Herbicidas hormonales y los desafíos de su uso
Casos de sensibilidad en cultivos como el algodón vuelven a poner en foco la importancia del correcto uso de los herbicidas hormonales, herramienta clave para un control efectivo de malezas.
Publicado el 30 de enero de 2026

En las últimas campañas se detectaron daños en cultivos sensibles, como el algodón, vinculados al uso inadecuado de herbicidas hormonales aplicados en barbechos o en sistemas con cultivos tolerantes. Estos casos vuelven a poner sobre la mesa la necesidad de ajustar decisiones de manejo para aprovechar su eficacia sin generar impactos fuera del blanco. Para profundizar en el tema, la REM de Aapresid consultó al Ing. Agr. (Dr.) José Tarragó, del INTA Las Breñas y la Facultad de Cs. Agrarias de la UNNE.
Hormonales en Argentina: 2,4-D en el centro de la escena
La introducción de hormonales como el 2,4-D revolucionó el manejo de malezas a nivel mundial y dio origen al desarrollo de numerosos herbicidas auxínicos. En Argentina, su uso estuvo históricamente limitado a barbechos, estadios iniciales del maíz y otros cultivos de gramíneas.
Con la incorporación de cultivos con biotecnologías tolerantes a herbicidas hormonales, su ventana de aplicación se amplió de manera significativa hacia cultivos implantados durante los meses de diciembre, enero y febrero. Esta expansión, al mismo tiempo que permitió mejorar el control de malezas, también trajo problemas de volatilización y la deriva de los activos cuando no son correctamente aplicados en los meses más cálidos del año.
Los herbicidas hormonales pueden causar daños a dosis extremadamente bajas. Entre los cultivos más sensibles se encuentran el algodón, las legumbres, el girasol, la vid, diversas hortalizas y frutales, así como materiales de soja no tolerantes. Los síntomas más frecuentes incluyen enrollamiento de hojas en forma de “cucharita”, tallos retorcidos, reducción del crecimiento, aborto floral y pérdidas severas de rendimiento.
La combinación entre una mayor frecuencia de uso, aplicaciones en períodos ambientalmente críticos y la elevada sensibilidad de numerosos cultivos regionales explica el incremento de episodios de daño fuera del blanco y, en consecuencia, el avance de regulaciones específicas en distintas provincias del país.
El caso del algodón
El algodón constituye uno de los cultivos más sensibles a los herbicidas hormonales, incluso a dosis extremadamente bajas, con efectos que varían en magnitud según la cantidad de producto derivado y/o volatilizado. Si bien a nivel global se encuentran en desarrollo materiales tolerantes, su adopción comercial en Argentina es aún lejana.
El síntoma visual más inconfundible de este cultivo a los hormonales es la malformación foliar conocida como "hoja pata de rana" o "en abanico", que es debida a una inhibición del crecimiento del área verde entre las nervaduras de la hoja. Además, se suele ver retorcimiento y curvatura de los pecíolos y tallos jóvenes, acortamiento de entrenudos y -en fase reproductiva- aborto de botones florales y deformación de cápsulas (Fig. 2).
“En la última campaña se observaron daños en lotes de algodón en estadios más avanzados, debido a un adelanto de la fecha de siembra, con plantas que ya tenían 11 o 12 nudos al momento de verse afectadas (Fig. 2). En estas situaciones, cuanto más avanzado está el ciclo del cultivo, menor es su capacidad de recuperación y mayor el impacto productivo”, advirtió Tarragó.

Regulaciones territoriales, parte de la solución
Frente al incremento de conflictos y daños asociados al uso de herbicidas hormonales, diversas provincias avanzaron en la implementación de normativas específicas orientadas a proteger cultivos sensibles y ordenar su aplicación.
Por ejemplo en Chaco, las restricciones se concentran en una ventana temporal entre el primero de agosto al 31 de marzo. No obstante, Tarragó comentó que actualmente existe un proceso de diálogo activo entre distintos actores que, entre otras cuestiones, están evaluando la posibilidad de revisar estas fechas, considerando que los mayores riesgos de daño suelen concentrarse hacia fines de año y meses estivales, más que en etapas tempranas de la campaña.
Por otro lado, las demás provincias avanzan con otras iniciativas, como limitaciones zonales y temporales en Santiago del Estero, zonas de exclusión y amortiguamiento en Santa Fe, limitaciones de aplicación según condiciones ambientales y distancias en Córdoba y protocolos específicos y la exigencia de recetas agronómicas en Entre Ríos.
Bases y utilidad de los herbicidas hormonales
Los herbicidas hormonales o auxínicos, son productos sistémicos que imitan la acción de las auxinas, hormonas naturales de las plantas encargadas de regular el crecimiento. Se absorben principalmente a través del follaje, aunque también pueden ingresar en menor medida por las raíces. Al ingresar a la maleza, estos herbicidas inducen un crecimiento descontrolado alterando procesos fisiológicos clave, lo que finalmente conduce a la muerte de la planta.
Este grupo químico de herbicidas constituye una herramienta clave en el manejo de latifoliadas en los sistemas agrícolas actuales. Entre los principios activos más utilizados en nuestros sistemas productivos se encuentran: 2,4-D, dicamba, MCPA, picloram, clopyralid y fluroxypyr. Estos se agrupan en subclases químicas, cada una con estructuras moleculares distintas (Tabla 1).

Estos herbicidas se emplean mayormente en postemergencia, siendo selectivos para el control de malezas de hoja ancha en cultivos de gramíneas, los que presentan tolerancia debido a un transporte más restringido y un metabolismo más eficiente. No obstante, en cultivos de cereales, aplicaciones de hormonales selectivos a dosis excesivas o fuera de la ventana recomendada pueden provocar fitotoxicidad, manifestada por hojas enrolladas o tipo “cebolla” y malformaciones en los órganos reproductivos. Asimismo, algunos principios activos como quinclorac y florpyrauxifen-benzyl constituyen una excepción, ya que presentan eficacia sobre ciertas gramíneas y ciperáceas.
En las malezas dicotiledóneas, los primeros síntomas incluyen la detención del crecimiento y una clorosis leve en las hojas jóvenes. Posteriormente se observa un crecimiento rápido y desordenado, con malformaciones en tallos, hojas y raíces.
Residualidad y resistencia
La residualidad de los herbicidas hormonales es variable y puede extenderse desde una semana hasta varios meses, dependiendo de la familia química involucrada, el contenido de materia orgánica del suelo, la textura, la humedad y otras condiciones ambientales.
Relativamente pocas malezas han evolucionado resistencia a los herbicidas auxínicos, lo cual resulta destacable considerando su uso prolongado y extendido. En Argentina, el 2,4-D es el único herbicida de este grupo con biotipos resistentes confirmados (Amaranthus hybridus, Carduus acanthoides, Brassica rapa e Hirschfeldia incana), en la mayoría de los casos en combinación con glifosato. Mientras que a nivel mundial hay 44 biotipos de malezas que presentan resistencia a varios activos de este grupo químico.
Volatilidad y movimiento fuera del blanco
La volatilidad es la tendencia de una sustancia química a pasar a fase gaseosa y constituye una de las principales vías de pérdida de herbicidas luego de su aplicación. Este proceso reduce la eficacia del control y aumenta el riesgo de movimiento fuera del blanco.
El 2,4-D puede presentarse como ácido, sales (aminas, sódicas o amónicas) o ésteres (etilhexílico y butílico), formulaciones que difieren en sus propiedades fisicoquímicas y, particularmente, en su potencial de volatilización. Si bien los ésteres suelen presentar una mayor penetración en la cutícula vegetal, presentan un mayor riesgo de volatilización, que es prácticamente despreciable en las formulaciones salinas bajo condiciones normales de aplicación, pero significativa en los ésteres, incluso a temperaturas habituales.
Dentro de estos últimos, el éster butílico se caracteriza por una alta volatilidad, mientras que el éster etilhexílico presenta un comportamiento intermedio. Debido a su elevada volatilidad y al mayor riesgo de deriva y daños a cultivos sensibles, en nuestro país desde el 2019 rige la resolución 466/2019 de SENASA que prohíbe la las formulaciones de 2,4-D en éster butílico e isobutílico a nivel nacional.
Pautas de manejo para reducir movimientos fuera del blanco
Más allá de las regulaciones, el manejo a campo sigue siendo la principal herramienta para reducir riesgos. Las principales recomendaciones son:
- Aplicar solo bajo condiciones climáticas óptimas. Evitar vientos fuertes, inversión térmica y altas temperaturas con baja humedad relativa.
- Seleccionar formulaciones menos volátiles (ácido o sales) y los coadyuvantes recomendados en el marbete.
- Usar boquillas y presiones que reduzcan la generación de gotas finas y evitar alturas excesivas del botalón.
- Respetar zonas de amortiguamiento y distancias a cultivos sensibles.
- Limpiar adecuadamente los equipos para evitar contaminación cruzada y no dejar producto remanente en el tanque.
Asimismo, el especialista destaca el potencial de las nuevas herramientas de monitoreo climático, como equipos que registran condiciones ambientales en tiempo real y el desarrollo de redes para la detección de inversiones térmicas. Estas herramientas podrían aportar información clave para mejorar la toma de decisiones a campo, permitiendo aplicaciones más seguras y reduciendo el riesgo de deriva.
Este escenario plantea el desafío de lograr la convivencia entre tecnologías de control altamente eficientes y sistemas productivos diversos, donde la correcta elección de formulaciones, el momento de aplicación y el cumplimiento de las buenas prácticas y de las normativas vigentes, resultan claves para minimizar riesgos fuera del blanco.