Algunas pautas para no ‘pagar’ con menos rinde y calidad lo que pretendemos ahorrarnos en costo de secado.  

Fotos: gentileza de Facundo Ferraguti de INTA


“La superficie de maíz tardío es cada vez mayor – alrededor de 3 millones de has sembradas en la campaña 2019/20 – y representa una oportunidad para la vuelta de un cultivo que en muchas zonas había sido dejado de lado
”, explican desde la Red de Maíz Tardío de Aapresid, que dedicará al cultivo un taller exclusivo durante el XXVIII Congreso virtual de Aapresid de agosto próximo. 

Pero a la espera de que el grano termine de secarse la cosecha se retrasa llegando, en algunas situaciones, a agosto o septiembre con el cultivo en pie. Esto impide incluir cultivos de invierno y capturar los beneficios de planteos de Agricultura Siempre Verde (mayor actividad biológica del suelo, fertilidad, infiltración, etc.). Pero además, implica riesgos de pérdida de rendimiento y calidad que pueden ser considerables. Entonces: ¿hasta qué punto conviene dejar el grano en el lote?¿Hay estrategias para llegar con la menor humedad posible antes del invierno? Algunas respuestas en esta nota.

Segun Facundo Ferraguti de INTA Oliveros, “el momento oportuno de cosecha de un maíz tardío es un aspecto clave para lograr un grano adecuado para su comercialización. Según nuestros estudios este momento se sitúa entre los 35 y 40 días luego de madurez fisiológica (MF)”. Pero para elegir el momento de cosecha más conveniente es importante considerar lo que sacrificamos por ahorrarnos el costo de secado.

Un primer aspecto a discutir son los números: “a diferencia de lo que se cree, dejar el cultivo en pie durante el invierno no siempre conlleva un mejor margen bruto. Si incluimos los costos adicionales del control de malezas y las pérdidas de rendimiento por grano dañado, plantas volcadas y quebradas (estas últimas aumentan en hasta un 26% en los 100 días posteriores a MF), puede ser más rentable cosechar antes y pagar el secado ”, advierte Ferraguti.

Cuanto más tiempo pasa el cultivo en el campo, mayores son los riesgos de daños por hongos e infecciones secundarias que generan micotoxinas y afectan la calidad comercial e inocuidad del grano. Las micotoxinas son compuestos producidos por ciertos patógenos y pueden resultar tóxicas para el consumo humano y de animales. Las de mayor presencia en maíz tardío son la fumonisina, producida por el hongo Fusarium verticillioides, y el deoxinivalenol (DON), producido por Fusarium graminearum.

Ensayos de INTA muestran que la presencia de DON aumenta de 5 a 100 ppm en los 100 días posteriores a MF, y cabe recordar que la tolerancia de este compuesto para consumo humano es de 1,75 ppm y de 10 ppm para aves y rumiantes. Por su parte los daños por hongos puede duplicarse en ese mismo periodo, llegando al 6%. La incidencia de micotoxinas no sólo es grave desde lo económico, ya que “si queremos apuntar a la sustentabilidad del sistema debemos garantizar la inocuidad del maíz que comercializamos”, dispara Ferraguti.

 

‘Secando con manejo’

Para Marcelo Arriola, productor Aapresid de la Regional Pergamino-Colón, las estrategias para el secado de grano en maíz tardío varían año a año y lote a lote. “Si bien es muy importante el rol del acopio para decidir si cosechar o esperar – según el año el % de humedad aceptado puede ir de 16 a 22 – existen herramientas de manejo previas que pueden ayudar a regular la humedad de grano”.

Una de ellas es la elección de los híbridos. La elección del genotipo y largo de ciclo tienen gran incidencia en la oportunidad de secado. En esa línea, Arriola prueba híbridos de secado rápido y opta por maíces pisingallo, cuyo ciclo más corto le permite anticipar la cosecha. Además, realiza un seguimiento del índice verde de los lotes de forma de avanzar con la cosecha de aquellos más parejos.

En planteos mixtos, siempre esta la opcion de hacer silo de grano húmedo o picar para evitar problemas de micotoxinas”, explica Ferraguti.