3 claves para ganarle a las enfermedades en trigo y cebada

Las enfermedades fúngicas vienen pegando fuerte en el sur de Buenos Aires. En la UPA de la Regional Mar del Plata, el especialista Marcelo Carmona repasó lo que hay que saber para no perder la batalla.

El 14 de Noviembre en Mar del Plata se desarrollo la UPA Regional Mar del Plata. La sede fue el establecimiento “El Silencio” y el evento que ya es un clásico en la zona conto con la presencia de más 150 personas.

Uno de los ejes fue sanidad de trigo y cebada, cultivos que en los últimos años sufrieron los embates de enfermedades fúngicas. Para esto el especialista Marcelo Carmona se refirió a 3 aspectos esenciales para decidir un mejor control y no fallar.

El primer aspecto es el momento de aplicación, y en este sentido,  el constante monitoreo debe ser una obligación. Pero no alcanza con verificar la presencia de enfermedad: “necesitamos aprender a ponerle números. El monitoreo debe estar acompañado de una cuantificación de la incidencia y severidad de la enfermedad”. La decisión del momento de aplicación de un fungicida debe dejar tomarse en función de estadios fenológicos para hacerse en base a un monitoreo constante.

La observación de lotes debe arrancar en estadios tempranos del cultivo, es decir en macollaje, y mantenerse a lo largo del ciclo. “Hay que tener en cuenta que las enfermedades se manifiestan en diferentes momentos, desde estadios tempranos como roya amarilla o anaranjada, hasta fin de ciclo como fusarium o roya de tallo”. En cuanto a umbrales, Carmona recomendó aplicar cuando el porcentaje de incidencia llega al 5% en roya anaranjada y 15% en mancha amarilla, independientemente si la infección llegó a hojas superiores, ya que la enfermedad evoluciona de abajo hacia arriba en el canopeo.

El segundo aspecto es la dosis de aplicación, y aquí Carmona fue rotundo: “no dividir dosis y respetar los marbetes. La sub-dosis tiene efectos contraproducentes ya que aumenta la probabilidad de generar resistencia a fungicidas”.

El tercer y último aspecto fue el tipo de molécula a aplicar. Aquí la premisa es entender que no todas las mezclas y no todas las moléculas son iguales, incluso moléculas dentro de una misma familia. “Debemos conocer con qué molécula estamos trabajando y a que hongo apuntamos. Por ejemplo, hay que saber que la mancha amarilla es resistente – o por lo menos tolerante – a todas las estrobirulinas y al ciproconazole, mientras que en roya anaranjada no funcionan los triazoles”.

Además de los aspectos anteriores, Carmona hizo hincapié en desterrar conceptos equivocados: “debemos eliminar la noción de que el fungicida sirve para ‘apagar incendios’. Fueron diseñados para actuar como ‘preventivos’ y frenar infecciones de forma temprana.

Esto es clave por ejemplo en el control de ramularia con mezclas de carboxamidas o protioconazole: “en pocos días puede generar pérdidas altísimas, por lo que prevenir la infección es el mejor método de control”. Si bien en una campaña seca como la actual los riesgos de infección son bajos (el hongo prospera en situaciones de anegamiento) conviene no bajar la guardia porque la enfermedad también puede ingresar al lote traída por el viento.

Otra cuestión a desterrar es la idea de que el periodo de protección de los productos – mal llamado residualidad – es el que dice el marbete: “este periodo depende en realidad de un conjunto de factores entre los que se destacan la cantidad de inoculo inicial, la molécula a utilizar, la dosis, la calidad de aplicación y las condiciones ambientales. Así, el periodo indicado en el marbete no necesariamente va a cumplirse a campo”