El Niño ya entró a la cancha: cómo adaptar el manejo técnico para que el agua juegue de aliada y no de enemiga

Tener más agua no garantiza mejores cosechas. Productores de las Regionales de Aapresid analizan los riesgos del escenario húmedo y comparten las estrategias de manejo que ya implementaron en el campo.

Publicado el 26 de agosto de 2026

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Hace apenas unos años, gran parte de las decisiones productivas estaban condicionadas por una misma incertidumbre: la falta de agua. Hoy, en muchas regiones agrícolas, el escenario parece invertirse.

Con perfiles cargados y pronósticos que anticipan una fase Niño para la primavera y el verano, productores de distintas Regionales de Aapresid ya comenzaron a ajustar estrategias. Pero lejos de pensar únicamente en mayores rindes, la atención está puesta en cómo convivir con los riesgos que trae el exceso hídrico.

Del déficit al exceso: una campaña que dejó enseñanzas

La campaña pasada dejó algunas señales de lo que podría venir. En Entre Ríos, el productor de la Regional Aapresid Paraná, Daniel Sangoy recuerda que las lluvias de fines de verano y otoño cambiaron completamente el panorama.

"La soja estaba lista para cosechar, pero muchas veces el piso no daba para entrar. Veníamos de años donde faltaba agua y terminamos con problemas para cosechar por exceso hídrico", resume.

En la Regional Aapresid Villa Trinidad, Santa Fe, Sebastián Prato también habla de una recarga hídrica excepcional. Los análisis de suelo muestran perfiles llenos en gran parte de la región, algo que impulsó un aumento de la superficie destinada a cultivos invernales.

Sin embargo, aclara que el impacto de un eventual Niño no será igual en todos los ambientes: mientras los sectores más altos podrían capitalizar mejor la disponibilidad de agua, en las zonas bajas habrá que prestar atención a posibles excesos y anegamientos.

Las lecciones también llegaron desde el oeste bonaerense. En la Regional Aapresid 9 de Julio, Juan Pablo Martín cuenta que lo que más los sorprendió fue cuánto se reducen los rindes en las zonas lindantes a los ojos de agua. "Uno suele subestimar el efecto del agua subsuperficial sobre los cultivos en pie" detalla.

Por eso, aunque el pronóstico entusiasma, la sensación compartida es que el agua abre oportunidades, pero también obliga a afinar decisiones.

Malezas: cuando la mejor estrategia es ocupar el lote

A diferencia de lo que podría suponerse, las malezas no aparecen como la principal preocupación frente a un año húmedo. Para Prato, la clave está en evitar los barbechos largos. Cuanto más tiempo tengo un cultivo ocupando el lote, mejor se sobrellevan los problemas de malezas gracias a la competencia del propio cultivo".

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Es una visión que se repite, con matices, en otras regiones. La mayor disponibilidad de agua favorece más cultivos de invierno, más gramíneas y menos lotes descubiertos durante largos períodos, reduciendo naturalmente los espacios para que las malezas ganen terreno.

Eso no significa descuidar los herbicidas residuales. En Entre Ríos, Sangoy explica que los planteos están reforzando el solapamiento de herbicidas residuales para sostener el control en un contexto donde las lluvias podrían reducir la persistencia de algunos productos. "Estamos apuntando a herbicidas con buena residualidad y baja lixiviación para no quedarnos cortos en un escenario de exceso hídrico", explica.

Martín coincide en la necesidad de anticiparse. "Preventivamente se puede tener una estrategia de solapamiento de residuales para que, si se demora alguna aplicación por falta de piso o problemas de acceso, no sea tan grave".

Cultivos de servicios: la misma herramienta, distintos objetivos

Los cultivos de servicios también muestran cómo cambia el enfoque según la región. En Entre Ríos, donde la erosión hídrica es una amenaza permanente, Sangoy cree que tendrán un rol aún más importante que en campañas anteriores.

"Van a ayudar mucho a afianzar el suelo. La cobertura y las raíces evitan que la lluvia rompa la estructura y reducen riesgos de erosión".

Además, el escenario húmedo permite cierta flexibilidad en el momento de terminación. "Quizás tengamos una ventana más laxa para secarlos sin penalizar al cultivo que sigue" , detalla Sangoy.

En Santa Fe, en cambio, muchos productores decidieron aprovechar la disponibilidad de agua para avanzar con cultivos invernales de renta, principalmente gramíneas y brasicáceas, desplazando parte de la superficie que en otros años hubiera ido a cultivos de servicios.

Mientras tanto, en el oeste bonaerense, Martín observa que los cultivos de servicios suelen perder protagonismo en los años más extremos. "El hecho de tener poca accesibilidad al lote o no tener un porcentaje alto de superficie apta para siembra hace que los cultivos que no son de renta pierdan terreno", explica.

Sin embargo, cuando logran implantarse correctamente, siguen mostrando beneficios importantes. "En los casos donde tuvieron una buena implantación, suelen tener un muy buen desempeño pensando en el consumo de agua, como ocurre con el centeno", agrega.

Trigo: más potencial, más responsabilidad

En cuanto a la superficie destinada al cereal, las decisiones también muestran matices según la región. Mientras que en zonas como Villa Trinidad la buena recarga de los perfiles impulsó un aumento de los cultivos de invierno, en Paraná algunos productores proyectan una reducción del área de trigo para dar más lugar al maíz. En el oeste bonaerense, en cambio, la superficie se mantiene estable, aunque con una planificación más cautelosa en los ambientes con riesgo de anegamiento.

Con perfiles cargados y mejores perspectivas climáticas, el cultivo gana potencial. Pero también aumenta la necesidad de ajustar el manejo.

En Entre Ríos, Sangoy señala que los análisis están mostrando niveles bajos de nitratos, probablemente afectados por las abundantes lluvias registradas durante el otoño. Por eso, esperan respuestas importantes a la fertilización nitrogenada.

Desde la Regional Aapresid Monte Cristo en Córdoba, Mariano Carreño coincide en que la fertilización será determinante para capturar los rindes esperados.

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"Hoy los rendimientos presupuestados son más altos por el agua útil inicial y por las precipitaciones que podrían darse en un año Niño. Necesitamos balancear correctamente nutrientes como nitrógeno, fósforo, zinc y azufre para sostener esos objetivos", explica Carreño.

Pero junto con el potencial aparecen las alertas sanitarias. "Seguramente tendremos que estar más atentos a las enfermedades", advierte Carreño.

Por eso, tanto en Córdoba como en Santa Fe y Entre Ríos, la elección varietal aparece como la primera herramienta de manejo, mientras que las aplicaciones de fungicidas quedarán sujetas a monitoreos y evolución climática.

La gruesa ya empezó a cambiar

De cara a las siembras estivales, las primeras decisiones ya se están tomando. En Entre Ríos, Sangoy estima que el maíz podría crecer entre un 20 y un 30%.

"Agua va a haber. Si logramos implantarlo bien y sembrar en fecha - fin de agosto, primera quincena de septiembre -, el maíz debería responder muy bien, dado que el Niño arrancaría en octubre" aclara.

Sin embargo, advierte que no todos los cultivos enfrentarán el mismo escenario. Mientras el maíz podría verse favorecido por la mayor disponibilidad de agua, uno de los desafíos será implantar correctamente la soja detrás del trigo en un contexto de abundantes lluvias y mucha cobertura superficial.

En Santa Fe también se inclinan por las siembras tempranas."La idea es avanzar con maíz y girasol tempranos y dejar la soja principalmente detrás de cultivos invernales", explica Prato.

Sin embargo, en zonas con antecedentes recientes de excesos hídricos la mirada es más cautelosa. "No nos vamos a adelantar mucho para largar las siembras. Algunos lotes dudosos de maíz temprano podrían pasar a maíz tardío y algunas sojas podrían correrse hacia noviembre", cuenta Martín.

Tres claves para un año donde el agua puede sobrar

Las respuestas cambian según la región, pero detrás de todas ellas aparecen tres ideas comunes.

La primera es conocer cada ambiente y no manejar todos los lotes de la misma manera.

La segunda es reforzar el monitoreo. Malezas, enfermedades, accesibilidad y logística tendrán un peso tan importante como la lluvia misma.

Y la tercera es mantener la capacidad de adaptación. "En años donde uno convive con excesos hídricos, muchas veces las labores no se hacen cuando uno quiere, sino cuando puede", resume Prato.

Quizás esa frase sintetiza mejor que ninguna el desafío que plantea un posible año Niño, donde el reto es aprovechar la oportunidad sin perder de vista los riesgos que trae la abundancia.

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