27/8/21 00:00

Impacto ambiental de la resistencia a herbicidas, lo que hicimos y lo que hay por hacer.

El asesor MartÍn Marzetti habló de metodologías para medir impacto ambiental por el uso de herbicidas, la evolución histórica de dicho impacto en Argentina y estrategias para reducirlo.

Florencia Cappiello (Prensa Aapresid)

Impacto_ambiental_herbicidas

Martín Marzetti (La Huella) comenzó dando un panorama de algunos de los indicadores que se utilizan para medir el impacto ambiental por uso de fitosanitarios, profundizando en dos de ellos: el EIQ y el Ripest, desarrollado por la UBA.

Para valorar el  impacto de un herbicida, el EIQ tiene en cuenta variables que incluyen toxicidad para peces, aves, vida media suelo y en la planta, potencial de lixiviación, entre otras, categorizadas en 3 niveles: impacto sobre trabajador rural, sobre el consumidor e impacto ecológico. El valor final surge de la ponderación en una fórmula y promedio de dichas variables. 

El EIQ permite comparar herbicidas, manejos o lotes entre sí ya que se expresa en valores relativos, Es de uso sencillo y sólo requiere datos del activo, concentración y dosis. Como limitantes destaca que no está adaptado a sistemas locales (desarrollado en USA), que el impacto de aceites y adyuvantes están sobreestimados y que no contempla riesgos por aplicaciones incorrectas o incumplimiento de tiempos de carencia.

En cuanto a Ripest, el cálculo se basa en el DL50  para ratas y abejas. También brinda un valor relativo y para el cálculo requiere la carga del producto comercial, dosis y cultivo.

A través de estos métodos Marzetti analizó la evolución del impacto ambiental por uso de herbicidas en los últimos años, marcada por dos hitos: la aparición de la soja RR y el glifosato y la aparición de las primeras malezas resistentes al herbicida.

“Antes de la tecnología RR y la SD, entre un barbecho y una soja el control de malezas implicaba labranzas y el uso de productos como metribuzin, bentazon, entre otros. Post RR, el glifosato se convirtió en el producto estrella. Con la aparición de resistencias, al glifosato se sumaron la atrazina, 2,4 D, paraquat y cletodim.  Esta evolución significó cambios a nivel del EIQ: antes del RR el EIQ estaba en 60, con el RR bajó a 40, pero con la aparición de la resistencia subió a 110”.

Ante el escenario actual, el asesor apuntó a dos grandes estrategias: reducir la cantidad de principio activo utilizado y usar activos de menor impacto. Para la primera contamos con herramientas como los planteos intensificados o siempre verdes, uso de aplicaciones dirigidas y reducción de dosis.

En cuanto a los planteos verdes, la Chacra Aapresid Pergamino muestra cómo la intensificación a través de dobles cultivos, cultivos de servicios y pasturas redujo el número de aplicaciones de 40 a 20.  En cuanto a aplicaciones dirigidas, estas permiten ahorros de producto de hasta un 70%, reduciendo el EIQ de 40 a 12. La reducción de dosis puede lograrse con el uso de nuevas formulaciones, con aplicaciones de calidad y con controles en el momento adecuado, es decir, sobre malezas de menor tamaño. 

Sobre la elección de activos de menor impacto ambiental, Marzetti ejemplificó: usar glufosinato en lugar de paraquat significa bajar el EIQ de 12 a 6.

Aplicadas de forma integrada, las estrategias anteriores tienen aún más efecto. “Un planteo mejorado de control de malezas que incluye aplicaciones selectivas, la siembra de CS y su terminación con rolado y el uso de nuevas formulaciones puede significar una baja del EIQ a 20, aún menor que los niveles de la era pre RR y RR”. 

Contamos con herramientas para bajar el impacto pero no lo estamos haciendo, y en este sentido,  los costos no son excusa: “si bien estas estrategias implican mayores costos en términos de herbicidas, implantación y manejo de CS y aplicaciones selectivas, la diferencia apenas llega a los 10 USD. Sin dudas se trata de cambiar el enfoque, cambiar la cabeza”.