Un nuevo paradigma en el manejo del suelo que propone poner el foco en la diversidad de microorganismos que habitan bajo tierra y cómo el productor puede sacar provecho de esta miscroscópica fauna para mejorar fertilidad.

 

En el Día Mundial del Suelo, viajamos en el tiempo nuevamente hasta el XXIV Congreso de Aapresid “ResiliAR”, marco en el que se desarrolló el simposio “De la biología y el funcionamiento del suelo”, una exposición a cargo de destacados investigadores que tuvo como eje central acercar a los productores una mirada superadora sobre el manejo de los suelos a través del conocimiento y aprovechamiento de la diversidad de los microorganismos que actúan en ellos.

“La biología del suelo es un flujo, una transformación de la energía”, sostuvo Luis Wall, doctor en Ciencias Bioquímicas del CONICET, quien hizo una reseña del complejo proceso que realizan las diversas comunidades de microorganismos bajo la superficie de la tierra.

Al referirse a la importancia del manejo de este universo de bacterias para la sustentabilidad y rendimiento de los lotes, Wall precisó: “En un gramo de suelo hay 10 mil millones de bacterias que hacen a su funcionamiento, ciclan el suelo y transforman la materia prima en producción, que es lo que luego llega al bolsillo”. Y remarcó, por un lado, que el suelo no es un soporte para que las plantas crezcan –“no funciona como un florero”, y también, que la riqueza del suelo está determinada en función de la riqueza de la biología, expresándose en el mismo.

Por su parte, Camilo Bedano, doctor en Ciencias Biológicas del CONICET, se refirió al rol de la fauna en el funcionamiento del suelo, mediante su participación en dos procesos claves: la descomposición de restos orgánicos y la formación de estructura.  Dentro de la fauna edáfica, caracterizó a tres grupos de microorganismos: los que participan en la transformación de la hojarasca que queda en la superficie del suelo; los ingenieros de ecosistema; y por último, los predadores.

Sobre éste último grupo, remarcó que regulan la población de los otros organismos. Bedano explicó el modo en que actúan cada uno y consideró clave el conocimiento de dichos procesos para el manejo de los suelos que haga el productor. Para esto, presentó datos propios obtenidos en sistemas de SD con Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) en el proyecto BIOSPAS, donde queda demostrado el impacto positivo de las BPA en la fauna del suelo.

La conclusión fue que las buenas prácticas aumentan la presencia de lombrices y otros grupos de organismos que participan en la descomposición de desechos orgánicos claves, y esto se produce tanto en suelos arenosos como arcillosos. Bedano explicó cómo el productor puede beneficiarse con el incremento de las comunidades de descomponedores que traen aparejadas las buenas prácticas. Y lo hizo con una sentencia que, en principio, pareció contradictoria: “La siembra directa no puede funcionar sin lombrilabranza”, una actividad para aprovechar la beneficiosa labor de las lombrices en el suelo. “Las BPA aseguran el aumento de lombrices, que aportan más agregados biogénicos y mejoran la estructura del suelo”, apuntó. Asimismo, se refirió a algunos resultados de estudios a campo en los que, a medida que se intensifica la rotación de cultivos, crece la cantidad de grupos de microorganismos y surgen nuevos.

Como principal desafío en el campo científico, Bedano apuntó: “No sabemos qué tipo de lombrices producen agregados ni la contribución de cada especie según los alimentos que incorporan. Las interacciones biológicas en el suelo son muy importantes y queremos avanzar en su conocimiento”, aseguró. Por último se dirigió especialmente a los productores agrícolas para explicar el beneficio que implica aplicar estas prácticas para lograr la sustentabilidad de los campos. “Una comunidad faunística diversa, activa, saludable, no asegura un rinde alto. Pero es importante considerar los manejos biológicos del suelo, intensificar las rotaciones, tener al suelo funcionando con procesos biológicos que mantengan la fertilidad, aunque no nos aseguren un incremento de rinde en el corto plazo”, concluyó.

Por su parte, la última exposición, a cargo de Leonardo Erijman, doctor en Ciencias Químicas del CONICET, tuvo como eje a las rotaciones desde una perspectiva bacteriana y se apoyó en los estudios realizados en el marco del proyecto BIOSPAS sobre la participación de las bacterias en el funcionamiento del proceso biológico de los suelos. Erijman subrayó que este tipo de investigaciones tiene el potencial de facilitar la transición entre un enfoque puramente descriptivo a un modelo predictivo.

En cuanto a la relación entre los tipos de microorganismos y el funcionamiento de un sistema, recordó que hay factores que influyen en la presencia de algunas especies y no de otras. El tipo de suelo, la materia orgánica en calidad y cantidad, el pH, la salinidad y otros nutrientes, afectan la estructura de la comunidad microbiana. En los últimos años, el desarrollo de la ecología microbiana como herramienta teórica permitió poner el foco en las estructuras y en el modo en que interactúan con el medioambiente para sacar conclusiones sobre su funcionamiento. De la mano de muestreos se determinó que las malas prácticas agrícolas producen una homogenización biótica. “En monocultivos, las comunidades totales se homogenizan, son muy parecidas entre sí y se observa una pérdida significativa de especies. Cuando se restringe la alimentación por monocultivo, hay perdida de diversidad, lo que reduce los procesos biológicos el suelo a largo plazo”, explicó. Para concluir, el profesional afirmó que la riqueza bacteriana está relacionada con la diversidad de sustrato, algo que aportan las BPA.