Para dar un panorama del manejo de fertilizantes en américa del norte y mejorar su eficiencia, el agrónomo y consultor Cory Muhlbauer (Investigación y desarrollo Precision Planting) comenzó por los principios básicos que son el sol, el agua y los nutrientes, en dónde las decisiones de manejo deben optimizar el uso de los recursos para maximizar el rendimiento. 

En cuanto a los nutrientes, en la región de Illinois, el sistema típico de aplicación de nitrógeno, fósforo y potasio es al voleo, 6 meses antes de la siembra, en función de los estudios edáficos. Como lineamiento, se establecen dosis óptimas para no sobre fertilizar y mantener los niveles de nutrientes. “Ahora bien, el 100% de los nutrientes se aplica al suelo, pensemos como si fuera un banco, pero no es confiable porque va a depender de diversos factores y solo el 10% solo estará disponible por el cultivo. La materia orgánica y la arcilla constituyen el sistema de intercambio, por lo tanto sólo el 1% estará disponible en forma soluble. Para tener la capacidad de intercambio máxima, el Ph debe estar entre 6- 8 para mantener la actividad microbiana”, aclaró el especialista. El objetivo de la fertilización es llegar al rendimiento máximo. Muhlbauer dijo que hay una “zona peligrosa” en la que la planta no manifiesta deficiencias, tiene buen color y porte.

Pero comparando diferentes tratamientos en ensayos se ve que sí, entonces preguntó “¿las plantas, tienen un apetito oculto?”. Eso trataron de develar con numerosas investigaciones que contemplan formas de aplicación de nutrientes, distintas localizaciones, fertilizantes líquidos y granulados, a fin de tener una mejor distribución. Las primeras conclusiones indican que la aplicación en bandas reduce un 50% el uso de fertilizantes en condiciones de bajos niveles de fertilidad edáfica y de un 10% en el mejor de los suelos, comparándolas con el voleo para un mismo rendimiento. Esto permite ahorrar dinero. Otro concepto importante que aportó el investigador es comprender cuales son los nutrientes claves y en qué momento del cultivo son críticos. En ese sentido hablo del fósforo (P), elemento importante en los procesos de fotosíntesis, de carga negativa y que no es móvil. Con esas consideraciones, explicó que en el momento de implantación, la masa radicular de los cultivos es pequeña en relación al volumen de suelo, por lo que resulta clave el posicionamiento del fertilizante. En EEUU, la aplicación más común es 2 x 2 (2 pulgadas por debajo y 2 pulgadas al lado de la semilla). Yendo a agricultura de precisión, Muhlbauer y su equipo estuvieron evaluando por 4 años el equipo Furrow Jet, que ubica el arrancador en tres bandas (en el surco de siembra, a la izquierda y derecha de la semilla), justo en la zona radicular. Independientemente de las condiciones climáticas de las 4 campañas analizadas, los resultados generales son muy buenos, en términos de salud del cultivo y retorno neto por hectárea. Respecto al nitrógeno (N), al igual que otros nutrientes, hay que aplicarlo en el momento adecuado y de la manera correcta. Las plantas no necesitan fertilizante a la siembra pero sí cuando crecen. En el caso de N y en maíz, las etapas más importantes son hasta V4-V8 que es cuando están determinando el máximo rendimiento. Para ello, Precision Planting desarrolló Conceal, un dispositivo que coloca el fertilizante en una banda, incorporado al suelo. “Los nutrientes en bandas pueden reducir la cantidad total de fertilidad necesaria hasta en un 30%, para un mismo nivel de rendimiento”, aseguró el disertante. Retomando los principios básicos del comienzo de la charla, Muhlbauer dijo que el rendimiento depende del sol, el agua y los nutrientes. Los dos primeros son insumos fijos y no podemos manejar, por ello hay que prestar mucha atención al arreglo espacial (densidad, espaciamiento) entre plantas, a fin de optimizar la captación de los recursos. También hay que ver como se establece el cultivo, y al respecto dijo “una emergencia tardía en soja, produce 68% menos que una bien plantada”. Para mejorar la uniformidad, destacó como fundamental regular adecuadamente la sembradora, usar discos ravioleros y controlar la profundidad y la transmisión. De cara al futuro, y a partir de las preguntas que realizaron los asistentes al Congreso, Cory Muhlbauer concluyó “el manejo de la fertilidad es la mejor oportunidad para aumentar la rentabilidad en el mundo. Han paso 50 años desde que se recomendó el análisis de suelo para fertilizar. Una mejor resolución del terreno debe definir qué fertilizante y dónde se necesita. El uso de la robótica para muestreo de suelo, los sensores para maperar campos y las imágenes captadas por drones para ver áreas con déficit, es lo que se viene”