Cada zona tiene su secreto y las recetas generalizadas muchas veces no funcionan. Durante la Jornada Aapresid en Bandera, Rodolfo Gil expresó la necesidad de entender la dinámica de los procesos de cada ambiente y obrar en consecuencia.

El objetivo del ciclo de Jornadas Aapresid fue acercar a los productores herramientas, en  muestras a campo, sobre producción zonal. Manos a la obra, sustentabilidad en acción y conocimiento compartido.

El primer encuentro se llevó a cabo en Bandera, Santiago del Estero, donde funciona una de las Chacras experimentales de Aapresid. En dicho espacio, Rodolfo Gil, integrante de INTA Castelar y Director Académico-Científico de Sistema Chacras Aapresid, destacó  la  importancia de los cultivos de cobertura y nutrición en siembra directa.

“El objetivo central es mostrarle al productor el sistema en forma integral, que se alimenta de ciertos elementos fundamentales: radiación, temperatura, agua, y fundamentalmente la nutrición. El desafío está en cómo combinamos y hacemos un uso eficiente de esos recursos para que esta fábrica sea sustentable» explica Gil, recientemente reconocido con el Premio  “Ing. Agr. Antonio Prego” de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria y la Fundación para la Educación, la Ciencia y la Cultura (FECIC), en un mano a mano con Santiago Rural.

Creando un sistema que perdure en el tiempo

La ciudad de Bandera se caracteriza por ser una zona con suelos óptimos, pero “muy frágiles” aseguró el entrevistado, debiéndose así valorarlo como un  sistema esencial para producir más y mejor.

Compramos nitrógeno, fosforo, azufre, pero nadie nos vende materia orgánica, uno de los principales elementos del sistema, que debemos producir nosotros. ¿Cómo? Imitando la naturaleza, secuestrando carbono todo el año, intensificando, siendo eficientes en el uso del agua, por las lluvias escasas” aseguró el entrevistado.

Los cultivos de cobertura son el gran aliado para no dejar de intensificar el suelo, atendiendo a sus necesidades. Los barbechos normalmente en estas zonas no absorben más del 20% agua, perdiendo así una grandísima parte. “Debemos contar con otras herramientas como puentes verdes, y utilizar esa agua que de otra forma se perdería, cuidando el suelo y protegiéndolo de las erosiones y fabricando carbono.”

Los cultivos de cobertura utilizados varían según las especies, pero principalmente se asocian en dos grupos: gramíneas o vicias.  “Ejemplos de las primeras son avena y trigo con rendimientos de hasta 6000 kg, u otras especies en donde para la conservación de agua se cortan los ciclos antes de la fecha normalmente estipulada. El segundo gran grupo son las leguminosas, como por ejemplo vicia o  melilotus, que no sólo secuestran carbono,  sino que además fijan el  nitrógeno del aire.” afirmó Gil.

El ingeniero agrónomo aseguró, además, que en éstos ambientes no se recomienda aplicar recetas generalizadas, o provenientes de otras zonas como la pampa húmeda. “Hay que entender la dinámica de los procesos de estos ambientes y, en función de eso, obrar en consecuencia. Darle tiempo a los procesos para que se expresen, los resultados no provienen sólo de una campaña, sino de tres o cuatro, hay que evaluar no sólo en términos económicos, sino también en términos de producción de carbono.”

Unir conocimientos empíricos y científicos, una de las claves para lograr mejores resultados.