30/9/21 00:00

Como potenciar el control biológico en lotes agrícolas

La agricultura de hoy presenta nuevos desafíos y nuevas exigencias. Ya no es sólo producir alimentos para una población en crecimiento, sino hacerlo con el menor impacto ambiental posible.

Disminuyendo el uso de insumos y aumentando la biodiversidad en los agroecosistemas. Si hablamos de insecticidas como insumos para controlar plagas, debemos pensarlos como una herramienta de apoyo, y no como la única estrategia de control de plagas.

Ing. Agr. Martín Galli

Es en este contexto actual, que el control biológico de plagas resurge como un aliado fundamental para disminuir el uso de insumos, ya que se encarga de la regulación de las poblaciones de artrópodos plaga. Es un servicio ecosistémico gratuito para el productor, que utiliza a los insectos benéficos para controlar las plagas, disminuyendo así la necesidad de insecticidas, evitando la aparición de nuevas plagas y también demorando la aparición de plagas resistentes.

Al hablar de potenciar el control biológico se hace referencia a aumentar su presencia en los lotes y mejorar su eficacia biológica.Podemos considerar 3 factores a tener en cuenta para potenciar el control biológico:

El primer factor es la identificación: Conocer cuáles son los insectos benéficos y que requerimientos alimenticios necesitan, así como su función, para poder valorarlos y defenderlos. 

Los insectos benéficos se pueden dividir en Depredadores y Parasitoides. Los depredadores son insectos cuya principal característica es la de ser grandes cazadores y consumidores de presas, se alimentan en general de varios insectos de cuerpo blando y huevos de insectos. Algunos necesitan fuentes de polen y néctar para completar su ciclo de vida o alimentación, como sucede con adultos de moscas sirfidos o crisopas. La chinche benéfica Orius sp. entre otros depredadores omnívoros pueden consumir polen, eso les da la ventaja de sobrevivir en ausencia de plagas. Son ejemplos de depredadores; las vaquitas de San Antonio, las larvas de moscas sirfidas, el complejo de chinches benéficas (podisus, orius, nabis,geocoris, redúvidos), los carábidos, mantis, hormigas, tijeretas, avispas, etc.

Los parasitoides a diferencia de los depredadores no consumen a la presa, si no que la necesitan como huésped para completar la fase larval en él. Luego de empupar surge el adulto para iniciar el ciclo. Los parasitoides adultos necesitan de flores exclusivamente, de ellas extraen fuentes de proteínas (polen), e hidratos de carbono (néctar), para completar su alimentación y reproducción. Son ejemplos de parasitoides, los microhimenópteros parasitoides de pulgón, parasitoides de huevos de lepidópteros, parasitoides de huevos de chinches, parasitoides de adultos de lepidópteros y chinches, moscas tachinidae, etc. Queda claro que los insectos benéficos no solo necesitan presas para alimentarse (otros insectos), si no que requieren fuentes de polen y néctar, o sea plantas con flores, de ahí surge la importancia de contar con estas fuentes de alimentación cercanas a nuestros lotes.

El segundo factor para potenciar el control biológico es evitar agredirlos con insecticidas, no se puede potenciar lo que después vamos a matar con insecticidas. Se debe hacer un uso adecuado de los insecticidas, y en ese contexto el monitoreo de cultivos es fundamental, ya que permite evitar aplicaciones de insecticidas innecesarias, cuantificar las poblaciones y su evolución, observar el control biológico, manejar umbrales con criterio y poder decidir por insecticidas selectivos, que no impacten negativamente en la fauna benéfica. 

Por último, el tercer factor y uno de los que está teniendo mayor nivel de investigación últimamente es como generamos condiciones en los agroecosistemas más favorables para el desarrollo de los insectos benéficos.

Uno de los desafíos más importante que presenta el control biológico de insectos en lotes agrícolas es ver cómo se aumenta su población, y no solo eso, como se logra que colonicen nuestros campos antes de que lo hagan las plagas.

Para lograr estos desafíos hay que sortear ciertas dificultades que presenta el modelo actual, uno de ellos es la simplificación del paisaje, que mediante el avance de la frontera agrícola se han perdido hábitats naturales y se reemplazaron por pocos cultivos en grandes extensiones. Esto genera un ambiente muy favorable al desarrollo de plagas, ya que encuentran gran cantidad de recursos y de fácil ubicación. También se les favorece la dispersión, por eso rápidamente aumentan su tasa de reproducción. Por otro lado, esa pérdida de hábitats naturales atenta contra los insectos benéficos que ahí encontraban refugio y alimento, sobre todo en los periodos de escasez de plagas. 

Los cultivos anuales también son un problema para un buen control biológico de plagas, porque en este caso es necesario que los insectos benéficos tengan que colonizar el lote permanentemente, un alto uso de insumos y se presenta la dificultad de pasar meses sin el cultivo, lo que modifica las condiciones ambientales. El uso de insecticidas como única táctica de control de plagas sumado a su uso innecesario agrava la situación anterior.

Para contrarrestar las dificultades que presenta el modelo productivo actual hay que pensar manejos tendientes a favorecer las condiciones para el desarrollo de los insectos benéficos en los agroecosistemas; brindándoles sitios de refugio, alimentación (presas alternativas, polen y néctar), sitios de nidificación y cópula. Esto a su vez va a potenciar su tasa de reproducción ya que no van a gastar energía en la búsqueda de alimento y lugares de nidificación. La clave para esto es el aumento de la diversidad vegetal dentro y fuera de los lotes de cultivos.

Esa diversidad vegetal que nosotros queremos promover puede estar compuesta por especies de crecimiento espontáneo, como las malezas, o pueden ser especies implantadas. Ambas deben cumplir con ciertos requisitos funcionales de promover alimento y refugio para los insectos benéficos. Debemos cambiar la mirada con respecto a las malezas. Las malezas en un concepto amplio (ecológico) cumplen 2 funciones fundamentales; son fuentes de insectos benéficos ya que le proveen a estos de sitios de alimentación y refugio y a su vez son el sustento de los polinizadores. Un campo con banquinas y alambrados limpios puede ser estéticamente bello y prolijo, pero no aporta ningún servicio al ambiente. Por el contrario, un alambrado con biodiversidad vegetal está aportando al control biológico y a la polinización.

¿De qué manera aumentamos la diversidad vegetal? Diseñando infraestructuras ecológicas; como refugios de biodiversidad, parches, bordes de cultivos con vegetación, corredores biológicos etc. Hay ciertas especies que favorecen la presencia de insectos benéficos en el agroecosistema y esas especies son las que debemos promover. 

En muestreos realizados sobre banquinas con borraja y otras con mostacilla, ambas en plena floración, hemos encontrado una enorme cantidad de insectos benéficos tanto de depredadores como parasitoides y muy poca presencia de plagas, relacionadas generalmente a insectos neutrales de poco impacto como potenciales plagas y que servían de alimento a los insectos benéficos.

Evaluando cada 15 días con muestreos de red entomológica en bordes implantados con un mix de alfalfa, melilotus, cilantro, colza y trigo encontramos una alta cantidad de depredadores, parasitoides y polinizadores. Este tipo de estructura implantada nos sirve para imitar lo que sucede en los hábitats naturales. Aunque la idea sea ir hacia una colonización de especies espontáneas y si son nativas mejor, los bordes implantados nos permiten acelerar los tiempos y competir con malezas resistentes e invasoras como sorgo de Alepo, yuyo colorado resistente y rama negra, que comúnmente están hoy en día colonizando esos hábitats naturales como puede ser una banquina o un alambrado.

 

En síntesis, aumentando la diversidad vegetal en nuestro agroecosistema vamos a aumentar la diversidad de insectos benéficos. Esto último sumado al monitoreo semanal de los cultivos y a una correcta gestión en el uso de insecticidas potenciará el control biológico, disminuyendo así en el mediano plazo el uso de insecticidas, generando un ambiente más saludable para todos.