Es momento de agacharse en el lote y afinar el ojo. Hablamos de un enemigo diminuto pero poderoso.

De tamaño mínimo (1 y 4 mm), apariencia delicada y vida efímera, produce daños en distintos órganos de la planta y en diferentes etapas de su fenología. Con su aparato bucal suctopicador succionan los jugos vegetales en grandes cantidades, y mientras lo hacen, inyectan saliva tóxica originando manchas locales, clorosis, marchitamientos, deformación de órganos y muerte de tejidos. A estos daños se otros indirectos como la transmisión de enfermedades como el virus del enanismo amarillo de la cebada y del mosaico del pepino.

En la Región Pampeana, los pulgones más frecuentes en trigo son: pulgón verde de los cereales (Schizaphis graminum), pulgón amarillo del trigo (Metopolophium dirhodum) y pulgón de la espiga del trigo (Sitobion avenae). De aparición más reciente, está Sipha maydis o pulgón negro de las gramíneas. Mientras los pulgones verde y amarillo atacan mayormente en estadios vegetativos, el de la espiga lo hace en reproductivo. El negro, por su parte, es el comensal menos exigente, ya que puede hacerse presente en cualquier momento del ciclo.

Monitoreo

Para pulgones no hay una metodología de monitoreo estandarizada, por lo que se propone revisar como mínimo 30 plantas al azar. En estado vegetativo, deben contabilizarse los individuos hallados en ambas caras de las hojas. En reproductivo se recomienda observar las espigas y detectar presencia y abundancia de áfidos.

Afortunadamente para el trigo, el pulgón tiene varios enemigos naturales entre ellos entomopatógenos, vaquitas predadoras y avispitas parasitoides. Conviene estar atentos a sus poblaciones ya que pueden ayudar al control.