Dalbulus maidis en escena, pero el riesgo no se mide sólo en capturas

Más capturas, nuevas evidencias sobre su supervivencia invernal y una pregunta clave de cara a la próxima campaña: ¿qué riesgo representa hoy la chicharrita del maíz y qué ajustes en el manejo serán necesarios para limitar su impacto?

Publicado el 30 de junio de 2026

placeholder imageRecambio de tarjetas para el monitoreo de chicharritas en maíz tardío en madurez fisiológica. Región Centro Norte, primera quincena de junio de 2026.
Recambio de tarjetas para el monitoreo de chicharritas en maíz tardío en madurez fisiológica. Región Centro Norte, primera quincena de junio de 2026.

A más de dos años de la gran epifitia de achaparramiento que puso en alerta a toda la cadena maicera, Dalbulus maidis, la “chicharrita del maíz” continúa ocupando un lugar central en la agenda técnica. Aunque la campaña 2024/25 mostró una situación sanitaria mucho más favorable, los monitoreos de la campaña actual volvieron a registrar incrementos poblacionales en distintas regiones del país.

Durante el último Congreso Maizar, especialistas y responsables de la Red Nacional de Monitoreo de D. maidis, compartieron los principales resultados obtenidos durante el segundo año de trabajo colaborativo, junto con nuevos avances sobre la biología del vector que ayudan a comprender mejor su comportamiento y supervivencia. En este contexto, ¿qué riesgo representa hoy la chicharrita del maíz y qué ajustes en el manejo son necesarios para limitar su impacto?

Lo que muestran los monitoreos

Los resultados presentados por la Red Nacional de Monitoreo confirmaron que la dinámica poblacional de D. maidis continúa mostrando fuertes diferencias entre regiones y campañas. Mientras que durante 2024/25 las bajas temperaturas contribuyeron a reducir la actividad del vector, en la campaña 2025/26 las capturas comenzaron a incrementarse más temprano en varias zonas productivas (Fig. 1). En el NOA y el NEA, por ejemplo, los aumentos se registraron desde fines de diciembre y principios de enero, anticipándose respecto de la campaña anterior.

placeholder imageFigura 1. Mapas de calor de la abundancia relativa de Dalbulus maidis entrando al invierno en Argentina durante las campañas 2024/25 y 2025/26. Fuente: Red Nacional de Monitoreo de D. maidis.
Figura 1. Mapas de calor de la abundancia relativa de Dalbulus maidis entrando al invierno en Argentina durante las campañas 2024/25 y 2025/26. Fuente: Red Nacional de Monitoreo de D. maidis.

Uno de los principales mensajes surgidos del panel fue que no existen patrones ni una receta de manejo única para todo el país. La evolución de las poblaciones responde fuertemente a factores ambientales y a las particularidades productivas de cada región. Por ejemplo en zonas como el centro-norte de Santa Fe, esta campaña hubo presencia temprana de D. maidis durante gran parte del ciclo del cultivo. Sin embargo, la incidencia final de síntomas fue baja, probablemente asociada a menores niveles de infectividad.

La infectividad, la variable que explica las diferencias regionales

Los especialistas remarcaron que la cantidad de insectos capturados representa sólo una parte del problema. La infectividad, es decir, el porcentaje de individuos portadores de los agentes causales del complejo de achaparramiento, se ha convertido en una herramienta fundamental para interpretar el riesgo sanitario.

Según explicó el especialista Alejandro Vera de la EEAOC, en algunas regiones la presencia de chicharritas fue acompañada por niveles importantes de portación de Spiroplasma desde etapas tempranas del cultivo, mientras que otras presentaron abundantes poblaciones del vector pero baja infectividad. Esto ayuda a explicar por qué zonas con niveles similares de capturas pueden mostrar impactos muy diferentes sobre el cultivo.

Actualmente la Red evalúa la presencia de Spiroplasma, aunque existen otros patógenos transmitidos por la chicharrita (como el fitoplasma del achaparramiento y el virus del rayado fino) que también forman parte de este complejo de enfermedades.

¿Cómo sobrevive la chicharrita durante el invierno?

Uno de los interrogantes surgidos tras la epifitia fue entender cómo logra sobrevivir la chicharrita durante los meses en los que el maíz prácticamente desaparece del paisaje. Los estudios presentados sobre nuevos avances sobre la biología del vector por el Dr. Eduardo Virla, investigador de la Fundación Miguel Lillo y CONICET y su equipo, mostraron diferencias sustanciales en el comportamiento invernal entre hembras y machos.

Una de las características que remarcó el investigador en MAIZAR es que las hembras atraviesan el invierno fecundadas pero sin huevos desarrollados, con sus ovarios en reposo. La actividad reproductiva sólo se reactiva cuando vuelven a entrar en contacto con plantas de maíz. Este hallazgo indica que ni el aumento de la temperatura ni de horas de luz son suficientes para reactivar la reproducción: el estímulo determinante es la presencia del hospedante. Esto refuerza la importancia de eliminar maíces voluntarios y evitar la existencia de "puentes verdes" que permitan la continuidad del ciclo biológico de la plaga.

Los trabajos también revelaron que las poblaciones otoñales acumulan importantes reservas energéticas antes de ingresar al invierno. Las hembras incrementan sus niveles de lípidos y glicógeno, recursos que les permiten atravesar períodos prolongados de escasez alimentaria y tolerar condiciones ambientales adversas. Según explicó Virla, las hembras invierten recursos en reservas e inmunidad para enfrentar el período invernal en carencia de maíz, mientras que los machos destinan más energía a la reproducción durante el otoño, asegurando que las hembras lleguen fecundadas al invierno.

Otro resultado llamativo fue que individuos provenientes de poblaciones argentinas lograron soportar varias horas de exposición a temperaturas de hasta -4 °C e incluso -7 °C. Estos datos sugieren adaptaciones al frío diferentes a las descritas décadas atrás para poblaciones mexicanas (Fig. 2). Por este motivo, el investigador destacó que las heladas por sí solas no son suficientes para reducir drásticamente las poblaciones. El factor más importante continúa siendo la ausencia prolongada de maíz en el paisaje, que obliga a los insectos a consumir sus reservas y, al mismo tiempo, aumenta su exposición a la acción de enemigos naturales.

placeholder imageFigura 2. Efecto del frío extremo en hembras de poblaciones subtropicales de Dalbulus maidis. Fuente: Dr. Eduardo Virla, Congreso Maizar 2026.
Figura 2. Efecto del frío extremo en hembras de poblaciones subtropicales de Dalbulus maidis. Fuente: Dr. Eduardo Virla, Congreso Maizar 2026.

El rol del “puente verde” en el escenario actual

Los resultados presentados también volvieron a poner en evidencia la importancia del llamado “puente verde”. En regiones endémicas donde existe presencia de maíz durante gran parte del año, ya sea por siembras tempranas o escalonadas, el hospedante permanece disponible por más tiempo, favoreciendo la supervivencia y reproducción del vector (Fig. 3).

La continuidad temporal de cultivos reduce las ventanas de interrupción del ciclo biológico e incrementa las probabilidades de que poblaciones activas de D. maidis alcancen nuevos lotes en etapas tempranas. En este contexto, el riesgo sanitario depende no sólo de la abundancia de insectos y su infectividad, sino también de la interacción con la disponibilidad de hospedantes y la organización temporal del cultivo dentro de cada región.

placeholder imageFigura 3. Supervivencia de Dalbulus maidis sobre maíz guacho.
Figura 3. Supervivencia de Dalbulus maidis sobre maíz guacho.

Recomendaciones de manejo para zonas endémicas

Desde REM, una de las principales estrategias para reducir el riesgo asociado a D. maidis y al complejo de achaparramiento es evitar siembras tempranas de maíz que generen la continuidad temporal y espacial de hospedantes. Lo recomendable de acuerdo a la biología del vector es evitar la presencia del cultivo por al menos tres meses para cortar su ciclo. Además se recomienda fuertemente:

  1. Concentrar las fechas de siembra dentro de ventanas definidas a nivel regional para reducir la presencia de cultivos en distintos estados fenológicos.
  2. Eliminar maíces voluntarios ("guachos") que actúen como reservorio durante el período entre campañas.
  3. Monitorear tempranamente desde la emergencia del cultivo, con especial atención en lotes tempranos y en bordes próximos a maíces más desarrollados.
  4. Utilizar sólo híbridos adaptados y de buen comportamiento considerando la información disponible sobre el comportamiento sanitario frente al complejo de achaparramiento. No se recomienda el uso de materiales susceptibles bajo ningún concepto.
  5. Implementar tratamientos de semilla y otras medidas de protección inicial cuando estén justificadas por el nivel de riesgo local y las recomendaciones técnicas vigentes.
  6. Hacer un correcto uso de medidas de control con insecticidas de probada eficiencia y con las recomendaciones sobre su manejo para evitar la selección de resistencias.
  7. Coordinar estrategias de manejo regional entre productores de una misma zona, ya que la eficacia de las medidas aumenta cuando se reduce la disponibilidad regional escalonada de hospedantes para la plaga.

Los avances científicos y la información generada por la Red Nacional de Monitoreo coinciden en un mismo mensaje: comprender la biología y dinámica de este vector es tan importante como seguir su evolución en el territorio. Siendo crucial interpretar los datos a escala regional y complementar la información con monitoreos a campo para la toma de decisiones.

Hoy contamos con una red de monitoreo que permite anticipar escenarios y entender las diferencias entre regiones. Desde su creación, la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis publicó 42 informes quincenales, analizó más de 16.000 trampas adhesivas y registró alrededor de 650.000 individuos. Además, se realizaron más de 2.800 análisis de PCR para determinar infectividad y más de 1.200 actividades de capacitación y transferencia técnica. Aun así, todavía quedan muchas preguntas por responder. Mientras tanto, la interacción entre abundancia, infectividad, disponibilidad de hospedantes y condiciones regionales será la que determine el riesgo sanitario en cada campaña.

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