La Chacra Justiniano Posse pasó por el espacio Aapresid Comunidad Digital para hablar de optimización en el manejo de maíz y soja ¡No te pierdas la charla completa!

La zona que comprende la Chacra Justiniano Posse en el sudeste cordobés, fue históricamente

subhúmeda, con lluvias que en general no satisfacían los requerimientos de los cultivos. Pero a partir de 2013/14 la cosa fue cambiando: “pasamos de renegar por la falta de agua a lidiar con excesos” dijo Gustavo Rubio, miembro de la Chacra.

La napa se convertía en un arma de doble filo: por un lado, aumenta los riesgos de saturación de los suelos, encharcamiento y salinización, pero por otro, una oportunidad para producir más granos. El grupo se propuso ajustar el manejo de cultivos al nuevo escenario y así nació la Chacra: “los productores planteamos las problemáticas y diseñamos junto a expertos qué evaluar a campo” comenta Rubio.

Maíz: fertilización nitrogenada y densidad

Según explica el Coordinador técnico de Sistema Chacras Aapresid, Alejo Ruiz, “para producir en esta zona 10 tn de maíz o 4 tn de soja necesitábamos 500 mm. La napa puede aportar entre 200 y 300 mm. Con la nueva disponibilidad hídrica es posible apuntar a maíces tempranos de 15 tn, pero para eso necesitamos mejorar la captura de otro recurso: la radiación”.

Para esto, la Chacra apuntó a dos variables: fertilización con nitrógeno (N) y densidad. “El N y la densidad son determinantes para capturar radiación porque condicionan el área foliar”, explica Ruiz.

Los resultados muestran que la dosis es la primera variable a ajustar: “en ambientes con napa, la brecha entre maíces sin fertilizar vs. fertilizados con 240 kg N fue de hasta 70 qq. Si bien la respuesta varió mucho entre lotes, muestra la importancia del N para aprovechar el agua disponible.”

En cuanto al momento óptimo de fertilización, si bien los resultados son erráticos, muestran que antes de pensar en el cuándo conviene ajustar el cuánto: “en ciertas situaciones puede haber diferencias entre aplicar el N a la siembra o en V7, pero esto depende de la distribución de las lluvias. En general, vimos que el momento fue menos importante que la dosis”.

A pesar de que todos los sitios contaban con napa “tuvimos testigos sin fertilizar con rindes de 80 a más de 120 qq. Esto muestra las diferencias en el aporte de N de los suelos, pero también pone en evidencia la necesidad de contar con indicadores que nos ayuden a predecir el aporte de N del suelo y respuesta a la fertilización”. En esa línea, se vio que la cantidad de nitratos a la siembra, la mineralización aparente (medida como N en planta a MF) y el antecesor pueden dar una idea de las necesidades de N en cada situación y la estrategia a elegir.

La densidad se trabajó junto con la fertilización, evaluándose diversas combinaciones de densidad (de 50 a 130 mil pl/ha) y dosis de N (de 0 a 180 kg de N). “Lo que se ve es una interacción entre variables: cuando la disponibilidad de N es buena, hay grandes respuestas a aumentos de densidad. Tal es esta sinergia que, en un manejo típico de 75 mil pl/ha y 100 kg de N, aumentos de ambas variables de forma independiente (densidad ó N) significaron subas de 4% y 2% en rinde y margen bruto (MB); pero el aumento combinado de ambas variables (95 mil pl/ha y 160 kg de N) se tradujo en subas del 11% en rinde y del 16% de MB.

El antecesor impacta sobre la dinámica del N. Por eso, el uso de vicias – fuente de N – previo a maíces tardíos en ambientes sin napa es casi una regla para este grupo de productores.

En la búsqueda de planteos más verdes, muchos optan por aumentar la proporción de trigo en la secuencia con hasta 2 trigos cada 3 años en ambientes con napa. “En estos casos conviene apostar a una buena fertilización (160-170 kg de N en aplicaciones tempranas) si se pretende ir a maíz ‘de segunda’, ya que el trigo – por su elevada relación C/N – deja la mitad de los nitratos que antecesores como rastrojo de soja o vicia”. Esto se ve en el rinde, que en un maíz sobre trigo sin fertilizar puede caer a la mitad respecto de uno antecedido por rastrojo de soja.

Soja: regulando fechas de siembra

Para explorar el potencial de la soja en ambientes con napa la Chacra se enfocó en dos estrategias: siembras tempranas y dinámica del N.

“La fecha de siembra (FS) es una de las variables de mayor impacto sobre el rinde. Siembras posteriores al 17 de octubre muestran caídas de rinde de 35 kg/día. Las siembras tempranas permiten la ocurrencia del periodo crítico en mejores condiciones de radiación. Se alarga el periodo de R3 a R6 y se fijan más granos”. Los máximos rindes se obtuvieron en FS de los primeros 10 días de octubre. Esto es posible en lotes con napa, donde no se corren los riesgos de estrés hídrico y térmico, normalmente asociados a siembras tempranas. Los GM IV medio y cortos son los que mejor respondieron a estas FS.

Limitaciones de N no es algo que suela tenerse muy en cuenta en soja, pero en ambientes de alto potencial puede limitar el rinde. “Una soja de 60 qq necesita 450 kg de N. La fijación biológica aporta el 70-80%, por lo restante depende del suelo. Este no siempre puede entregar esta cantidad, y esta probablemente sea la causa de la caída del rinde en sojas antecedidas por trigo/maíz respecto de antecedidas por maíz de 1ra, donde el gran volumen rastrojo de elevada relación C/N, retiene más N”, concluye Bardeggia.

Hoy la Chacra investiga la dinámica del N biológico en diferentes secuencias, el uso de enmiendas orgánicas y su efecto en la fijación biológica y rendimiento de soja en ambientes con napa.