Por qué la labranza tampoco frena a las malezas: la lección que llega desde España
La experiencia del INIA-CSIC demuestra que mover el suelo no resuelve el problema de la resistencia. En un contexto de grandes restricciones en el uso de biotecnologías y de herbicidas, España se enfrenta a malezas cada vez más agresivas. El manejo integrado se consolida como la única vía sostenible para ganar la batalla.
Publicado el 30 de octubre de 2026

Aapresid forma parte de NeutraWeed, un proyecto internacional financiado por la Unión Europea que busca comprender las interacciones entre cultivos y comunidades de malezas para desarrollar estrategias de manejo más sustentables. El consorcio reúne 15 instituciones de distintos países y promueve intercambios entre investigadores y técnicos para fortalecer la generación y transferencia de conocimiento.
En esta oportunidad el Ing. Agr. Tiziano Forte, miembro del equipo de Red de Manejo de Plagas de Aapresid, realizó una estancia de investigación de un mes en el Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA-CSIC), en Madrid, durante octubre de 2026.
Esta experiencia puso el foco en el laboratorio: cómo identificar la resistencia a nivel genético.
Un contexto productivo muy diferente

España presenta un escenario agrícola muy distinto al argentino. Predominan los cereales de invierno en secano, con campañas cortas y lluvias limitadas, y la siembra directa ocupa apenas un 3-4% de la superficie agrícola.
Otra diferencia clave está en la biotecnología. En la Unión Europea no se cultivan variedades tolerantes a herbicidas y el único cultivo transgénico autorizado para siembra es el maíz Bt (MON810), resistente a insectos.
Así, el glifosato no se usa sobre el cultivo, sino en barbechos, presiembra y cultivos permanentes como olivares y viñedos.
España es el principal productor europeo de este maíz, con unas 69.000 hectáreas en 2024, concentradas sobre todo en Aragón y Cataluña.
Malezas resistentes: un problema que también avanza en Europa
Aún sin cultivos tolerantes a herbicidas, la resistencia es un problema creciente en los sistemas españoles. En los cereales de invierno, las especies más complicadas son el ballico o raigrás (Lolium rigidum) y la amapola (Papaver rhoeas), con poblaciones resistentes a inhibidores de la ALS, de la ACCasa y a herbicidas hormonales.
En algunos casos se confirmó resistencia múltiple, incluso a herbicidas de preemergencia. A esto se suman especies como Conyza spp. (rama negra), resistente a glifosato en cultivos leñosos y bordes.
En cultivos de verano, las que generan un mayor desafío, sobre todo en cultivo del maíz, son: Sorghum halepense, Echinochloa crus-galli, Digitaria sanguinalis y Chenopodium album, con biotipos resistentes a al menos un principio activo.
Una de las particularidades del escenario europeo es la reducida oferta de herbicidas habilitados. La normativa de la Unión Europea es muy exigente y en los últimos años se retiraron numerosas sustancias activas del mercado, sin que aparezcan nuevos modos de acción que las reemplacen.
Con menos herramientas químicas, cada herbicida disponible se vuelve más valioso y cada activo que se pierde por resistencia tiene un costo muy alto. Por eso, los productores y técnicos españoles combinan rotaciones más intensivas, control mecánico o laboreo para sostener el control.
En este contexto, también comienzan a surgir en España herramientas de aplicación dirigida mediante cámaras, que identifican las malezas y aplican el herbicida solo sobre ellas, sin alcanzar al cultivo. Esto permite utilizar activos a los que el cultivo es sensible.

Qué se hizo en el INIA-CSIC
Durante la estancia, Forte participó en un trabajo a cargo del área de malherbología, del Departamento de Protección Vegetal del INIA-CSIC, orientado a diagnosticar la situación de las malezas resistentes en España.
El trabajo consistió en la recolección al azar biotipos de especies de importancia agronómica en distintas regiones del país, que luego fueron tratados en invernadero con diferentes principios activos para identificar cuáles sobrevivían. Sobre los biotipos sobrevivientes se realizaron ensayos de dosis-respuesta en laboratorio, con el fin de medir el nivel de resistencia.
Por otro lado, se secuenciaron los genes que codifican la enzima sobre la que actúa el herbicida para los biotipos recolectados, con el objetivo de identificar si la resistencia se deber a una alteración en el sitio de acción del herbicida (resistencia TSR) o a una mayor capacidad de la planta para degradarlo (resistencia metabólica). Esta información se respaldó con ensayos en laboratorio.
¿Por qué importa conocer la mutación puntual?
Confirmar que una maleza es resistente es el primer paso. En Argentina, la REM lo hace mediante bioensayos de planta completa, siguiendo criterios internacionales: se comparan poblaciones sospechosas y susceptibles frente a un rango de dosis.
Saber por qué es resistente agrega una capa más de información, con implicancias directas para el manejo:
- Predice qué otros herbicidas pueden fallar. No todas las mutaciones generan el mismo patrón de resistencia cruzada. Un ejemplo argentino: en una población de raigrás anual (Lolium multiflorum) de Roldán, Santa Fe, se identificó la mutación Ile-2041-Asn en la ACCasa, que confiere alta resistencia a los “fops”, algo de resistencia a los “dens” y susceptibilidad a los “dims”. Esa información orienta directamente la elección de herbicidas alternativos.
- Distingue entre tipos de resistencia. Si no aparece una mutación en el sitio de acción, la resistencia puede deberse a otros mecanismos (como un metabolismo acelerado del herbicida), que suelen ser más impredecibles y pueden afectar a herbicidas de distintos modos de acción.
- Agiliza el diagnóstico y el monitoreo. Una vez conocida la mutación, es posible desarrollar marcadores para detectarla rápidamente en nuevas muestras y seguir su dispersión.

Lo que la REM aporta al intercambio
La experiencia también permitió dar a conocer el trabajo de la REM de Aapresid. Uno de los aspectos que más llamó la atención de los investigadores españoles fue el alcance de la red, tanto en cantidad de productores y técnicos involucrados como en superficie relevada.
También despertó interés el volumen de información que la REM utiliza para elaborar los Mapas de Malezas Resistentes, junto con las encuestas de manejo, que permiten construir un diagnóstico de la situación de las malezas resistentes a nivel nacional.
Se trata de un objetivo que España busca alcanzar a partir de trabajos como el realizado en el INIA-CSIC, lo que abre la posibilidad de nuevos intercambios entre ambas instituciones.
Un problema común, más allá del sistema productivo
En Argentina, los Mapas de Malezas 2025 de la REM registran 34 especies con resistencia o tolerancia y más de 25,8 millones de hectáreas afectadas por al menos una de ellas. En España, con otro clima, otros cultivos, casi sin siembra directa y sin cultivos tolerantes a herbicidas, el problema también avanza.
La conclusión es la misma de los dos lados del Atlántico: la resistencia es consecuencia de la presión de selección, y ninguna herramienta, química o biotecnológica, es eficaz para siempre si se usa sola.
Con menos herbicidas disponibles en Europa y una alta dependencia del control químico en Argentina, el manejo integrado de malezas —que combina rotación de cultivos y de modos de acción, cultivos de servicios, ajustes en densidad y distanciamiento, y monitoreo— aparece como el único camino para sostener la eficacia de las herramientas en el tiempo.
Para la REM, este tipo de intercambios permite incorporar nuevas capacidades técnicas, contrastar realidades productivas y fortalecer las redes que generan conocimiento aplicable a los desafíos de la agricultura argentina.