No es posible concebir la siembra directa ni la sustentabilidad de los sistemas en ausencia de rotaciones. Descubrimos el porqué de la importancia de esta buena práctica y su enfoque desde distintas perspectivas.

Los agricultores de las culturas más variadas y antiguas aprendieron que luego de repetir todos los años las cosechas en el mismo lugar obtenían bajos rendimientos, y que estos podrían aumentar drásticamente si se incorporaba una secuencia de cultivos diferentes durante varias temporadas (Karlen et al. 1994).

Los impactos positivos de las rotaciones deben ser vistos desde las mejoras en la calidad y fertilidad de los suelos, que van más allá del mero aporte de nitrógeno que pueda lograrse con la inclusión de una leguminosa, y que tienen que ver con mejoras en el contenido de carbono orgánico, en la actividad biológica y en las propiedades físicas de los mismos (evitando, por ejemplo, la formación en superficie de estructuras laminares y masivas).

Rotación de cultivos Taboada

Una adecuada rotación de cultivos debe asegurar la cobertura del suelo durante la mayor parte del año con residuos de lenta descomposición (e.g. trigo, maíz, sorgo) y la exploración del perfil por distintos tipos de sistemas radicales. Esto último implica la alternancia de sistemas radiculares más densos (aportados por ejemplo por una pastura de gramíneas) que maximicen el “efecto rizosférico” – consistente en acciones de pegado por exudados radicales y microbianos y de enredado por raicillas finas e hifas de hongos micorrícicos -, y de sistemas más profundos (característicos de la alfalfa, entre otras leguminosas) que perforen capas compactas y extraigan N desde capas profundas del perfil del suelo.

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Fuente: Miguel A. Taboada(1,2) y María Florencia Varela (3)

1.Instituto de Suelos, CIRN, INTA; taboada.miguel@inta.gob.ar

2.CONICET

3. Facultad de Agronomía, Universidad Nacional de La Pampa