Falta de piso: entre la cosecha que no avanza y la campaña que hay que planificar
Las demoras en la cosecha de maíz y soja complica la logística en zonas como el sudeste bonaerense. Desde la Regional Aapresid Mar del Plata, el productor Eduardo Barrios cuenta cómo están atravesando una campaña marcada por el agua y qué decisiones ya empiezan a tomar de cara a los próximos meses.
Publicado el 1 de septiembre de 2026

“El perfil nunca tuvo piso”. Con esa frase, Eduardo Barrios, productor de la Regional Aapresid Mar del Plata, resume la situación que atraviesan los campos del sudeste bonaerense después de un otoño-invierno inusualmente húmedo. “Colegas de Necochea advierten que las lluvias acumuladas entre marzo y agosto rondan los 850 mm”, agrega.
En Est. Santa Lucía, ubicada a pocos kilómetros del mar, en la zona de Chapadmalal, la lluvia no dio demasiadas treguas. El problema no fueron grandes temporales, sino una sucesión de precipitaciones de baja intensidad, pero persistentes, que mantuvieron los suelos saturados e impidieron recuperar condiciones de transitabilidad.
El impacto se siente especialmente en la cosecha. “Aunque sean pocos milímetros, si llueve de manera constante, el piso no termina de afirmarse y la máquina no puede entrar”, explica Barrios.
Una cosecha de maíz que no logra avanzar
El maíz es hoy uno de los principales focos de preocupación. Al 15 de agosto, apenas se había cosechado el 17,5% de las 201 hectáreas implantadas en el establecimiento. El contraste con la campaña anterior es contundente: a la misma altura del año, en 2025, la cosecha ya estaba prácticamente finalizada.
Pero el atraso no es el único problema. La imposibilidad de esperar condiciones ideales obliga, muchas veces, a ingresar al lote con mayor humedad de la deseada. En lo cosechado hasta ahora, el maíz promedia 19,8% de humedad, frente al 17,7% de la campaña pasada, y la humedad incluso fue aumentando a medida que avanzaron los cortes.
Esto impacta directamente sobre el resultado económico. Más humedad significa mayor merma y mayores costos de secado. “El agua del grano se termina pagando dos veces: por un lado, en kilos que se pierden durante el secado y, por otro, por el mayor costo de acondicionamiento”, reflejan los datos del establecimiento.
A esto se suma que, una campaña que arrancó en 2025 con lluvias que demoraron las siembras en fecha y las aplicaciones para la protección del cultivo, amenaza con pisar los rindes: los datos preliminares muestran un rinde de 8,49 tn/ha versus las 9,14 tde la campaña anterior.
La situación también pone bajo presión a la logística. “No podemos esperar hasta fines de septiembre para querer cosechar todo el maíz de golpe. Tenemos problemas de transitabilidad en los lotes, pero también hay que pensar en el flujo de camiones, las plantas de secado y los cupos. Tuve que cambiar de acondicionadora porque había cola de camiones desde hace 3 días”, advierte Barrios, y agrega que plantas en Quequén que venían recibiendo soja de 2da están saturadas y suspendiendo el recibo por unos dias.
No esperar: aprovechar cada oportunidad
Frente a este escenario y sin señales claras de una ventana seca prolongada, la estrategia de Barrios es no pensar la cosecha como una única operación, sino como una sucesión de oportunidades.
“Mi intención es ir cosechando semana a semana, buscando los lugares más secos y con piso que pueda encontrar, con la idea de evitar que el atraso siga acumulándose y que, cuando aparezcan las condiciones, toda la cosecha quede concentrada en pocas semanas”.
En el “mientras tanto”, seguirá de cerca la evolución de enfermedades, la humedad y el ascenso de napas que puedan afectar la transitabilidad en lotes ganaderos”.
Pensando en la 2026/27: ¿otra vez “pasados por agua”?
Los pronósticos anticipan una vuelta de las lluvias hacia el período entre noviembre de 2026 y marzo de 2027.
Pensando en la campaña que viene Barrios toma nota de lo aprendido, y en el caso del maíz, plantea una estrategia clara: aprovechar el agua disponible, priorizar la siembra temprana y evitar volver a concentrar superficie en fechas tardías.
“Estamos analizando qué materiales sembrar, pero la idea es arrancar en fecha, desde principios de octubre, con ciclos adaptados a la zona, y luego continuar con materiales más cortos que permitan escalonar y anticipar la cosecha”, explica. “Si el agua no va a faltar, la apuesta tiene que ser aprovechar ese recurso y apuntar al potencial de rinde”.
En un ambiente que vuelve a pintar húmedo, la sanidad gana protagonismo en la elección de materiales.
Para Barrios, la principal enseñanza de esta campaña es que las decisiones ya no pueden tomarse pensando únicamente en la falta de agua. “Venimos de años en los que el interrogante era cuánto agua íbamos a tener. Hoy, pensamos cómo convivir con el exceso, cómo aprovechar esa disponibilidad sin quedar atrapados por la falta de piso y cómo ordenar el sistema para que la cosecha y la producción no dependan de una única ventana”.
La estrategia de hoy: perder lo menos posible. De cara a lo que viene: anticiparse, monitorear y planificar cada etapa del sistema.