29/4/22 00:00

Cerrar brechas de rendimiento para hacer realidad trigos de película

Argentina tiene potencial para aumentar sustentablemente la producción del cereal en más de un 40%, manteniendo la misma superficie. El caso de la Chacra Aapresid en Norpatagonia muestra que llegar al techo es posible.

Alcanzar rendimientos potenciales aparece como una de las salidas más prometedoras, junto con la intensificación de las rotaciones, el mejoramiento genético y la agricultura por ambientes, para aumentar la producción de alimentos de manera sustentable. Cerrar brechas productivas y lograr trigos de ensueño es un verdadero desafío, sin embargo, la evidencia y la experiencia muestran que mejorar y llegar a lo más alto, es posible.

Brechas de rendimiento en Argentina ¿dónde estamos parados?

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Se entiende por brecha de rendimiento a la diferencia entre dos niveles de rendimiento: uno potencial expresable en condiciones óptimas para el cultivo, ya sea bajo riego o en secano (Rendimiento Potencial bajo Riego o RPR y Rendimiento Potencial en Secano o RPS) y otro alcanzable o real obtenido en lotes expuestos a deficiencias hídricas, plagas, enfermedades y adversidades abióticas no controlables, como heladas, granizo y vuelco (Rendimiento de los Productores o RP),  explicó el especialista Pablo Abbate (INTA-Facultad de Ciencias Agrarias de la UNMdP) en su paso por el ciclo de entrevistas Agenda Aapresid dedicado a cereales de invierno.

Un trabajo realizado en base a modelos de simulación para distintas zonas trigueras, concluye que la brecha de rendimiento promedio entre el RPS y el RP es de 2,14 tn/ha o 41%, variando entre 23% y 65% dependiendo del lugar. Dicho de otra manera, tenemos potencial para aumentar la producción del cereal en más de un 40%, manteniendo la misma superficie del cultivo y sin riego. Si bien este valor es similar a otras partes del mundo, no deja de ser una cifra muy importante que amerita buscar soluciones para reducirla.

“Pero más preocupante que el valor de la brecha en sí, resulta el hecho de que ésta se viene incrementando en términos absolutos desde la década del 60’, según se observa al comparar datos experimentales obtenidos por la Red de Ensayos Comparativos de Variedades de Trigo (RET-INASE) contra el rinde promedio departamental de localidades como Balcarce, Bordenave, Marcos Juárez y Reconquista”, remarcó Abbate.

Detrás de estas brechas crecientes hay dos grandes motivos: o bien el productor no puede acceder a una mejor tecnología, o la tecnología disponible permite aumentar el rendimiento pero no maximizar el ingreso económico, lo que lleva al productor a no adoptarla, explicó el especialista.

Explorando el máximo potencial en Norpatagonia

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La región Norpatagónica se ubica en torno a la latitud 40º Sur, a orillas del Río Negro. Allí, Magalí Gutiérrez, Coordinadora Técnica Zonal del Programa Sistema Chacras de Aapresid, y hasta hace poco encargada técnica de la Chacra de los Valles Irrigados Norpatagónicos (VINPA) contó en Agenda Aapresid cómo es ser testigo y partícipe de campos pioneros que hacen historia en esta zona de altísimo potencial.

La región presenta suelos muy heterogéneos, presencia de sales y escasas precipitaciones (un promedio de 200 mm anuales). Por el otro lado, tiene una de las mejores combinaciones  de temperatura y radiación para el desarrollo triguero y disponibilidad de agua de buena calidad proveniente del Río Negro.

En ese marco, el cereal ingresó a los sistemas hace 5 años, en rotaciones que pasaron a perfilarse hacia una secuencia de trigo/vicia como cultivo de servicio/maíz/girasol o soja. En esos esquemas bajo riego, “el trigo tuvo un rol generativo ya que permitió mejorar los niveles de infiltración y estructura y, al aportar una cobertura homogénea, permitió la evolución del suelo”,  explicó la joven profesional oriunda de Bahía Blanca.

El potencial promedio observado en la región ronda la impresionante cifra de 12,6 tn, con un rango entre 11 y 14,5 tn/ha. Como máximo rendimiento alcanzable aspiran a un 80% del potencial, como sucedió en la campaña 2019 cuando la mayoría de lotes de producción anduvieron en alrededor de 9,5 y 10,2 kg.

Tigos “de película” en Norpatagonia, rompen todas las brechas superando las 10 tn/ha. 

El planteo productivo arranca con el mejor combo de genética y fecha de siembra para apuntar a que la floración ocurra en el momento de mejores condiciones climáticas. Para ello, siembran ciclos largos lo antes posible, alrededor de los primeros días de junio. Además, hay que nutrir bien al cultivo. Como los suelos tienen escaso desarrollo y no aportan casi nutrientes, se hacen aportes de fertilizante en el orden de 280 a 300 kg. N/ha, aplicados al suelo a través de Urea al voleo cuando el cultivo muestra un nudo.

El toque mágico para llegar a estos trigos lo da el “arte” del manejo del riego, para mantener al suelo entre un 50 a 60% de capacidad de campo al metro de profundidad. “No es sólo cuánta agua echar, sino qué tan frecuentemente aplicarla para sostener umbrales de agua disponible en el suelo que generen que el cultivo esté siempre cómodo”. “Con el manejo del riego se abre un mundo para explorar, porque permite intensificar los sistemas y ‘meter a fondo’ el siempre verde”, cerró.

Trigo bajo riego en Norpatagonia. 

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