Manejo sanitario en soja: cómo anticiparse al síntoma frente a resistencias
Esta campaña vuelve a poner en primer plano la prevención, el monitoreo y el posicionamiento estratégico de los fungicidas como ejes del manejo sanitario anti-resistencia.
Publicado el 30 de enero de 2026

Las enfermedades de fin de ciclo ganan terreno en soja, prevenir sigue siendo la mejor estrategia de manejo.
El manejo sanitario de la soja enfrenta hoy un escenario complejo, marcado por una alta variabilidad climática, la aparición temprana de enfermedades, diferencias genéticas entre materiales y una presión creciente de resistencia a fungicidas. En la actual campaña, el "subibaja" de condiciones climáticas -con estrés por sequía y calor en etapas reproductivas y la posterior llegada de lluvias- generó un escenario propicio para el desarrollo de enfermedades en lotes de soja estresados. Frente a este panorama, desde la REM de Aapresid se refuerza una idea central: la sanidad no se resuelve con una aplicación puntual, sino con una estrategia de manejo integral que se construye antes de que aparezca el síntoma.
La prevención: el manejo que empieza antes de ver la enfermedad
La calidad fisiológica y sanitaria de la semilla, junto con el manejo de las rotaciones, constituyen la primera barrera del sistema. Secuencias como soja–soja, incrementan la carga inicial de inóculo y favorecen la aparición de enfermedades de fin de ciclo (EFC) y patógenos de raíz y tallo, por lo que conocer el historial del lote resulta clave al momento de interpretar el escenario sanitario.
Las diferencias genéticas entre cultivares son otro pilar central del manejo preventivo. Ensayos comparativos muestran contrastes marcados en el comportamiento sanitario entre materiales, incluso entre cultivares antiguos con buena tolerancia y lanzamientos más recientes donde este atributo no siempre fue priorizado, tal como destacó el especialista de la EEAOC Dr. Reznikov en el Congreso Aapresid 2025.
El monitoreo permite leer la dinámica cultivo-ambiente-patógeno y anticipar decisiones, integrando estado fenológico y funcionalidad de los fungicidas. Las recorridas periódicas son indispensables para detectar el inicio de actividad y anticipar su avance hacia hojas más productivas.
Comprender qué grupos actúan de manera preventiva (ej. estrobilurinas, carboxamidas) y cuáles presentan acción curativa (ej. bencimidazoles y triazoles) es clave, ya que una misma severidad no impacta igual en V8 que en R4 y, en general, cuanto más tarde se interviene, menor es la probabilidad de éxito. En ese sentido, la encuesta de la REM a socios de Aapresid mostró que casi el 70% de las aplicaciones de fungicidas en soja se concentran entre R3 y R4 (Fig. 1).

Sin alarmarse, no perder de vista las resistencias de patógenos a fungicidas
Los patógenos al igual que las malezas presentan variabilidad genética que puede dar lugar a mutaciones asociadas a la interacción con los fungicidas. La aplicación reiterada de un mismo modo de acción selecciona aquellos individuos menos sensibles que, con el tiempo, aumentan su frecuencia en la población. La evidencia disponible en soja muestra que algunos modos de acción comienzan a perder eficacia, un proceso gradual que debe interpretarse sin alarmismo pero con atención (Tabla 1).

En el caso del tizón de la hoja (Cercospora spp.) los antecedentes locales describen un proceso evolutivo sostenido, con resistencia a carbendazim registrada en 2017, a estrobilurinas y la reducción de sensibilidad al ciproconazole y una insensibilidad natural a las carboxamidas en 2020. Este conjunto de características, sumado a su ciclo repetitivo, convierte a la enfermedad en un desafío sanitario relevante.
Para la roya asiática (Phakopsora pachyrhizi) si bien en Argentina no se han confirmado resistencias, Brasil ha documentado pérdida de eficacia en triazoles y carboxamidas. La cercanía epidemiológica y la similitud de los sistemas productivos transforman estos antecedentes regionales en señales de alerta para anticipar posibles escenarios locales.
En mancha marrón (Septoria glycines) ya se confirmó resistencia a estrobilurinas, una amenaza teniendo en cuenta que este patógeno presenta múltiples ciclos durante la campaña. Mientras que en mancha anillada (Corynespora cassiicola) existen indicios preliminares de resistencia a metil tiofanato y estrobilurinas, informados en 2023.
En conjunto, estos antecedentes, resultado de más de una década de estudios regionales y locales, refuerzan la necesidad de un manejo anti-resistencia integrado. Si bien la resistencia es un fenómeno evolutivo inevitable, puede retrasarse mediante prácticas preventivas como rotaciones, control de hospederos voluntarios, elección de variedades de buen comportamiento sanitario y monitoreo permanente, junto con programas de fungicidas correctamente registrados, que roten y combinan modos de acción multisitios, eviten sub-dosis y prioricen aplicaciones oportunas y de calidad.
Bioinsumos: ¿moda o necesidad?
Los bioinsumos se incorporan como aliados del sistema. Hongos entomopatógenos, bioestimulantes y microorganismos que mejoran la tolerancia al estrés sostienen plantas más equilibradas, modulando una menor predisposición al avance de enfermedades, pero que por el momento no reemplazan al uso de fungicidas tradicionales.
Los biocontroladores han mostrado capacidad para colonizar estructuras de supervivencia de patógenos, reducir la liberación de inóculo y mejorar la resiliencia. Su rol se orienta a reducir la presión inicial de patógenos y, en algunos casos, la frecuencia de aplicaciones químicas. En ese sentido, la encuesta REM 2025 a los socios de Aapresid marcó un crecimiento de un 10% más que en 2024 en el uso de estos productos. Dentro de este grupo los más usados son los bioestimulantes, siendo el cultivo de soja el preferido para aplicarlos (Fig. 2).

En conclusión
La aplicación de fungicidas debe ser el resultado de un proceso diagnóstico que no implique aplicar más, sino hacerlo mejor. El desafío es sostener la eficiencia de las herramientas disponibles mediante un manejo responsable, eficiente y alineado con el funcionamiento del sistema productivo.
Las últimas campañas dejaron claro que la sanidad en soja pasó de ser un aspecto para convertirse en una dimensión transversal que condiciona la estabilidad del rendimiento. En un escenario con enfermedades históricas, nuevos patógenos y mayor estrés abiótico, la REM insiste en volver a lo esencial: el monitoreo, la prevención y decisiones oportunas.
Para ampliar el conocimiento, contenido REM en el Congreso Aapresid 2025: