30/9/21 00:00

¿Riesgo de resistencia a fungicidas?

En el Congreso Aapresid 2021, la REM gestionó un panel de intercambio con reconocidos fitopatólogos nacionales que hablaron sobre la situación de posible resistencias de los patógenos a los fungicidas en nuestros sistemas productivos.

En el marco del último Congreso Aapresid fueron invitados los fitopatólogos; Lic. Biq.Ignacio Erreguerena  (INTA Manfredi), Ing. Agr. Roberto DeRossi (UCC) y Ing. Agr. Margarita Sillon   (Sillon y Asoc. y UNL), quienes debatieron sobre cuál es la situación actual de la resistencia o fallas de control de los patógenos a los fungicidas en nuestros sistemas productivos. El panel planteó  tratar la situación por cultivos y cada uno de los especialistas fueron encargados de presentar sobre sus temáticas de mayor incumbencia.

Para comenzar, Ignacio Erreguerena se enfocó en las principales enfermedades que afectan a trigo y cebada. Definió la resistencia a fungicida como la selección artificial provocada por un agente selectivo (fungicida) que favorece de manera continua a parte de la población del patógeno que posee la capacidad o plasticidad genética de tolerar o volverse insensible a dicho agente. Tres factores que favorecen su ocurrencia: las características propias del ingrediente activo (número de sitio y/o modo de acción), la biología y epidemiología del agente causal (alto número de generaciones, hospedantes, tasa epidemiológica, variabilidad genética y dispersión de esporas), y el manejo agronómico (subdosificación de activos, número y momento de aplicación, baja alternancia de moléculas activas, comportamiento varietal, entre otras).

Dentro de estos 3 factores hay diferente nivel de riesgo de generar resistencia. Distintos estudios indican que los inhibidores de la demetilasa (triazoles) tienen un riesgo medio a bajo, las carboxamidas y estrobilurina es medio a alto y en los multisitios e inductores es bajo, este panorama reduce dramáticamente la efectividad de los fungicidas. “Para ramularia en cebada, estamos viendo resistencia a estrobirulinas en un 100%”, ejemplificó. En cuanto a las enfermedades, están observando un riesgo alto para alternaria en trigo y Ramularia collo-cygni en cebada, en Zymoseptoria tritici, Pyrenophora teres, mancha amarilla medio y para roya de la hoja es bajo. Ello se explica por mutaciones que ocurren en las proteínas objetivo, potenciada por el uso repetido de los mismos ingredientes activos, y el panorama se complica cuando son más específicos. Por ello destacó la importancia de las decisiones de manejo que tomemos ya que van a acelerar o retrasar el proceso. Un punto clave que el fitopatólogo mencionó es monitorear los cultivos en el campo para trabajar de forma preventiva y detectar a tiempo el problema.  

Para mitigar o retrasar el desarrollo de resistencia, el técnico de INTA recomendó aplicar fungicida solo si es necesario y en el momento óptimo, utilizar formulados con mezclas de activos con diferentes sitios de acción y alternancia, complementar con compuestos alternativos (ej: inductores de defensas) y evitar subdosificación de activos. Uso de variedades resistentes o tolerantes, rotación y nutrición de cultivos, uso de semillas libres de patógenos, entre otros.

Al pasar maíz, Roberto De Rossi nombró a la roya común y el tizón foliar como las principales enfermedades que afectan al cultivo. No obstante, mencionó, que en las últimas campañas se registraron grandes pérdidas de área foliar por cercosporiosis y mancha blanca. 

“El riesgo de generar resistencia en maíz es relativamente bajo”, anunció De Rossi. Eso se explica por la baja tasa de adopción de uso de fungicidas, el bajo número de aplicaciones por campaña y que  los fungicidas registrados en maíz son mezclas de ingredientes activos. Además los patógenos que se presentan son considerados por su biología de bajo riesgo.

Según datos de REM, el 8% de has sembradas con maíz  registran 1 sola aplicación de fungicidas. Comparando las fechas de siembra se evidencia que  “Tiene mucho que ver el ambiente dónde se desarrolla la enfermedad, en siembras tardías de maíz, la incidencia de tizón foliar es baja”, subrayó.

Aclaró que hay algunas situaciones que ponen en riesgo la generación de resistencia, como la variabilidad de los patógenos, las aplicaciones secuenciales en generación de semilla híbrida, las fallas en el diagnóstico en la cuantificación y en el monitoreo, no se considera que el activo que se usa en el tratamiento de semillas y la aplicación foliar es el mismo y por último, la falta de conocimiento específico. En este punto dijo “Muchas veces se le atribuye al fungicida una falla en el control, cuando en realidad por fallas en el monitoreo y desconocimiento se confunde una bacteriosis con un hongo”. 

Por último, subrayó la importancia de tomar decisiones acertadas y trabajar con umbrales de daño “Un rango de control de un 60 a 70% es considerado muy bueno, tenemos que convivir con el patógeno”, concluyó.

En cuanto a soja, Margarita Sillon habló del universo de enfermedades que afectan al cultivo, mencionando como las más importantes a; mancha marrón, Cercospora kikuchii, mancha ojo de rana, roya de la soja y bacteriosis.

Luego mostró información tanto de ensayos dirigidos como de reportes a campo, en los cuales se evidencian que en los últimos 10 años ha habido un aumento de una falla de control de patógenos o una pérdida de eficiencia de los fungicidas. Destacó que  “La resistencia de patógenos a fungicidas trae fallas en el control y baja eficiencia”. Entonces la pregunta es: ¿Toda falla de control se debe a la resistencia de los patógenos a fungicidas?

En ese sentido, habló de cercospora “En 2014, Marcelo Carmona confirmó la resistencia a carbendazim de cercospora. En 2015 se detectó resistencia a estrobirulinas; en 2020 se informaron los primeros reportes de la baja sensibilidad de cercospora a algunas estrobirulinas, carboxamidas y benzimidazoles, y este año Mello observó resistencia cruzada en estrobirulinas y benzimidazoles”. Estos trabajos hablan de resistencias concretas.

Sin embargo la fitopatología considera que hay que tener en cuenta numerosos factores que llevan a “diagnósticos pocos certeros” y que puede traducirse en errores en el control que no necesariamente sean debido a resistencias.

Al igual que los disertantes anteriores, la fitopatóloga marcó el monitoreo como un punto clave en el manejo, revisando el cultivo antes y después de la aplicación. Para ello hay protocolos y entrenamiento para identificar las distintas enfermedades en las diferentes escalas de la planta.

Para cerrar, Margarita Sillón reflexionó “Las malas prácticas de manejo, solo van a aumentar el riesgo de resistencia de fungicidas”.