INTA.

El cierre estuvo a cargo de Rodolfo Gil, quien destacó la calidad y claridad de los expositores, planteó conclusiones generales de cada expositor  e invitó a ver la página de Chacras donde se extenderán en las reflexiones finales, invitando a opinar.

También brindó unas palabras de cierre Germán Fogante, director adjunto de Chacras, quien destacó el crecimiento del programa y agradeció a todo el equipo; y Cesar Belloso, representante de una de las chacras en funcionamiento en Pergamino.

Agradecemos la participación de Valeria Guerra la cual trabaja en comunicación en el Instituto de suelo de INTA Castelar y nos facilito fotos y textos.

La jornada tuvo las siguientes conferencias:

«Brecha Productiva»  ¿Cuánto más materia prima, alimento y energía podemos producir con la disponibilidad actual de tierra cultivable, agua y nutrientes?
Dr. Juan Pablo Monzon. Investigador Asistente CONICET, Unidad Integrada – Balcarce, Area: Ecofisiología de cultivos. 

¿Cuánto más alimento puede producir el mundo con la disponibilidad actual de tierra cultivable y agua disponible?

Para el 2050 vamos a tener que producir alimentos para 9200 millones de habitantes, al mismo tiempo, preservando áreas ricas en biodiversidad y servicios ecosistémicos. Para cumplir con estos objetivos necesitamos alcanzar altos rendimientos en cada hectárea de tierra que se encuentra actualmente cultivada. Es necesario cuantificar cuanto alimento adicional puede ser producido al reducir las brechas entre (i) el rendimiento promedio logrado por los productores y (ii) el rendimiento alcanzable que se define a partir del clima, genotipo y suelo.

¿Cómo estimar brechas de rendimientos con relevancia local y regional?

La aproximación usada consiste en la selección de un determinado número de localidades, situadas en zonas relevantes para la producción de cada cultivo, para las cuales se estima el rendimiento alcanzable utilizando modelos de simulación de cultivo. Las simulaciones están basadas en datos locales de clima, suelo y manejo de cultivo (fecha de siembra, cultivar, distancia entre hileras, y densidad de plantas). La brecha de rendimiento se calcula como la diferencia entre el rendimiento alcanzable simulado y el rendimiento logrado por los productores. La estimación de rendimiento alcanzable y brecha se realiza primero a nivel localidad y luego se extrapola a nivel de región y país.

Una vez definidas las zonas climáticas, se seleccionan las localidades a simular basado en la distribución del área sembrada con cada cultivo y la ubicación de las estaciones meteorológicas, buscando maximizar el grado de cobertura del área sembrada con cada cultivo. El rendimiento alcanzable se estima usando modelos de simulación de cultivo que han sido satisfactoriamente evaluados en condiciones de producción que carecen de limitaciones nutricionales y sin incidencia de malezas, plagas y enfermedades. Para cada localidad, se simulan las secuencias de cultivo más frecuentes (en función de la información aportado por expertos locales) y series de suelos dominantes, luego se calcula un promedio ponderado por su representatividad en la zona. Finalmente, la extrapolación de localidad al nivel región y país se basa en un mapa de zonas climáticas.

Los cultivos de maíz, soja y trigo cubren más del 80% del área total sembrada con cultivos de grano en Argentina. Siguiendo el protocolo global de trabajo se seleccionaron 15 localidades para las simulaciones de rendimiento. Las zonas climáticas donde se encuentran estas localidades cubren más del 75% del área total sembrada con maíz, trigo y soja en Argentina. Los datos climáticos diarios fueron obtenidos para cada localidad, incluyendo radiación solar, temperatura máxima y mínima y precipitación. Se simularon 28 campañas bajo cada combinación de secuencia de cultivos y tipo de suelo dominantes determinada para cada localidad.

El rendimiento alcanzable promedio, sin limitaciones de nutrientes ni reducciones por adversidades, para cada localidad se calculó ponderando las áreas sembradas en cada suelo bajo las diferentes secuencias de cultivo. La brecha fue estimada como la diferencia entre el rendimiento alcanzable simulado y el rendimiento logrado por productores. El último se calculó basado en estadísticas de producción de las ultimas 6 campañas, reportado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación de la República Argentina, para los departamentos donde se encuentran ubicadas las localidad seleccionadas.

¿Cuánto más maíz, trigo y soja puede producir Argentina?

A nivel país, el rendimiento alcanzable y el real fue de 11.7 y 6.8 t/ha para maíz, 5.1 y 3.1 t/ha para trigo y 3.9 y 2.7 t/ha para soja. Esto equivale a decir que el rendimiento promedio logrado por productores argentinos equivale a 59, 57 y 69%, del valor alcanzable para maíz, trigo y soja respectivamente.

Utilizando esta información, y suponiendo que se lograse el 80% del rendimiento potencial, se puede inferir que Argentina podría aumentar su producción en 7.8, 5.6 y 8.2 millones de toneladas, para maíz, trigo y soja respectivamente sin expandir el área sembrada. La meta de lograr el 80% del potencial es razonable aplicando buenas prácticas de manejo.

 
Ciencia a demanda: prácticas alternativas de investigación y extensión en la agronomía de los cultivos extensivos
Dr. Frédéric Goulet. CIRAD – UMR Innovation, Laboratorio Internacional Agriterris
Dr. Susana Grosso. UNL

En esta comunicación,  nuestro objetivo es tratar la relación entre los actores científicos y los externos al campo científico en la producción de conocimientos, tanto científicos como para la acción.

Trataremos de aportar elementos de análisis y de respuesta a las siguientes preguntas: ¿Cuál puede ser el rol (¿y las aspiraciones?) de los actores externos al campo científico en relación a la producción de conocimientos científicos? Y, a la inversa: ¿en qué sentido los científicos, en una época en la cual la actividad académica esta valorizada a través de la cantidad de publicaciones destinadas a otros científicos, pueden contribuir a la producción de conocimientos útiles para la sociedad, o sea, para los “non-científicos”?

Trabajaremos sobre estas preguntas a partir de dos principales fuentes de datos: 

  • la bibliografía existente en ciencias sociales, particularmente una que trata experiencias en medicina, donde se plantea este problema entre las relaciones ciencia-sociedad alrededor de la producción de conocimientos; y
  • un trabajo de terreno en el sector agrícola, alrededor del desarrollo de la siembra directa en Argentina y en Francia. Mas precisamente, en Argentina, estuvimos estudiando las dinámicas alrededor del “Sistema chacras”, y en Francia trabajamos sobre la movilización de productores y científicos en las controversias ligadas a la evaluación medioambiental y agronómica de la siembra directa.

Vamos a destacar dos principales puntos en esta ponencia. El primero intentará mostrar que lo que se observa en agricultura, a partir del caso concreto de la siembra directa, es parte de fenómenos más amplios que atraviesan la sociedad de manera general sobre el papel de la ciencia y la tecnología. Presentaremos en esta ocasión el concepto de innovación por sustracción, elaborado a partir del caso de la siembra directa, pero que se puede aplicar de manera transversal a muchos sectores de la economía.

Mostraremos también que, al interior del sector agrícola, la siembra directa es uno de los escenarios, entre otros, donde se expresan esas tensiones alrededor de la producción de conocimientos. Sugeriremos así que comparte muchos puntos en común – aunque parezca difícil en cuanto al carácter casi hermético de la separación entre los movimientos sociales que sostienen los dos modelos de desarrollo- con la pequeña agricultura familiar y la agroecología en Argentina.

El segundo punto mostrara el carácter simétrico del involucramiento de los actores científicos y de los non-científicos en dispositivos innovadores de producción de conocimientos como lo que se observa alrededor de la siembra directa. Con otras palabras, la idea es que estos dispositivos existen no solo porque productores referentes se levantan contra el modelo de la ciencia encerrada en sus estaciones experimentales, sino también porque algunos científicos defienden practicas alternativas a esa ciencia confinada, y construyen su identidad profesional en contra de esta manera de hacer ciencia y de relacionarla con la sociedad. La idea es mostrar que de ambos lados – científicos y non-científicos- existen una diversidad de prácticas y de representaciones en cuanto a la construcción de conocimientos, y que este tema (los conocimientos) es central en las construcción de sus identidades profesionales.

Sugeriremos entonces que estos dispositivos alternativos de producción de conocimientos existen no solo por necesidad, no solo porque los conocimientos locales son un factor limitante frente a las singularidades de las situaciones (problemáticas); sino que también emergen porque, tanto para los científicos que para los non-científicos, son un vector de construcción de identidades profesionales basadas sobre la defensa de un modelo de producción y sobre todo la contestación de un orden establecido en la organización del sector agrícola. Por eso propondremos considerar el tema del desarrollo de sistemas alternativos de producción de conocimientos también como un factor militante.

 
Cambio climático: ¿Qué cambió?, ¿Qué cambiará? Vulnerabilidad y adaptación, desafíos y necesidades 
Dr. Graciela Magrin

Esta presentación se enfocó en el cambio climático y sus relaciones con el sector agropecuario, considerando que uno de los grandes desafíos de este siglo será incrementar sosteniblemete la producción enfrentando los riesgos de un nuevo sistema climático.

Hoy se afirma que el calentamiento del planeta es indudable y que desde la década de 1950 han ocurrido eventos climáticos sin antecedentes en los últimos milenios; también se redujo el volumen de nieve y hielo, aumentó el nivel del mar, y las concentraciones atmosféricas de gases efecto invernadero siguen aumentando a tasas crecientes.

En el caso concreto de Argentina, se detectaron cambios notables del clima durante el siglo XX, que incluyen:

  • Calentamiento medio de 0.5ºC, con aumentos mayores de la temperatura mínima.
  • Incremento de las olas de calor, especialmente en el período 2001-2012.
  • Aumento significativo de las lluvias, especialmente a partir de la década de 1960.
  • Aumento en la frecuencia de ocurrencia de lluvias muy intensas.

Estos cambios beneficiaron la productividad de los cultivos de verano y las pasturas y favorecieron el desplazamiento de las fronteras agrícolas hacia el oeste y sur de la región Pampeana, incrementando notablemente la producción y los ingresos del sector.Sin embargo, la deforestación excesiva y la simplificación de los sistemas productivos con tendencia al monocultivo están afectando las cualidades de los ecosistemas y aumentando la vulnerabilidad del sector a las variaciones climáticas interanuales, especialmente las relacionadas con excesos y deficiencias de precipitaciones. 

De acuerdo a los escenarios climáticos futuros, el sud este de Sud América (gran parte de Argentina, sur de Brasil, Uruguay, y parte de Paraguay) podría sostener o inclusive aumentar la productividad promedio hasta mediados de este siglo, aunque la mayor frecuencia de eventos extremos y la variabilidad interdecadal del clima comprometerían la situación en algunos períodos.

Por otro lado, el sector agropecuario es una de las fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). En Argentina, y el resto de los países de América Latina, las emisiones totales son relativamente bajas comparadas con los países desarrollados, pero (justamente por la falta de desarrollo) el peso relativo de las emisiones del sector agropecuario es elevado.

Las acciones para enfrentar el cambio climático se basan en la “adaptación” ó medidas tendientes a reducir la vulnerabilidad asociada al clima, y la “mitigación”ó medidas destinadas a reducir las emisiones de GEI.  Es evidente que el interés del sector debe centrarse en las medidas de adaptación, aunque es necesario identificar medidas de mitigación que permitan el crecimiento sostenido del sector y al mismo tiempo permitan reducir los riesgos climáticos.

 

La conservación del suelo en la Argentina: ¿De dónde venimos y hacia dónde vamos?
Dr. Miguel A. Taboada. Director Instituto de Suelos, CIRN, INTA

La Argentina posee una historia de uso de los suelos que se remonta a fines del siglo 19, cuando llegaron los primeros inmigrantes europeos y comenzaron la agricultura y ganadería extensivas. Esta historia nos conecta con lo sucedido en otras regiones caracterizadas también por disponer amplias llanuras con suelos fértiles, aun poco o nada cultivados, como las grandes planicies de América del Norte (EEUU y Canadá), Australia, y en menor medida África. Pero nos diferencia de lo que venía sucediendo en Europa y Asia, donde la historia de deforestación y cultivo de la tierra, y de degradación de suelos, se remonta a cientos o miles de años.

El siglo 20 se caracterizó por hechos notables, como el aumento de la población mundial, la colonización de nuevas tierras en los continentes “nuevos” (América y Oceanía), las grandes guerras, los desarrollos tecnológicos (i.e. la revolución verde) y el crecimiento de la población urbana. Estos cambios generaron presiones sobre el uso de los suelos, que trajeron como primera consecuencia el aumento de los procesos de degradación física, química y biológica. Si bien estos procesos no eran desconocidos, ya que llegaron a causar la desaparición de  civilizaciones antiguas por problemas de seguridad alimentaria, tomaron una gran difusión pública y afectaron el desarrollo de una nueva ciencia como era la “ciencia del suelo”.

Por ejemplo, a esta toma de conciencia debe atribuirse la creación del Servicio de Conservación de Suelos EEUU en la década del ’30, por su primer director que fue el Dr. Hugh Bennett, considerado el “Padre de la Conservación del Suelo”. Hugh Bennett tuvo el gran mérito de haber sabido alertar al Congreso de los Estados Unidos de los daños que generaba la voladura de suelos durante el fenómeno conocido como “dustbowl”.

Como resultado de estos cambios, la visión que existió de los suelos durante siglo 20 estuvo muy basada en la existencia de los procesos de degradación, generadores de problemas de difícil reversibilidad, como la erosión o la salinización, problemas de compactación generados por la creciente mecanización, o de polución por el exceso de uso de fertilizantes en economías agrícolas subsidiadas. En la Argentina, donde la producción agropecuaria nunca estuvo subsidiada, los problemas característicos estuvieron asociados con el sellado y planchado de los suelos asociado con el uso de labranzas tradicionales (e.g. reja y vertedera y discos), y los problemas de erosión por el agua y el viento.  Con respecto a los nutrientes, y a diferencia de los países desarrollados, nuestro país tuvo más una subutilización que una sobreutilización de los fertilizantes. Los suelos, originalmente fértiles, perdieron parte de su materia orgánica y nutriente.

El siglo 21 se está caracterizando por un importante cambio de paradigmas en materia ambiental, lo cual incluye a los suelos. Estos cambios fueron puestos a la luz por el denominado Millennium Ecosystem Assessment, que alertó acerca de tres principales factores determinantes de deterioro en los suelos: a) la variabilidad del clima y el cambio climático; b) el uso de nutrientes por las plantas; y c) la conversión de las tierras. Estos factores responden a las nuevas presiones de uso de los suelos, entre las que merecen citarse el aumento de la población mundial (se espera 9.000 millones de habitantes para 2050) y la creciente demanda de mejor calidad de vida (urbanización, proteínas), principalmente en países del denominado tercer mundo y del sudeste asiático.

Ello ya ha generado un aumento del comercio de los “commodities” agropecuarios y de sus precios, de lo cual se ha beneficiado nuestro país para recuperarse de la fenomenal crisis de inicios de siglo. En 25 años hemos expandido 10 millones de hectáreas la superficie cultivada, a expensas de desaparición de pasturas y de desmonte, y hemos cuadruplicado la producción de agrícola, a expensas de la combinación de soja transgénica, siembra directa y agroquímicos.

Este modelo de producción industrial y de escala nos hace competitivos a nivel mundial, pero genera desarreglos o “nouissances”, no sólo hacia dentro de nuestro país (pérdidas de biodiversidad, migración de poblaciones rurales, potencial contaminación), sino también hacia afuera, donde mucho de nuestros potenciales compradores ha puesto bajo la lupa este modelo de “agricultura industrial”, con el riesgo de imposición de barreras para-arancelarias a nuestras exportaciones agropecuarias.

Más que en la visión negativa basada en los procesos de degradación, el foco se ha puesto en las funciones de los suelos, que incluye no sólo las más conocidas de tipo productivo (agricultura, forestación, biomasa) sino también las de tipo ecológico, que no poseen un valor de mercado. El nuevo foco son los servicios ambientales prestados por los suelos, como el secuestro de carbono, el filtrado del agua y el aire, la conservación de la biodiversidad, y los servicios culturales y espirituales. Asoman así nuevas demandas como las diferentes huellas o trazabilidad de las producciones de los suelos (e.g. carbono, hídrica, biológica).

Estas huellas ponen en cuestionamiento la forma de producción de nuestro país, que presenta como hecho positivo la adopción de la agricultura en siembra directa, pero como hechos negativos, la monocultura de soja y la pérdida de biodiversidad en áreas de desmonte. Es probable que en el futuro necesitemos implementar distintos modelos productivos, que deberán ser necesariamente distintos en áreas donde la agricultura en “gran escala” es posible, y en otros donde los enfoques de “pequeña escala” son necesarios. Estos enfoques de “pequeña escala” requieren desarrollar prácticas como un mayor reciclado de residuos, la integración de producciones (agroforestería, silvo-pastoril) y la agroecología.

Entre los posibles desafíos futuros de nuestro país, es posible distinguir entre los de tipo  productivo:

  • Cerrar “brechas” de rendimiento en los principales cultivos: comprender mejor el aprovechamiento del agua almacenada en los perfiles de suelo.
  • Nuevos germoplasmas: resistencia a plagas, estrés hídrico, C3 por C4 en trigo y arroz.
  • Evitar agotamiento de la fertilidad de los suelos (acceso a fertilizantes y sistemas diagnóstico).
  • Mejorar la comprensión de los procesos biológicos de suelo: fijación de N, solubilización de P, degradación de residuos de herbicidas, agregación del suelo.
  • Mejorar el conocimiento de acuíferos y la eficiencia de los sistemas de riego (fundamental por menores lluvias en zona andina).

y los de tipo ecosistémico:

  • Medir las emisiones GEI (N2O, CH4).La solución no es emitir menos en “bruto”, sino menos “por unidad producida: mejorar eficiencias de uso del C, el N y el agua.
  • secuestrar más carbono en los suelos, mediante sistemas integrados agricultura-ganadería, aporte de abonos orgánicos al suelo, intensificar de la agricultura con cultivos de gramíneas, agro-ecología, etc.
  • Preservar calidad del agua y del aire, mediante un uso racional de insumos.
  • Preservar biodiversidad en ambientes críticos (selvas, bosques, humedales).

 

“Hacia qué Agricultura vamos…..” ¿Reduccionismo u holismo ? en el campo y la ciencia
Dr. Tony Fischer.  CSIR, Camberra, Australia

No hay dudas de que las presiones por una mayor eficiencia (economías de escala) están guiando las tendencias reduccionistas o simplistas de la agricultura moderna, con grandes reducciones en la diversidad espacial, temporal y genética, y pérdida de la biodiversidad nativa. Pero ¿importa si los alimentos son más baratos como consecuencia? Sí. Debido a que ciertos riesgos para la producción se han amplificado (especialmente, los brotes de estrés biótico) y algunas sinergias que mejoran la productividad se han perdido (por ej., cuando las rotaciones carecen de diversidad), mientras pueden surgir grandes costos ambientales (por ej., en las instalaciones de producción animal intensiva). Otra simplificación es la consolidación entre los proveedores de insumos (semillas, fertilizantes, biocidas), una tendencia global común (por ej., fármacos, softwares, teléfonos móviles) pero tampoco es necesariamente sin riesgos.

También surge una cuestión económico-política relacionada, la titularidad de la producción agrícola. Generalmente, los establecimientos más grandes han permanecido propiedad familiar en las naciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), donde el arrendamiento de tierras genera una forma común, pero también preocupante, de aumentar la escala (tamaño operacional). Las grandes unidades operacionales también crean oportunidades para la participación y/o titularidad corporativa.

Gran parte de la Argentina y Brasil (también Paraguay y Uruguay) también se ajusta a este modelo, pero con frecuencia con una mayor tendencia hacia el arrendamiento de tierras y la participación corporativa. En todas partes se cree que estas tendencias amenazan el capital social rural, mientras la dependencia de la titularidad corporativa y los arrendamientos pueden atenuar la preocupación por la sustentabilidad de la tierra.

Se han discutido varios ejemplos de hacerle frente a la simplificación de los sistemas agrícolas. El primero fue la introducción exitosa de la canola en los sistemas de cultivo de Australia, realizando tareas de investigación, desarrollo y extensión constantes durante 30 años. La segunda estuvo relacionada con la posibilidad de que la siembra directa continua fuese una sobre-simplificación y podría beneficiarse del uso estratégico de la labranza (esto resulta casi una herejía para Aapresid). Por último, se discutió sobre los desafíos y los beneficios de mantener a los rumiantes en los establecimientos agrícolas.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               El reduccionismo en la ciencia aplicada a la agricultura es común y, con frecuencia, una parte fundamental de la investigación que apunta a los problemas agrícolas. Puede haber un gran desfasaje entre la investigación reduccionista estratégica o básica y su aplicación a campo (por ej., cultivos GM), y algunas aplicaciones ni siquiera fueron anticipadas cuando comenzó la investigación (por ej., los avances en tecnologías de telecomunicación e informática, ITC, detrás de la agricultura de precisión). Sin embargo, toda esa investigación requiere de holistas para su aplicación en el sistema de cultivo, y puede surgir un problema cuando la investigación reduccionista básica pierde de vista el mundo real, más precisamente, en el caso de la investigación de las plantas: el cultivo del campo.

Actualmente existe una falta de equilibrio en todo esto, mucha investigación de plantas carece de una relación estrecha con el mundo real, como podría obtenerse mediante la comunicación asidua con los holistas, concretamente, los fisiólogos de los cultivos, agrónomos, científicos ambientales, productores inteligentes e, incluso, economistas. Estos últimos deberían liderar toda la agenda de investigación, identificando los problemas, fijando prioridades para los reduccionistas y monitoreando los progresos.

Esta discusión indica un rol fuerte y constante de la investigación del sector público en la agricultura, especialmente en área de falla de mercado como las cuestiones holísticas relacionadas con los sistemas de cultivo modernos, y quizá también señale la necesidad de una mayor regulación basada en la investigación de algunas de las tendencias preocupantes mencionadas anteriormente.